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La presidenta del Congreso, Francina Armengol, en una imagen de archivo

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, en una imagen de archivoEFE

El «respeto» al legislativo

El Gobierno humilla en directo a la Mesa del Congreso y el incidente acaba en discusión entre altos cargos

El vicepresidente primero de la Mesa acude al escaño del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes a pedirle explicaciones después de que la ministra Redondo cuestionara su trabajo

La Mesa del Congreso lleva toda la legislatura convertida en una sucursal de la Moncloa, como viene documentando El Debate. El órgano que preside Francina Armengol tiene bloqueada una treintena de proposiciones de ley del Senado para que no se debatan, porque son del PP. Nunca en toda la democracia ha habido tanto choque institucional entre ambas cámaras, especialmente por la ley de amnistía y los Presupuestos. Hace un año, el Senado llevó al Congreso al TC por ignorar el veto del Pleno de la Cámara Alta a la llamada ley Txapote, que beneficia a los presos de ETA en cárceles francesas. Dos meses antes, Armengol y la mayoría de izquierdas de la Mesa del Congreso habían despachado ese veto en cuestión de minutos y sin un informe jurídico que respaldara su postura.

Sin embargo, este miércoles algo pasó. El Gobierno cruzó una línea parlamentaria -otra, más bien- y enfadó a Armengol y a su vicepresidente primero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, quienes otras veces son tan solícitos con las peticiones y necesidades de Pedro Sánchez. Hasta el punto de que, en plena sesión de control al Ejecutivo, Rodríguez Gómez de Celis se levantó de su puesto en la Mesa y se fue directo a pedir explicaciones al secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y Asuntos Constitucionales, Rafael Simancas. Este último estaba sentado en su escaño de la bancada del PSOE. Ambos tuvieron un intercambio de pareceres no precisamente amistoso, según pudo constatar este periódico.

Francina Armengol y su vicepresidente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis

Francina Armengol y su vicepresidente, Alfonso Rodríguez Gómez de CelisEFE

El detonante fue la intervención de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, tras una pregunta de la diputada del PP Silvia Franco. Es concreto, ésta: «¿Cuántas mentiras, desprecios y negligencias tenemos que seguir soportando las mujeres?». Redondo se levantó y leyó un papel que le habían preparado y que era un ataque en toda regla a la Mesa del Congreso. Puesto que es la Mesa la que se encarga de calificar las preguntas que van a la sesión de control de cada miércoles. Es decir, la que se ocupa de validarlas o echarlas atrás, y ésta la había calificado.

La ministra solicitó que la pregunta fuera retirada por contravenir el Reglamento del Congreso, y citó el artículo 188 del mismo y dos resoluciones de la Presidencia del Congreso de junio de 2008 y noviembre de 2023. «No se pregunta sobre una sola cuestión sino tres; no se interroga sobre ningún hecho, situación o información completa sino sobre especulaciones; ni sobre información y documentación que se vaya a remitir a esta Cámara. Pido respeto y que se haga bien el trabajo por parte de los diputados de esta Cámara», señaló. A su lado, la ministra Elma Saiz la miraba extrañada, sin entender a qué venía aquel ataque. Mientras, los diputados del PP se quejaban de forma ostensible.

Terminado su turno, Armengol decidió intervenir para replicar a su compañera de partido antes de dar la palabra de nuevo a la diputada del PP. «Esta pregunta está calificada por los servicios jurídicos, está en el orden del día, la ha formulado la diputada y tiene el turno de réplica», zanjó, visiblemente molesta y mientras su vicepresidente pedía explicaciones al enlace de la Moncloa, que ésa es la función del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. La diputada del PP cogió el testigo: «Ministra, respete a esta Cámara, respete a los funcionarios de esta Cámara y respete la democracia».

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