Una fotografía del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, durante un homenaje
Miguel Ángel Blanco y los miserables
Una sociedad que no es capaz de diferenciar entre oprimidos y opresores es una sociedad enferma
Hace ya mucho tiempo, en el año 1862, el gran poeta y escritor francés, Víctor Hugo, publicó su obra Los Miserables. Este libro es considerado como una de las grandes obras de la Literatura Universal, que todos deberíamos leer en algún momento. Al adentrarnos en su lectura podremos observar que el autor nos plantea una discusión sobre el bien y el mal, sobre la política, la ética, la justicia y la religión. En el núcleo final de la obra se produce una defensa de los oprimidos, sea cual sea el lugar o la situación histórica.
Víctor Hugo, como casi todos los genios creadores, es una especia de adelantado a su época, capaz de trasladarnos dilemas que también trascienden a los años y sociedad en la que le tocó vivir. El escritor francés pretendió dibujarnos a oprimidos y opresores y se trasladó, sin quererlo, a nuestra época actual, donde todavía no sabemos diferenciar a unos de otros.
Si recurrimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española podremos comprobar que el término miserable se aplica a aquellas personas canallas, despreciables, desgraciadas, viles o ruines, pero también a las personas desdichadas, desgraciadas, infelices o míseras. La diferencia está clara, unos son los opresores, los creadores de miseria para los demás y los otros los oprimidos, los sufridores de la maldad de los opresores.
Una sociedad que no es capaz de diferenciar entre oprimidos y opresores es una sociedad enferma que, casi siempre, no me pregunten por qué, acaba favoreciendo a los opresores, dándoles la oportunidad incluso de que se conviertan en los seres que dirijan sus vidas y justifican sus actos sin ruborizarse. Tendremos entonces que pensar que para que una sociedad la consideremos enferma es porque los síntomas generales de su enfermedad están absolutamente diseminados por los ciudadanos que la componen. Si les parece me permito poner algún ejemplo, primero nacional.
Individuos que han estado relacionados con el terrorismo en nuestro país, muchos de ellos con condenas firmes por esa participación o relación con el grupo terrorista ETA, son los que ahora, desde el Parlamento, nos dan lecciones de democracia a los demás. Los opresores convertidos en líderes, los miserables convertidos en ejemplo para el resto y tomando la batuta para dirigir la orquesta democrática.
Estos miserables asesinos secuestraron a Miguel Ángel Blanco, cuyo único delito fue convertirse en concejal del PP de Ermua, y lo asesinaron a sangre fría el 13 de julio de 1997. En aquel momento histórico nació el denominado «Espíritu de Ermua» y se produjeron manifestaciones en todo el territorio nacional, incluido el País Vasco. En Bilbao se produjo una manifestación que congregó a medio millón de personas. El asesinato de Miguel Ángel, que había estudiado economía y trabajó durante un tiempo como albañil, había producido una reacción mayoritaria en todo el país y nuestro pueblo había determinado a quienes debería tratárseles como miserables asesinos y quienes eran las personas honradas y oprimidas.
Ilustración de Miguel Ángel Blanco
En aquel momento yo trabajaba en el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y la rabia también inundaba los pasillos de nuestra sede central. Muchos pensábamos que había que ser más duros con ellos y aplicar los mismos métodos para eliminarlos. Recuerdo y recordaré siempre a un gran maestro que me dijo: «Nosotros les vencemos desde las trincheras de la legalidad, con la inteligencia y con métodos legales. Si nosotros hacemos lo que ellos hacen, entonces seremos ellos y no nosotros». Sus enseñanzas me han acompañado en cada ocasión en las que la rabia o el dolor me tentaban a ser como ellos.
Pero todo aquel apoyo, todo aquel espíritu se fue desvaneciendo, fue desapareciendo, difuminándose la línea entre los miserables que apretaban el gatillo y aquellos que recibían los tiros. Todos aquellos que habían sentido el dolor y la rabia comenzaron a dejar de preocuparse por el asunto. Tanto es así que los miserables tomaron el control y pasaron a realizar los únicos actos que les caracterizan, los actos miserables. Miguel Ángel no pudo descansar ni después de muerto, su tumba fue profanada constantemente por los cobardes cachorros de ETA y su familia, finalmente, decidió trasladar sus restos a la localidad orensana de A Merca, lugar de nacimiento de su madre, donde por fin pudo descansar, alejado de las ratas miserables.
Homenajes a los asesinos
Su padre y madre fallecieron en el año 2020, en fechas muy cercanas, y no dudo que hubiese tenido influencia lo sufrido en sus propias carnes. Sus asesinos, Francisco Javier Gaztelu (Txapote), Irantzu Gallastegui Sodupe (Amaia) y José Luis Geresta Mujica (Totto), eran miembros del comando Donosti de ETA. Amaia se presentó a juicio en 2002 con su bebé, supongo que para dar apariencia de pertenecer no a los miserables y sí a los oprimidos. El problema es que esta mal nacida condenó a Miguel Ángel Blanco y a su familia a una vida desgraciada, algo que podría contarle a su bebé para ver si se siente orgulloso de mamá.
Pero nuestra historia no termina aquí porque no solo desapareció aquel espíritu de Ermua, no solamente desaparecieron todos aquellos que salieron a la calle, también desapareció la cordura. Estos miserables han sido homenajeados en sus pueblos, ha sido defendido su derecho a estar en cárceles del País Vasco para que sus familiares no sufriesen grandes desplazamientos para ir a visitarlos. Ni una palabra de los desplazamientos de los familiares de Miguel Ángel Blanco y otros a los cementerios, a rezar por los suyos.
¿Cómo se sentirán los familiares que ahora ven que los miserables son los que ganan las elecciones? Pues así es, los miserables han ganado la batalla y ahora representan al pueblo vasco, comandan alcaldías y tienen diputados en el Parlamento, realizan actos conmemorativos y reciben a los asesinos que salen de la cárcel bailando el «Aurresku» para mostrarles sus respetos.
El Rey Felipe VI, durante una ofrenda floral en la localidad vizcaína de Ermua, en la conmemoración del 25 aniversario del secuestro y asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco por ETA,
Vamos a poner otro ejemplo del trato que reciben los miserables en comparación con el sufrido por los oprimidos. Iñaki de Juana Chaos, condenado por su participación en 25 asesinatos fue condenado a casi 3.000 años de prisión, de los que cumplió 18. Se fugó en el año 2008 y actualmente regenta una licorería en Venezuela.
¿Y qué pasa con el resto de los ciudadanos de España? Pues que ya no tenemos el espíritu de Ermua ni de ningún otro lado. Hemos decidido que los miserables avancen y nos coman el terreno, hemos dejado que los miserables se conviertan en el ejemplo y nosotros, como borreguitos, mantenemos silencio, asumimos este descalabro, asumimos que ellos, los malos, tienen más poder que nosotros, los buenos, y que ellos son los respetables y nosotros los miserables.
Los miserables son beligerantes
Pero podemos presentar algún ejemplo de fuera de España, para demostrar que esto parece un virus que aqueja a la población mundial. El problema es que los miserables son beligerantes y las personas buenas se rinden con facilidad. Pongamos el ejemplo de Ucrania. Un país soberano que fue atacado por Rusia con un relato justificativo que nadie puede creerse, pero a la fuerza de mantenerlo en el tiempo y repetirlo millones de veces ha pasado a convertirse en una situación que muchos justifican e incluso aplauden. Miles de personas son víctimas a diario de los ataques indiscriminados sobre la población civil y el mundo mira para otro lado. Incluso los que piden la paz, supongo que, desde su buena fe, están dispuestos a que Ucrania acepte unas condiciones inaceptables, dándole la razón, una vez más, a los opresores. Estamos nuevamente ante la inversión de los términos, ante la facilidad para que el opresor actúe en contra del oprimido. El mundo al revés.
Ataque ruso en Kiev
También podemos recordar las muertes de cristianos en algunos países africanos, a manos de miserables grupos de islamistas radicales, las revueltas en el Sahel, promovidas muchas por las acciones de los grupos paramilitares rusos, persiguiendo objetivos bastardos o los ataques mundiales a la respuesta de Israel sobre Gaza, olvidándose del ataque precedente miserable y salvaje, olvidándose de que incluso hemos financiado a esos grupos terroristas con nuestra ayuda internacional y de que seguimos haciéndolo por parte de una parte del espectro político a la que ahora le preocupan los niños gazatíes, pero hace tres años no le preocupaba que estuviesen en manos de unos individuos que los preparaban para vivir en la miseria y seguir engendrando el odio como motivo fundamental de su existencia. Es preferible echar la culpa a Israel, pero no reconocer que nuestra idiotez y simpleza también han sido motivos provocadores de esta situación actual, ni siquiera hemos querido comprobar en qué se utilizaba nuestro dinero.
Gracias
He decidido no finalizar el año sin escribir en tu honor Miguel Ángel, para que no se olvide tu figura, pero también por el honor de tantos otros, por el honor de los soldados ucranianos que caen en el campo de batalla, por el honor de los miembros de las FCSE y de las FAS españolas, que pelean duro cada día para que quede claro que los miserables son ellos y no nosotros, por el honor de la gente buena y en contra de la gente mala. Gracias por todo lo que aportáis, por ser un ejemplo para las generaciones venideras. Espero y deseo que vuestro recuerdo nos sirva como luz y guía a los demás.
A los demás, a mí mismo, solamente quiero pediros que luchemos como podamos, con la palabra, con las herramientas de los buenos, sin violencia, pero con firmeza, intentando anular lo que estos miserables ruines nos quieren imponer. Nosotros somos los oprimidos y ellos los opresores, nosotros somos los buenos y ellos son los malos, no lo olvidemos nunca.