Ilustración de Irene Lozano
El perfil
Irene Lozano, la «traidora» a Rosa Díez que hace tándem inmoral con Sánchez
La exdiputada de UpyD medró en los puestos más increíbles a cambio de ejercer de «negra» para el vanidoso presidente
A Irene Lozano le falta ser representante de TVE en Eurovisión, presidenta de ADIF y delegada del Gobierno de España en la Denominación de Origen «Plátano de Canarias», porque casi todo lo demás lo ha hecho a la sombra a menudo indiscreta de Pedro Sánchez, aunque sabía de todo ello lo mismo que de cantar, de raíles y de bananas.
Su cercanía a Pedro Sánchez, siempre bien recompensada, le ha valido en estos años de sanchismo contumaz para encabezar el chiringuito dedicado a difundir la «Marca España» con el rango institucional que no tuvieron sus predecesores, aunque no se conoce logro al respecto salvo que se compute como éxito recibir aplausos internacionales de Hamás y desprecios de la Casa Blanca.
También le sirvió para ponerse al frente del Consejo Superior de Deportes, aun sabiendo de gestión deportiva lo mismo que de reproducción en cautividad de pingüinos de Humboldt y tener dificultades para distinguir un balón de fútbol de uno de rugby y los dos de un melón.
Su último destino, dejando entre medidas sendas temporadas de diputada socialista en el Congreso y en la Asamblea de Madrid para indignación de militantes con trienios excluidos de la lista para hacerle hueco a La Protegida, fue la dirección de la «Casa Árabe», de la que sabía tanto como de natación y curling, salvo que haber comido alguna vez el rico cuscús en un restaurante temático con la «danza del vientre» puntúe a efectos laborales si el examinador es el Tío Pedro.
De allí ha salido Irene Lozano por piernas, tras un demoledor informe del Tribunal de Cuentas que señala la ruina del organismo, una más en ese parque temático de los chiringuitos públicos que sostienen, entre despilfarro y apaño, los mismos que luego quieren intervenir los Bizum para aumentar la fiesta fiscal confiscatoria que es España.
Entre dudas sobre su gestión y sobre los métodos de contratación, la antigua diputada de UpyD empieza el año sin encargo conocido de su patrocinador, que quizá le tenga guardada una grata sorpresa para seguir con el guateque: dicen que su única frustración es no haber sido embajadora española en Londres, pero en todo lo demás no le ha faltado el manto protector del Padrino.
En UpyD Lozano fue ocasional látigo de Sánchez, pero una epifanía interesada la convirtió en uno de los brazos destructores del partido fundado por Rosa Díez: cuando vinieron curvas, ella movió Roma con Santiago para encabezarlo, fusionarlo y finalmente extinguirlo, obteniendo el título oficioso de «traidora» del partido magenta.
Una jugada que le permitió, quizá en pago de los servicios prestados, un puesto elevado en las listas del PSOE, en detrimento de ilustres socialistas que siempre la vieron como una enchufada con pocos principios, mucha ambición y todo el apoyo del General Secretario, con el que intimó definitivamente haciéndole de escriba de sus libros.
Es decir, de «negra», como se decía en el argot literario antes de que los Papas Woke impusieran su puritanismo ornamental: Lozano escribía los libros de Sánchez, Sánchez los firmaba, y ambos sacaban la parte del botín previamente pactada. En el caso de la escritora, el favor del jefe y un nuevo destino. En el del autor, sus dosis de vanidad, su pellizquito económico y la sensación, una vez más, de que se puede ser doctor sin hacer una tesis, escritor sin juntar dos letras propias y presidente perdiendo en las urnas.
Lozano está leída y no escribe mal, pero se ha convertido en la unidad métrica del sanchismo, en la moneda de saldo de un político que todo lo compra y lo vende siempre y cuando se pague con dinero ajeno. Pedro e Irene, Irene y Pedro, son cuñas de la misma madera, con las dosis parecidas de ego, inmoralidad y codicia. Cualquier día la vemos de nueva jefa de Paradores Nacionales, si no lo impide esa otra red de hospedajes alternativos conocida por su acogedor centro en Soto del Real donde acaban tantos sanchistas venidos a menos.