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Juego de pistolas utilizado en el duelo del Duque de Montpensier y el Infante Don Enrique de BorbónMuseo del Ejército

Cuando los políticos, militares y periodistas resolvían en duelos las ofensas al honor

En las redacciones de algunos periódicos había un cuarto de esgrima para que los redactores practicaran con la espada y el sable

El Gobierno de Pedro Sánchez tiene previsto actualizar la Ley de Derecho al Honor para incorporar las ofensas que se hacen con tecnología digital, como la inteligencia artificial y las redes sociales. Al margen de si esta ley pretende proteger o controlar la libertad de expresión, lo cierto es que las ofensas contra el honor siempre han sido y siguen siendo difíciles de reparar; como señala el famoso refrán «calumnia, que algo queda».

Hasta hace cien años, muchas de esas ofensas se resolvían en duelos o lances de honor, que podían ser a sangre o a muerte y con espada o pistola. Aunque los desafíos estaban prohibidos desde tiempos de los Reyes Católicos (Pragmática de Toledo, 1480) y muy expresamente por el Código Penal de 1870, políticos, militares, nobles y periodistas seguían recurriendo a esta práctica para reparar su honor. Preferían la muerte a la vida sin honor.

Estuche de pistolas de duelo con una sola pistola y sus accesoriosMuseo del Romanticismo

La Iglesia también prohibía los duelos y los castigaba con penas de excomunión o impidiendo a los duelistas que recibieran sepultura en terreno sagrado.

Pero los duelos estaban tan presentes en la vida de los periodistas de finales del XIX y principios del XX que en algunas redacciones -como en la de La Correspondencia de España- disponían de un salón de esgrima en el que practicaban con la espada y el sable bajo la dirección de un profesor. Bastaba con que alguien pusiera en duda la veracidad de una información para que terminaran dirimiendo las diferencias en un duelo clandestino.

«Lances entre caballeros», del marqués de Cabriñana, era el código de los duelistasTodocolección

Aunque los lances de honor estaban prohibidos, tenían sus propias normas, recogidas en el manual del Marqués de Cabriñana, «Lances entre caballeros», publicado en 1900. Este libro se convirtió en la referencia a la hora de arbitrar lances de honor, y tanto los duelistas como los padrinos lo respetaban.

También hubo un conocido duelista en la primera redacción de El Debate, la de 1910, cuando Ángel Herrera Oria aún no se había hecho cargo del periódico. Era el periodista Luis Antón del Olmet, que se batió con redactores del diario El Radical y, en otra ocasión, llegó a citarse con Luis Blanco Soria, periodista de España Nueva, pero esta última cuestión se logró zanjar sin pegar un tiro.

Olmet llegó a ser amonestado por el obispo de Madrid-Alcalá por su afición a los lances de honor y, al final, tuvo una muerte trágica porque lo mató a tiros en el Teatro Eslava, por un lío de faldas, el periodista y escritor Alfonso Vidal y Planas, que había sido su compañero en El Parlamentario.

Discusión en el café

En la España de hace 125 años era muy frecuente que una discrepancia acabara en pelea, como le ocurrió en 1899 al escritor Ramón María del Valle-Inclán, cuando empezó a discutir en el Café de la Montaña (Puerta del Sol) con el periodista Manuel Bueno sobre un lance de honor ocurrido la víspera. Valle-Inclán le amenazó con una botella, Bueno le dio un bastonazo, la herida se gangrenó y hubo que amputar el brazo izquierdo al novelista. Bueno acabó siendo colaborador de ABC y en 1936 le asesinaron unos milicianos.

Desafío entre el Duque de Monpensier y Don Enrique de Borbón en 1870Museo Nacional del Romanticismo

Hay muchos testimonios de los duelos entre periodistas. El director de El Evangelio, Benigno Varela, acabó con la vida del periodista Juan Pedro Barcelona en un lance de honor ocurrido en 1906 en Zaragoza. Se decía que murió de un tiro en la espalda porque Varela disparó antes de tiempo. El escritor Vicente Blasco Ibáñez salvó la vida en un duelo porque la bala rebotó en la hebilla de su cinturón.

En ocasiones, las rivalidades ideológicas entre los periódicos llevaban a batirse a duelo a sus redactores, como ocurrió en el verano de 1920 a José Luis Mayral , de La Voz, y Alfonso Rodríguez Santa María, de ABC, según relata Juan Carlos Mateos Fernández en su trabajo «Cuestión de honor: los periodistas se baten en duelo».

El lance más impactante

Otros duelos que relata son los de Federico Lafuente, director del Heraldo Toledano, y Manuel Cano, director de La Opinión, que se batieron en 1902 y ambos resultaron heridos. O el del teniente de Infantería Francisco Pérez Garberi y el corresponsal de El Liberal Pascual Orozco Sanz en 1906, quedando herido Garberi.

Pero uno de los lances de honor que más impactó a sus contemporáneos fue el que disputaron en 1870 en la escuela de tiro de la Dehesa de Carabanchel Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, y el Infante de España Enrique de Borbón, duque de Sevilla. El Infante murió de un tiro en la frente y Montpensier vio esfumadas para siempre sus aspiraciones a ocupar el Trono de España.