Irene Montero y otros manifestantes propalestinos protestan en la final de la Vuelta Ciclista el pasado septiembre
¿Quién pone en marcha la máquina de crispar tras las catástrofes?
Sánchez ha pedido «unidad» tras la tragedia de Adamuz, pero la izquierda lleva más de 20 años utilizando el shock para movilizar a la sociedad contra el PP: del Prestige a la dana, pasando por Excalibur, el 11-M o el covid
La izquierda lleva más de 20 años utilizando el shock emocional que producen las catástrofes para movilizar a la sociedad en contra de su gran rival político, el PP. Esta estrategia política fue avalada en 2008 por el propio José Luis Rodríguez Zapatero cuando los micrófonos le captaron un comentario a Iñaki Gabilondo tras una entrevista: «Nos conviene que haya tensión. Yo voy a empezar a partir de este fin de semana a dramatizar un poco. Nos conviene muchísimo».
Pero esta vez, tras el terrible accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), las circunstancias son distintas: por primera vez al PSOE no le conviene la tensión porque no tiene opción alguna de redirigir las críticas hacia el PP, como ocurrió con la dana de Valencia, ya que el Gobierno es el único responsable del sistema ferroviario español y de su mantenimiento.
En estas circunstancias, la prioridad del Gobierno socialista ha sido evitar que el PP le respondiera con su misma moneda y echara un poco más de leña a una hoguera que se ha ido prendiendo sola con las decenas de advertencias de maquinistas, expertos y viajeros sobre el lamentable estado de mantenimiento de las vías ferroviarias, realizadas tanto antes como después del accidente.
428 tuits de Puente contra el PP
Para colmo, el ministro de Transporte, Óscar Puente, se ha ganado la antipatía de media España con sus mensajes chulescos, despectivos, burlones y prepotentes en las redes sociales. Solo al PP le ha dedicado 428 tuits llenos de desprecio en los últimos tiempos. Y, aunque ahora trate de transmitir una imagen amable e institucional, su figura no suscita el menor afecto.
Al día siguiente del accidente de Adamuz, con decenas de cadáveres sobre la mesa y tres citas electorales por delante, en Moncloa urgía controlar el relato. Por eso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó inmediatamente a Córdoba para escenificar un pacto de no agresión junto al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, antes de que el PP pudiera reaccionar: «Toda tragedia exige unidad en el dolor y en la repuesta», afirmó el presidente del Gobierno, como si nadie recordara lo que ha hecho el PSOE en otras tragedias.
Acto seguido decretó tres días de luto oficial, y ganó tres días de tregua política. Además, ordenó a su ministro de Transportes que realizara largas comparecencias periódicas ante la prensa, aunque no aclarara nada, para dar imagen de transparencia, como hicieron durante la pandemia de covid. Lo importante era contrarrestar las sospechas de que el accidente se ha debido a la falta de mantenimiento de las vías, como todo parece indicar.
Para distraer la atención, el propio Sánchez arrojó dudas: «Es un accidente extraño», dijo, y desde RTVE se ocuparon de añadir confusión difundiendo frases como que «las ruedas de los trenes son una especie de cuadrado» o que el peor accidente de tren «ocurrió durante la dictadura, que lo intentó silenciar».
Explotar la indignación
Esta vez es difícil que la izquierda gane el relato, pero la estrategia de conseguir unos días de tregua le ha servido para reducir el desgaste. El PSOE no solo sabe contener la tensión cuando le perjudica, sino que también sabe explotar como nadie la indignación contra sus adversarios. La historia reciente está llena de ejemplos:
En 2002 y bajo el lema «Nunca mais», el PSOE consiguió movilizar a gran parte de la sociedad contra el PP cuando el petrolero liberiano Prestige, con bandera de Bahamas, se partió en dos y se hundió frente a las costas de Galicia, ocasionando la peor marea negra en la historia reciente de España.
José Luis Rodríguez Zapatero en una de las manifestaciones contra el PP por el Prestige
En 2004 la izquierda utilizó los atentados terroristas del 11-M, en los que murieron 192 personas, para movilizar el voto del PSOE y dar un vuelco a las elecciones que se celebraron tres días después bajo el shock y la conmoción general. Unas elecciones que, según todos los sondeos, tenía ganadas el PP hasta que se produjeron los ataques islamistas. Fue la primera vez que se utilizaron los mensajes de móviles -SMS- con el lema «¡Pásalo!», para movilizar a la opinión pública y sacarla a protestar a las calles.
La izquierda envió a sus afines a la sede del PP tras los atentados del 11-M de 2004
24 manifestaciones por Excalibur
Una de las movilizaciones más sorprendentes de la izquierda se produjo en 2014, cuando las autoridades madrileñas del PP ordenaron el sacrificio del perro Excalibur por razones de salud pública. La dueña del animal, la enfermera Teresa Romero, se había contagiado del virus de Ébola, y los sanitarios recomendaron sacrificar a su perro, con el que había mantenido contacto, para evitar el riesgo de propagación del peligroso virus. La izquierda consiguió sacar masivamente a sus simpatizantes a las calles y que se manifestaran en 24 ciudades españolas para protestar por la ejecución del animal. «Todos somos Excalibur», gritaban mientras llamaban «asesinos» al personal sanitario que tuvo que ocuparse del pobre animal.
Una de las manifestaciones que se celebraron en contra del sacrificio del perro Excalibur
La mayor explotación del dolor para movilizar contra el rival político es la que la izquierda ha hecho -y sigue haciendo desde 2020- con las víctimas del covid. A pesar de que el porcentaje de ancianos muertos en residencias fue mucho más alto en otras Comunidades, como Aragón, Navarra, Castilla y León o Castilla-La Mancha, el PSOE y Sumar siguen utilizando a los muertos como artillería contra Isabel Díaz Ayuso.
Manifestación celebrada en junio de 2025 contra Ayuso por las muertes en las residencias de Madrid durante la pandemia
También ha sido de libro la explotación política del dolor que hizo el PSOE en Valencia tras la dana ocurrida en 2024 en la que murieron 237 personas. A pesar de que los ciudadanos se sintieron abandonados por las dos administraciones, tanto el Gobierno de España como la Generalitat de Valencia, la izquierda consiguió redirigir la indignación y las manifestaciones solo contra el PP.