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Espigón de Benzú, al norte de CeutaPablo Ojer

Avalancha migratoria en Ceuta: cerca de 180 personas han entrado ilegalmente en las últimas 72 horas

La capacidad del centro de atención está sobrepasada y habría cerca de 80 personas alojándose en garajes y otras dependencias no aptas para ello

El año 2026 ha comenzado en Ceuta con un notable aumento de la inmigración irregular por vía terrestre, una tendencia que contrasta de forma clara con los registros del mismo periodo del año anterior y que vuelve a situar a la ciudad autónoma bajo una fuerte presión migratoria. Los datos oficiales más recientes, actualizados a finales de enero, confirman una evolución al alza que preocupa tanto a las autoridades como a los cuerpos de seguridad desplegados en la frontera sur.

Desde el 1 de enero y hasta la fecha, según publica ceutaahora.com, más de 330 inmigrantes han logrado acceder de manera irregular a Ceuta. Aunque las cifras más consolidadas a mediados de mes situaban las entradas en una horquilla de entre 172 y 200 personas, el balance ha seguido incrementándose debido a intentos prácticamente diarios de cruce. Este crecimiento sostenido refleja una intensificación de la actividad en el perímetro fronterizo terrestre y marítimo.

Especialmente alarmante ha sido lo ocurrido en las últimas 72 horas, periodo en el que se calcula que en torno a 180 personas consiguieron franquear la valla fronteriza o alcanzar la ciudad a través de los espigones. La mayoría de estos inmigrantes, de origen subsahariano y magrebí, han recurrido tanto al salto del doble vallado como al cruce a nado de la frontera marítima. Todo ello se ha producido incluso en condiciones meteorológicas adversas, con fuerte temporal en la zona, lo que incrementa el riesgo para la vida de quienes intentan la entrada y complica notablemente las labores de vigilancia y rescate.

Esta situación ha obligado a la Guardia Civil a multiplicar sus servicios y a mantener un nivel de actividad muy elevado. Sin embargo, asociaciones profesionales como la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) vienen denunciando desde hace tiempo la falta de medios materiales y humanos para hacer frente a episodios de esta magnitud, así como la ausencia de una respuesta eficaz por parte del Ministerio del Interior. La sobrecarga operativa, según estas organizaciones, termina mermando la capacidad de actuación de los agentes.

El impacto directo de esta oleada también se deja sentir en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Con una capacidad oficial de 512 plazas, el centro alberga en la actualidad a más de 700 personas, una cifra que ha llevado a una situación de sobreocupación crítica. Ante la imposibilidad de dar cabida a todos los residentes en condiciones adecuadas, se han tenido que habilitar espacios improvisados, como garajes y otras dependencias no concebidas para alojamiento, donde se encuentran cerca de 80 personas.

Para aliviar esta saturación extrema y evitar un colapso total del CETI, las autoridades han intensificado los traslados a la península. Solo el 30 de enero de 2026, casi 80 residentes, principalmente de origen argelino y sudanés, fueron trasladados desde Ceuta hacia Algeciras y otras localidades del territorio continental. Estas operaciones, coordinadas por Cruz Roja, se están realizando de manera regular desde el inicio del año.

De hecho, desde enero se vienen produciendo salidas semanales, generalmente cada viernes, que ya suman alrededor de 150 personas trasladadas en total. No obstante, este sistema de derivaciones continuas también tiene efectos colaterales.

Según distintas fuentes, genera entre las redes de inmigración irregular una percepción de éxito, al consolidarse la idea de que alcanzar Ceuta supone, en un plazo relativamente corto, el traslado al continente europeo. Este factor actúa como un poderoso incentivo para nuevos intentos de entrada, pese a los riesgos y a los controles existentes.

Todo ello pone de manifiesto la presión constante que soporta la frontera sur de España y la necesidad de adoptar medidas más eficaces de control y gestión migratoria en el perímetro terrestre de Ceuta. Una exigencia que se vuelve aún más urgente en un escenario en el que la ruta marítima hacia la ciudad autónoma continúa igualmente tensionada y sin signos claros de relajación.