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Javier Elorza, embajador de España, en un momento de la entrevistaThorun Javier Piñeiro

Entrevista

Javier Elorza: «No hay nada en el acuerdo que sirva para luchar contra el paraíso fiscal de Gibraltar»

El embajador de España afirma que «no hemos dado ni un paso hacia el objetivo principal, la soberanía»

El embajador de España, Javier Elorza, ha pasado 15 años de su carrera profesional defendiendo los intereses de España en Bruselas. Negoció el Tratado de Maastricht y el de Ámsterdam, así como la adhesión de España a los acuerdos de Schengen en 1991. En esta entrevista analiza las consecuencias que tendrá el nuevo Tratado de Gibraltar alcanzado por el Reino Unido y la Unión Europea, cuya primera sorpresa es que España no está entre los países firmantes. Tampoco se habla de soberanía ni de pesca, ni se pone freno al expansionismo inmobiliario de Gibraltar, pero lo peor, en su opinión, es que «no hay nada en el acuerdo que te sirva para luchar contra el paraíso fiscal de Gibraltar».

Elorza señala tres elementos positivos: facilitar la situación legal y laboral de los fronterizos, implantar un IVA en el Peñón y establecer una zona Schengen, pero añade que, a cambio de eso, «no soluciona una parte muy importante de nuestros objetivos históricos».

Qué opinión le merece el Tratado de Gibraltar que se acaba de firmar?

—Es un tratado muy extenso; tiene 336 artículos y 1.034 páginas, incluidos los anexos, y es muy transversal para muchos temas que no necesariamente son todos los temas que hay que incluir en un Tratado de Gibraltar. Y es, en primer lugar, un tratado que está suscrito por el Reino Unido y la Unión Europea, no por España. Esa es la primera característica que a mí me dejó un poco estupefacto. Porque Gibraltar es un problema que afecta a España y al Reino Unido como potencia administradora de un territorio no autónomo del capítulo X de la Carta de Naciones Unidas. Y, al final, lo que sacamos es un acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido. Hay algo que a mí me parece que políticamente no casa.

—¿Se podía haber evitado eso?

—La base jurídica que ha utilizado Bruselas es el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que está hecho para aprobar acuerdos de asociación por unanimidad sobre lo que quiere la Unión. Es muy abierto ese artículo, pero es un artículo que lleva a que la Unión Europea firme con el Reino Unido.

¿Y España no ha participado?

—No, España no participa en ese proceso; nada más da su voto a favor del mandato para negociar y para el texto final del acuerdo de asociación. Pero no estamos como firmantes directos con el Reino Unido, no formamos parte de eso. Esta es la primera característica que tiene el acuerdo: que entre Gibraltar y España, a partir de ahora, está la Unión Europea.

Entonces ¿España ni pincha ni corta?

—No, ahora tiene una institución en medio y España no puede vetar. Eso lo aprendimos en el Tratado de Ámsterdam, en 1997, cuando Aznar quiso sacar unos votos en el Consejo. Cuando tú estás solo y quieres sacar algo e imponerlo a los demás, es imposible. El veto te vale para impedir que los demás aprueben algo, pero tú solo no puedes imponer una decisión a 26 Estados miembros. Esto es un acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea, y a España no se le va a consultar. Una vez que España aceptó el mandato, no nos van a pedir la ratificación del acuerdo y, por lo tanto, no va a pasar por el Parlamento español para su aprobación. El ministro podrá explicarlo, como ya ha anunciado, pero no hay que votarlo. ¿Qué pasaría si hubiera que votarlo en este momento con las Cortes como están? Pues sería muy difícil que se aprobara. Pero los llanitos van a ir a su Parlamento y lo van a aprobar para dejar claro que el Parlamento de Gibraltar cuenta.

¿El Congreso de España no lo vota y el Parlamento de Gibraltar sí?

—No es necesario, pero lo van a hacer. Y nos podemos encontrar con un acuerdo aprobado por la Unión Europea y el Reino Unido, que son los que lo tienen que hacer, y por el Parlamento gibraltareño, que lo va a hacer voluntariamente. Es paradójico que esta historia esté en esa estructura de voluntades en la que España ha quedado apartada y no se requiere su aprobación. La del Gobierno español sí que se requiere, porque si España no hubiera aceptado el acuerdo, no habría acuerdo, porque el artículo 217 es por unanimidad, pero al pueblo español no se le consulta.

—¿Por qué el Gobierno ha permitido eso?

—No lo sé. La negociación ha tardado varios años. Ha habido varios gobiernos y yo no tengo información sobre todo el proceso. No conozco la historia y menos con el secretismo que caracteriza a mi ministerio.

—Entonces ¿España se ha quedado en una posición debilitada?

—Queda en una posición donde se la aparta un poco, o se autoapartan, porque esto lo hemos aprobado nosotros.

—¿Cuánto tiempo va a durar este acuerdo?

—Este acuerdo está previsto que dure indefinidamente, pero se puede revisar a los cuatro años. El artículo 66 concede al Gobierno de España la opción de rescindir el acuerdo transcurrido ese tiempo.

—¿Tiene algo positivo este acuerdo?

—El primer elemento positivo es la vieja desiderata socialista, lo que ha perseguido siempre el PSOE, que es facilitar la situación legal y laboral de los fronterizos. Hay un concepto en el Tratado que es fronterizo, que incluye a todos los habitantes del Campo de Gibraltar y a los de Gibraltar, porque se quitan las barreras de control de paso de frontera y se puede entrar y salir de Gibraltar con total tranquilidad, salvo por razones de seguridad, orden público y demás. Si no ocurre nada especialmente grave, los fronterizos mejoran muchísimo su situación, porque además el tratado prevé también que se les va a pagar la Seguridad Social, cosa que hasta ahora había sido un problema porque hubo una época en la que, cuando España cerró la verja, los ingleses dejaron de pagar las pensiones. Eso era un daño tremendo a esa población, que la necesitaba más que nadie. Se da la paradoja de que de los ocho ayuntamientos del Campo de Gibraltar en estos momentos hay dos de Izquierda Unida, dos del PSOE, dos del PP y dos de partidos locales. La vieja desiderata socialista va a servir a todo el mundo y todos los partidos políticos están encantados con esa parte del acuerdo.

—También se va a imponer un IVA a Gibraltar.

—Gibraltar era un auténtico paraíso fiscal y una de sus características es que no tenía IVA, con lo cual el contrabando era un negocio total. El acuerdo introduce el IVA y lo fija en un 15%, que en tres años debe llegar al 17%, que es el IVA más bajo de los 27. Esto es positivo porque va a contribuir a acabar con el contrabando. Ahora el beneficio será mucho más bajo. Gibraltar va a dejar de ser un suministrador de tabaco y de otros productos. También es importante que el Reino Unido ha aceptado el sistema de control de fronteras Schengen.

Javier Elorza: «No hemos dado ni un paso hacia el objetivo principal, la soberanía»

Javier Elorza: «No hemos dado ni un paso hacia el objetivo principal, la soberanía»Thorun Piñeiro

¿Por qué es positivo?

—Porque el control de la frontera del puerto y del aeropuerto va a ser realizado conjuntamente por España y Reino Unido. Se habló en las negociaciones de que fueran agentes de Schengen, de Bruselas, pero nosotros no hemos cedido ahí y van a ser las fuerzas del orden españolas, Policía o Guardia Civil, y los británicos de Londres. Esto se va a cumplir y se va a establecer el sistema Schengen de paso informático de fronteras. Y tanto en el puerto como en el aeropuerto, van a tener que hacer división de canales, uno por donde pasarán los nacionales de la Unión y otro para los no nacionales.

Eso va a contribuir a la seguridad de todos.

—Por supuesto, de todos. El problema está en que los británicos no están en Schengen y Gibraltar no está en Schengen, con lo cual ellos van a tener que hacer un esfuerzo para, por su lado, utilizar Schengen a su favor. Los ingleses han encontrado un truco para dar la imagen de que ellos son los que controlan. Y el sistema consiste en que, en la entrada a Gibraltar, el primer control es inglés y el segundo español. Ellos son los que deciden si entras en Gibraltar. Y, cuando sales, el primer control es español y el segundo del Reino Unido. Desde un punto de vista de imagen, ellos son los que aceptan y los que pueden rechazar. Yo creo que eso va a funcionar bien y se ha fijado un plazo hasta el 10 de abril para poner en marcha ese sistema. Hemos conseguido, por lo menos, meter nuestras botas, como dicen los americanos, en el control de las fronteras de Gibraltar. Esta es la parte que menos les gusta a los ingleses. Hay protestas en Londres y hay muchos diputados que están furiosos por esto.

—¿Y lo negativo del acuerdo?

—Hay varios elementos. El primero es que la soberanía y las cuestiones de jurisdicción se aparcan. No hemos dado ni un paso hacia el objetivo principal con Gibraltar, que es aplicar la resolución de las Naciones Unidas sobre descolonización por la vía de la integración territorial, no de la autodeterminación. Eso queda aparcado y no se menciona en ningún lado. Se aparca y punto. Hemos perdido la ocasión que podía haber existido, como dijo José Manuel García-Margallo en su momento, de haber dicho a los ingleses: o buscamos una fórmula intermedia de cosoberanía, o de plazos transitorios o alguna fórmula inteligente, o no seguimos adelante con el tema.

Otro elemento negativo es que al personal y a las familias de la base militar de Gibraltar se le ha dado el mismo estatus que al nacional de uno de los 27 Estados miembros. Es decir, no necesitan pasaporte para entrar en Gibraltar. Pueden entrar en España como un francés o un alemán, con su carnet de identidad nada más.

—¿Y la fiscalidad?

—Ese es el tercer elemento negativo y yo creo que el más importante. En un tratado de 336 artículos solo dos se refieren a la fiscalidad. Uno para mantener los estándares de fiscalidad de la OCDE que, como todo el mundo sabe, son muy laxos. Y, en segundo lugar, se comprometen a no rebajar aún más los pocos impuestos que tienen. O sea que no hay nada en el acuerdo que sirva para luchar contra el paraíso fiscal gibraltareño. Absolutamente nada. ¿Cómo hacemos frente a este problema? Con lo que tenemos ahora: Gibraltar ha conseguido salir de la lista negra de la OCDE y de todas las listas negras, pero está en la española de nuestro Real Decreto 1080/1991, que lo considera jurisdicción no cooperativa o paraíso fiscal.

—¿Qué convierte a Gibraltar en un paraíso fiscal?

—Hay un acuerdo de doble imposición que firmó Josep Borrell en 2021 cuando era ministro de Asuntos Exteriores y que endurece mucho las condiciones para ser residente en Gibraltar. No basta con estar allí la mitad del año, que es la condición única y universal de la OCDE. Tienes que tener la mayor parte de tus propiedades en Gibraltar, estar con tu familia… Es un concepto muy restrictivo. Ese acuerdo sigue y espero que no lo vayan a denunciar.

Pero Gibraltar tiene un impuesto de sociedades del 12,5% sobre beneficios; en España es del 25 al 30%, que es la media europea. El 12,5 es más o menos la cifra de Irlanda y la razón por la cual Irlanda se ha convertido en un país muy rico, porque todas las multinacionales se van a Irlanda. Gibraltar no tiene impuesto sobre el patrimonio ni sobre sucesiones y el IRPF es muy bajo, del 6 al 28%, según tu renta, cuando en España la tarifa máxima es del 47% y, si le añades el coeficiente regional, hasta el 54 en Valencia.

Si tú declaras en España tu IRPF, pagas por tu renta mundial, por todo lo que tienes en el planeta; en Gibraltar solamente pagas por lo que tienes o lo que ganas en Gibraltar. Es decir, un millonario se va a Gibraltar y paga por sus negocios. Si tiene un hotel, paga el 12,5% de lo que genere ese hotel, pero si tiene 40 hoteles fuera, en la República Dominicana, no paga nada por esos hoteles y tampoco paga en ese país porque está domiciliado en Gibraltar, con lo cual es un coladero de primera. Y un señor que tenga una propiedad en Gibraltar y que sea considerado residente en Gibraltar va a pagar el 12,5% de lo que gana en Gibraltar. Pero si tiene en España multitud de negocios no va a pagar nada por ellos. Un coladero. Los gibraltareños con este acuerdo renuncian a hacer contrabando de tabaco, pero ganan mucho dinero con su paraíso fiscal.

—A la Junta de Andalucía le preocupa enormemente que Gibraltar siga construyendo urbanizaciones.

—El acuerdo no habla para nada de esa política expansionista inmobiliaria que tiene actualmente Gibraltar, que ocupa el mar y tierra con edificios y construcciones nuevas. Ni tampoco se habla de la pesca. Hay dos docenas de artículos sobre el cambio climático y el medio ambiente, pero no hay ninguno sobre la pesca, que es una fuente de disputa, porque nosotros decimos que Gibraltar no tiene aguas, de acuerdo con el Tratado de Utrecht, y ellos que sí que tienen aguas. Así que la Junta puede estar perfectamente preocupada; van a seguir metiendo diques en el mar y seguir construyendo por donde puedan.

—En conclusion.

—El acuerdo no soluciona una parte muy importante de nuestros objetivos históricos aunque hayamos obtenido las tres ventajas citadas. A ver, si eres socialista, quieres conseguir que tus fronterizos, que se cifran en unos 45.000 entre directos e indirectos, y que sus familias tengan garantizado el empleo y la seguridad social y sus pensiones.

—Eso es un gran avance, pero ¿no se ha pagado un precio demasiado alto para conseguir ese avance?

—Nosotros teníamos veto absoluto reconocido por el Consejo, porque en el Brexit se quita el tema de Gibraltar, se aparca, y se condiciona a que España dé luz verde a este régimen futuro. Se nos da poder de veto sobre Gibraltar. Hemos tenido poder de veto y lo hemos perdido cuando hemos aprobado el mandato para negociar este acuerdo, al menos hasta dentro de cuatro años. Ahora te puedes preguntar si el Reino Unido hubiera cedido en el tema de soberanía o no -hay que conocer también a los británicos-, o si el tema habría estado envenenado forever.

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