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Diario de un escapista que va llegando al final de la escapada

Sánchez se las ha ingeniado para eludir el juicio de las mascarillas en toda su fase oral. Pero tiene dos muros delante: la previsible condena a Ábalos y la pieza separada sobre la financiación del PSOE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria en el Congreso, a 29 de abril de 2026César Vallejo Rodríguez / Europa Press

Después de aquel lunes 16 de junio en el que Pedro Sánchez tuvo que comparecer en Ferraz en medio del huracán Cerdán, a deshora y sin haber probado bocado —«son las cinco y no he comido»—, el presidente debió de prometerse a sí mismo que jamás volvería a pasar hambre. Como Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó. No más ruedas de prensa sobre los casos de corrupción del PSOE. Ni a las diez de la mañana, ni a las doce del mediodía, ni a las dos de la tarde. A ninguna hora. Ni con el estómago vacío, ni con el estómago lleno.

Y así ha sido durante todo el juicio oral del caso mascarillas, que termina este lunes con la traca final de la declaración del exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE: José Luis Ábalos, autor de frases célebres como: «No podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal, no podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas ni en las instituciones» y «el Estado tiene que tener un Gobierno con fortaleza y autoridad moral» (31 de mayo de 2018, moción de censura a Mariano Rajoy).

Ábalos y Koldo muestran incredulidad a la declaración de Víctor de Aldama

Por increíble que parezca, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE se las ha ingeniado para no pronunciar una sola palabra al respecto del primer juicio a la corrupción del sanchismo durante toda la fase oral, que empezó el 7 de abril. En cambio, de la operación Kitchen sí ha hablado, para acusar a Alberto Núñez Feijóo de «amparar y respaldar» a Mariano Rajoy. Lo hizo el viernes 24 de abril desde Nicosia (Chipre), en los prolegómenos de una reunión informal de líderes de la Unión Europea.

«Estamos hablando de corrupción, financiación irregular, obstrucción a la justicia y la utilización espuria del aparato del Estado, en este caso de la Policía Nacional, de la mal llamada policía patriótica, para destruir pruebas y obstruir la acción de la justicia. Y eso, afortunadamente, fue superado en el año 2018 con la moción de censura y también con la llegada de mi Gobierno», llegó a presumir.

Ni en Pekín, ni en Nicosia, ni en Madrid

La primera semana de juicio, Sánchez se la pasó prácticamente recluido en la Moncloa. Solo salió para grabar un vídeo para su TikTok en el OXO Museo del Videojuego de Madrid y para clausurar el Foro European Pulse 2026, en un viaje relámpago a Barcelona. Después se marchó a Pekín junto a su mujer, Begoña Gómez, con quien aprovechó para hacer turismo antes de iniciar la agenda de su cuarto viaje a China en poco más de tres años. Desde allí dio una breve rueda de prensa y tampoco habló del juicio a Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, aunque sí brevemente del procesamiento a su mujer, con un lacónico: «El tiempo pondrá todo y a todos en su sitio».

Tras volver de Pekín, se fue casi de seguido a Barcelona para participar en una cumbre bilateral entre los gobiernos de España y Brasil y en la IV reunión En Defensa de la Democracia. Compareció ante la prensa junto a Luiz Inácio Lula da Silva, pero tampoco hubo mención alguna al juicio en el Supremo. Sí al acuerdo entre el PP y Vox para investir a María Guardiola en Extremadura, a la que advirtió que el Gobierno de España estaría vigilante.

En este tiempo ha participado en dos sesiones de control al Gobierno en el Congreso y también se escabulló de ambas sin decir una palabra al respecto. Y ya no digamos en los tres mítines que ha protagonizado estas semanas junto a María Jesús Montero en Huelva, Córdoba y Málaga. Punto en boca. El jueves 30, el día después de que Víctor de Aldama acusara al presidente del Gobierno de ser «el 1» y a su partido de financiarse ilegalmente, se suponía que Sánchez iba a participar a las 10 de la mañana en la presentación de la Estrategia Nacional Deep Tech. Sin embargo, a última hora se borró, muy oportunamente.

Pero es que ni Sánchez ha dado la más mínima explicación, ni tampoco sus socios se la han pedido. Ni siquiera el PNV, tan sumamente ofendido por el hecho de que los socialistas vascos difundieran el martes un meme de Aitor Esteban tirándose a la piscina del nuevo Estatuto. Sánchez ha robado a la opinión pública el mes de abril, parafraseando a Joaquín Sabina.

El teniente coronel Antonio Balas, de la UCO, declara como perito en el SupremoEl Debate

A la espera de la declaración de Ábalos de este lunes, la última semana de juicio ha sido especialmente demoledora para el PSOE y su líder. El teniente coronel Balas y el comandante Montes describieron con precisión de cirujano el papel de cada cual en la trama y cómo operaba esta, dejando probados los delitos de pertenencia a organización criminal y aprovechamiento de información privilegiada. Los otros tres de los que se les acusa, cohecho, malversación y tráfico de influencias, ya habían quedado acreditados con los testimonios previos de las amantes de Ábalos, los responsables de las empresas públicas de Transportes y colaboradores de Aldama.

Pero es que después de la declaración de los dos agentes de la Guardia Civil llegaron las de Víctor de Aldama y Koldo García. El primero apuntó directamente a la financiación ilegal del PSOE. El segundo reconoció que las famosas «chistorras» eran billetes de 500 euros que le pagaba el partido por liquidaciones de gastos (si no eran comisiones ilegales, ¿por qué utilizar ese lenguaje en clave?). Cuando, unos días antes, el exgerente del partido Mariano Moreno había declarado que Ferraz jamás pagó en billetes de 500. La secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, saltó como un resorte en X: «El PSOE NUNCA ha entregado billetes de 500 euros. Lo dijimos desde el primer momento y lo reiteramos hoy: todo nuestro dinero tiene trazabilidad desde cuentas bancarias».

Tan es así que, en diciembre, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno abrió una pieza separada para investigar las irregularidades en la contabilidad del PSOE. Pieza que sigue bajo secreto de sumario y que es una especie de espada de Damocles sobre la cabeza de Sánchez. En marzo, Aldama entregó a Moreno un sobre con las siglas de PDVSA (la petrolera estatal venezolana) que, según él, contiene pruebas sobre la financiación ilegal del PSOE.

Sánchez se las ha ingeniado para permanecer al margen del juicio oral, pero no podrá hacer lo mismo si el Supremo condena a su exministro, al que él mismo dio un poder casi omnímodo en la pandemia. El escapista va llegando al final de la escapada. A ver contra qué muro choca antes: la más que previsible condena a Ábalos o el levantamiento del secreto de sumario sobre las cuentas de Ferraz.