Santiago Abascal y Manuel Gavira
Vox cierra una campaña marcada por el choque con Moreno y con la prioridad nacional como eje clave
«En San Telmo no puede haber un Gobierno débil que no se atreve a hacer oposición a la mafia», afirma Santiago Abascal, que acusa al PP andaluz de «traición al cambio» desde su llegada al poder en 2018
En 2019 Juanma Moreno consiguió ser investido presidente de la Junta de Andalucía por primera vez, gracias a los votos de Vox y de Ciudadanos. En aquella ocasión, la formación de Santiago Abascal, que acababa de irrumpir en el Parlamento andaluz (la primera institución en la que entró) con 12 escaños, lo apoyó desde fuera, con un acuerdo de más de 30 medidas. En 2022 sus votos no fueron necesarios ante la primera mayoría absoluta del candidato del PP, y el partido se abstuvo.
Cuatro años más tarde el escenario podría ser otro. Las encuestan para este domingo sitúan a los populares con la posibilidad de reeditar esa mayoría absoluta o de rozarla. De darse este segunda opción, la última palabra la tendría Vox, toda vez que en Bambú no contemplan una abstención y advierten que exigirían al PP de Moreno cambios en las políticas. Aunque solo necesitara un escaño.
Este viernes, con un mitin en Sevilla, termina una nueva campaña que ha estado marcada entre otras cosas por el choque con el dirigente popular que han protagonizado Abascal y su candidato, Manuel Gavira. A Moreno le han señalado como «colaborador» de Pedro Sánchez, acusándole de no oponerse a sus políticas migratorias o verdes, sino al contrario, promoverlas en la región, y de liderar un «PSOE azulón», por las coincidencias que creen que existen entre populares y socialistas en Andalucía en cuestiones esenciales.
Abascal ha acuñado el concepto «método Rajoy» para reprochar a Moreno Bonilla que en estos casi ocho años al frente de la Junta, según él, no haya cambiado nada. Y en los últimos días, le han acusado también de utilizar lo que consideran cortinas de humo para «eludir» debates importantes que, para Vox, ni unos ni otros quieren abordar, como la «invasión» migratoria, la inseguridad, el colapso en los servicios públicos o las consecuencias del Pacto Verde o Mercosur para el sector primario.
«Lo que ha habido en Andalucía hace ocho años es una traición al cambio. Tenemos la legitimidad para decirlo porque 40 años llevaban los socialistas robando y el PP impotente de desalojar al PSOE hasta que llegó Vox en 2018 (...). De momento hemos conseguido echar al socialismo corrupto, pero no han cambiado las leyes del socialismo corrupto, ni han acabado los chiringuitos ni la administración paralela que había montado el PSOE. Todo sigue igual. Eso merece una reflexión», manifestó ayer desde El Ejido (Almería) Santiago Abascal.
Vox trata de aglutinar votos para tener la fuerza en las urnas que a partir del 17 de mayo le permita condicionar el próximo Gobierno. A su juicio, solo con él dentro hará oposición desde el punto de vista institucional frente a la regularización masiva de inmigrantes y a la llegada de ilegales, y al Pacto Verde y a Mercosur, y establecerá la prioridad nacional en el acceso a las ayudas, los servicios públicos, la vivienda pública o las guarderías. A semejanza de lo que han acordado con el PP en Extremadura y Aragón que reivindican como logro, y pese a tener menos de un 20 % de los votos.
Esa medida que recogían en sus programas electorales y que han pactado con los populares vinculada al arraigo la han llevado tanto a las Cortes Generales como a los parlamentos regionales, y es el eje clave en el mensaje que durante estas semanas han lanzado, a sus votantes pero también a los del PP y del PSOE, e incluso de formaciones a la izquierda de este, que, defiende Vox, comparten que se ponga a los españoles (andaluces en este caso) en primer lugar. La prioridad nacional es para los de Abascal una medida «irrenunciable».
En las últimas semanas las encuestas han pronosticado para Vox desde quedarse en una situación similar a la de 2022 o retroceder ligeramente, hasta crecer en porcentaje y en escaños. La encuesta de Target Point para este periódico le otorga algo más de un punto más respecto a hace cuatro años, hasta rozar el 15 %, y subir hasta tres diputados, lo que quedaría algo lejos de los resultados que han cosechado en las tres últimas citas electorales autonómicas. La formación de Santiago Abascal se ha mostrado prudente y contenida a la hora de hablar de expectativas, máxime después de que en Castilla y León algunas voces vieran como 'fracaso' crecer un escaño y en torno a un punto porcentual.