El laboratorio del 17-M
Sánchez activa la «España plurinacional» tras las andaluzas: fragmentar la derecha, cohesionar la izquierda alternativa y pactar los cantones nacionalistas
Moncloa ha leído el hundimiento socialista en Andalucía como un éxito tras impedir que Juanma Moreno Bonilla reeditase la mayoría absoluta de 2022
Las elecciones autonómicas andaluzas del pasado domingo han dejado, contra todo pronóstico, una lectura positiva para el PSOE, hundido en sus peores datos históricos por número de escaños en un bastión socialista por naturaleza. Pese al desastre y al hecho de que el Partido Popular de Juanma Moreno Bonilla cosechaba una victoria aplastante, concentrando en su mano más diputados que toda la suma de la izquierda en su conjunto, para el gurú de Pedro Sánchez, Iván Redondo -de tour en los diferentes medios de comunicación-, las elecciones del pasado 17-M han sido un laboratorio de cálculos para la continuidad de Sánchez, en las generales del próximo año.
El aumento de la participación, gracias al voto CERA (los españoles residentes en el extranjero), que permitió pese a la catástrofe «obtener 60.000 votos más» que en 2022; y, la irrupción de Adelante Andalucía, que cuadruplicó sus resultados hasta los 8 diputados y logró el sorpasso a Por Andalucía (la amalgama de siglas de los socios minoritarios del Gobierno), abriendo un espacio de «izquierda» alternativa, serán dos de los tres pilares sobre los que Redondo aspira a articular la supervivencia política del 'sanchismo'. El tercero, la activación de la España plurinacional, apoyada en los pactos con los nacionalismos regionales que aspiran a convertir la unidad territorial, blindada constitucionalmente, en una integración de «naciones» con alma de cantón suizo, al estilo asimétrico de Canadá.
No en vano era el propio José Ignacio García, líder de la formación triunfadora del domingo, Adelante Andalucía, el primero en celebrar que su llegada hubiese «quitado la mayoría absoluta al PP». Un escenario que, para Pedro Sánchez, lejos de ser un problema, se ha convertido en una oportunidad.
Tras la confirmación de que es posible articular una izquierda lo suficientemente movilizada como para ampliar la base electoral y encarecer el precio de cada escaño para la lista con más votos, Sánchez es consciente de que se diluyen las mayorías absolutas del centro derecha -con Vox en crecimiento aunque más contenido, por poco que mejore sus resultados- lo que le permitirá avanzar en su proyecto de la España plurinacional, esa suerte de confederación de cantones que disuelve la nación común y en la que ya se trabaja desde La Moncloa.
Así lo ha venido anunciando, subliminalmente, Iván Redondo, el gurú en el que Sánchez se apoya para perpetuar su 'Manual de Resistencia' y que, no por casualidad, se ha venido prodigando en diferentes foros mediáticos, durante las últimos días. En declaraciones y análisis recientes, Redondo ha defendido sin ambages la idea de la «nación de naciones», como destino inevitable. Galicia, Cataluña y País Vasco como naciones pero, también, incluso Andalucía como «nacionalidad del Sur».
Para el 'sanchismo', la España autonómica «está muriendo de éxito» y urge «constituir» una nueva en 2028, coincidiendo con el 50 aniversario de la Constitución del 78. Un documento confidencial atribuido a su órbita hablaba de preparar el terreno para una España federal, explorando incluso fórmulas ya vigentes como los cantones suizos o el modelo asimétrico de Canadá. Sánchez es consciente de que su única posibilidad de reeditar Gobierno, aunque no gane las elecciones, depende de dividir a su derecha y construir un relato ilusionante a su izquierda, de la mano de los periféricos, por muy separatistas o minoritarios que sean.
La jugada andaluza ha sido el campo de pruebas que se lo ha confirmado. Así las cosas, Adelante Andalucía, con su discurso territorial de izquierda radical, ha demostrado que puede erosionar al PP sin necesidad de fortalecer al PSOE, lo que supone un valor refugio para el votante socialista, descontento con Sánchez. Cabe recordar cómo su candidato, García, no se presenta como muleta socialista, sino como «izquierda independiente» que representa a la «clase trabajadora».
Ese perfil, que ya alentó Gabriel Rufián inducido por Moncloa, es oro para Sánchez: permite sumar sensibilidades, sin contaminar la marca PSOE en territorios donde el socialismo tradicional se desangra. De tal suerte, el sorpasso sobre Por Andalucía ha confirmado una segunda derivada en virtud de la cual existe un nicho de electores dispuesto a radicalizarse más a la izquierda, si ésta vende como opción distinta del «bipartidismo».
Sánchez no dudará en promover esas candidaturas fragmentadas, en próximas convocatorias. Cuanto más dividida esté la derecha y más oxígeno tengan las opciones «alternativas», más fácil será negociar investiduras y presupuestos.
Más soberanía a cambio de sillones
Por todo ello, en Moncloa ya se habla de tejer nuevas alianzas con los nacionalismos territoriales. Si bien ERC, PNV, Bildu y BNG ya son socios habituales de Sánchez en el Congreso, tras las andaluzas, se abrirá un nuevo catálogo de concesiones, para que actúen como dique de contención contra el PP. En Cataluña, el independentismo recompuesto; en el País Vasco, el PNV y Bildu compitiendo por el liderazgo; y, en Galicia, el BNG reforzado como segunda fuerza más votada, comparten como único objetivo el debilitar el Estado central. Y, en el PSOE son conscientes de que el oxígeno necesario para conseguirlo pasa por las mejoras presupuestarias, las cesiones competenciales y el reconocimiento simbólico, a cambio de estabilidad parlamentaria. Es el único trueque posible: más soberanía a cambio de sillones.
Redondo lo ha verbalizado con claridad mediante su visión de una «identidad negativa» -que pasa por unificar al bloque progresista contra el adversario común-. No se trata de convencer con un proyecto positivo e ilusionante para España, sino de aglutinar, como sea, el «no» al PP y a sus pactos con Vox. «Unificar el no», dijo en uno de sus últimos análisis.
Y, para ello, sólo hay una receta válida que hasta ahora ha venido funcionando en clave nacional: polarizar, victimizarse en el ámbito de la corrupción judicializada y presentar cualquier alternativa conservadora como una amenaza existencial. Las andaluzas le han dado al 'sanchismo' el pretexto para insistir en los ingredientes y pisar el acelerador de cara al próximo año porque si el PP no logra alcanzar mayorías absolutas en más autonomías, Sánchez podría seguir gobernando por bloques y avanzar en su agenda plurinacional, sin necesidad de ganar las elecciones.
La plurinacionalidad constituyente
El proyecto de «cantones» —porque eso es, en esencia, una España plurinacional con naciones soberanas unidas por lazos débiles— pasa por varias fases. Primero, reconocimiento constitucional de la plurinacionalidad. Luego, cesiones asimétricas vía artículo 150 o reformas estatutarias. Finalmente, un referéndum o proceso constituyente en 2028 que refrende el nuevo marco. Redondo ya lo ha puesto negro sobre blanco: la España autonómica ha cumplido su ciclo. Ahora toca refundarla para contentar a los que nunca aceptaron la Transición. Andalucía, con su fuerte irrupción de Adelante, se convierte en pieza clave: un nacionalismo de izquierdas que legitima el discurso y distrae del separatismo catalán o vasco más agresivo.
Esta estrategia no es nueva, pero las andaluzas la han reactivado. Sánchez ve en el cansancio del electorado moderado y en la fragmentación un filón. Mientras el PP se debate entre pactar con Vox o quedarse en minoría, el bloque sanchista se rearma. Movilizará a Sumar y sus satélites, potenciará candidaturas como Adelante en otros territorios y apretará a los socios nacionalistas con más transferencias. El objetivo final no es gobernar mejor España, sino transformarla en un armazón confederal donde el poder central quede diluido y el PSOE, como gran aglutinador, mantenga la llave.
Los riesgos son evidentes. Una España de naciones con derechos diferenciales erosiona la igualdad de los españoles. Fragmenta el mercado interior, genera agravios comparativos y debilita la cohesión nacional en un momento de desafíos globales. Pero para Sánchez y su entorno, incluido el influyente Redondo, eso es secundario. Lo prioritario es la supervivencia política y la imposición de un relato donde la derecha es el enemigo y la plurinacionalidad, el progreso.
Tras el 17-M, el tablero se mueve. El PP ganó, pero sin mayoría absoluta en Andalucía queda expuesto. Sánchez, con menos votos pero mejor maquinaria de alianzas, ya afila las herramientas. Movilizará la izquierda alternativa aprovechando el tirón de Adelante y apretará a ERC, PNV, Bildu y BNG para que frenen cualquier mayoría conservadora. El proyecto de cantones avanza. España, como nación única e indivisible, está en la diana.