Fundado en 1910

Vehículos de alta gama intervenidos tras una redada de la Guardia Civil

Viaje al corazón de la lucha contra el narcotráfico

«Un chaval de 20 años con un coche de 80.000 euros»: la idealización del narco en los jóvenes

Esto no ha sido siempre así, sino producto del cambio que ha sufrido la entrada de droga en nuestro país, del hachís a la cocaína

¿Hasta qué punto la sociedad de la zona es consciente del poder del narcotráfico en la costa andaluza? Esa pregunta, que recorre las playas y los caminos, explica en buena medida el gran objetivo de las organizaciones criminales, que es entrar en el tejido social, ganarse el afecto de las personas y que sus actividades, ilegales y peligrosas, se conviertan en el día a día, en la rutina.

Para entender por qué cierta parte de la sociedad colabora, de distintas maneras, con el narcotraficante, o al menos no aparta la mirada cuando lo ve de frente, cabe pararse en un banco de una población costera andaluza y comparar dos mundos tan lejanos y tan cercanos. Los coches viejos, con años a sus espaldas, de gente sudada y entregada al calor para traer un poco de pan a casa, y los coches de marca, deportivos de alta gama, que corresponden a jóvenes vestidos con las mejores ropas.

«Un chaval de 20 años con un coche de 80.000 euros», lo resume Antonio, del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Cádiz, describiendo esa distinción que explica buena parte de la impregnación del narcotráfico en la sociedad. La promesa del dinero rápido y fácil que abre las puertas a un nuevo mundo, de ostentación y bienes de lujo, y su comparación con una zona de empleo inestable y alternativas económicas limitadas.

Esto no ha sido siempre así, sino producto del cambio que ha sufrido la entrada de droga en nuestro país, del hachís a la cocaína. Es decir, de una droga procedente de África, con sus organizaciones criminales más escondidas, a la droga procedente de Hispanoamérica, y una cultura, existente desde el siglo pasado, de cierta idealización con las figuras de esos narcotraficantes salidos de la nada, de la pobreza de barrios humildes, y que posteriormente compartían, a su manera, su enorme riqueza, generada de la manera más inhumana posible, con aquellos a quienes una vez perteneció. Una manzana envenenada, que acabó por llevar a tantos y tantos jóvenes al lado oscuro del narcotráfico.

Las autoridades policiales consultadas por El Debate enfatizan que el narcotraficante quiere hacer parecer segura toda la zona, como la caverna de Platón, sombras de tranquilidad en los mismos lugares donde, al caer la noche, circula sin parar la droga y los policías, si quieren pararlos, se enfrentan a un tiroteo o peor. De hecho, en un perfecto ejemplo de esto, es común que los mismos policías que cuando cae la noche se juegan la vida luchando contra narcotraficantes, al día siguiente se encuentren que esas mismas personas les invitan a comer o a una cerveza sin pedirlo, solo para demostrar poder y jerarquía, dejar claro quien manda.

En una zona pobre de Cádiz, niños jugando en la calle y ropa tendida en las ventanas, un vecino nos explica la situación desde su punto de vista: «Los niños de aquí que van al colegio no aspiran a mucho, con suerte un empleo con el que ganar un poco más de mil euros. Es muy difícil para ellos renunciar a lo que ven cuando gente que ha sido como ellos se pasean en los mejores coches con mujeres sentadas a su lado». Un mundo de dinero fácil y poder absoluto, un futuro al que es difícil decir que no.