El río Guadalquivir, visto desde google earth
Viaje al corazón de la lucha contra el narcotráfico (III)
«El Guadalquivir, la autopista de la droga en España»: el avance del narco, contado desde quienes lo combaten
El Debate se desplaza a la costa andaluza para escuchar, de primera mano, los testimonios de aquellos profesionales que dedican su vida a combatir organizaciones criminales
Desde la orilla, el río Guadalquivir dibuja un paisaje tranquilo. A un lado queda el océano Atlántico, mientras al contrario se extienden las marismas hacia el interior de Andalucía, hasta perderse en un entramado de canales, caños y caminos de difícil acceso. Es un paraje natural, un territorio de pesca, turismo y tradición. También, uno de los puntos más sensibles en la lucha, desigual e injusta, contra el narcotráfico en España.
«Esto es la autopista de la droga», afirma, de manera más clara, Antonio Flores, del Sindicato Unificado de Policía (SUP). Basado en su larga experiencia sobre el terreno, esa descripción no es ni una exageración ni una metáfora, sino un testimonio basado en quienes llevan años viendo cómo las organizaciones criminales aprovechan la geografía de la zona para introducir miles de kilos de hachís y cocaína hacia el interior del país y, posteriormente, ya distribuirla por Europa.
«Estamos a 14 kilómetros de las costas africanas. La provincia de Cádiz históricamente ha sido una puerta de entrada. Primero fue el contrabando de tabaco con Gibraltar, después el hachís y ahora estamos viendo un crecimiento muy importante de la cocaína. El beneficio económico es cada vez mayor», explica, desde Sanlúcar de Barrameda, Antonio.
«Esto no es un problema de España, es un problema europeo», insiste. «La droga entra por aquí, pero su destino final no es solo Andalucía. Va a Alemania, Holanda o cualquier país de Europa. El problema es que el Estado español está asumiendo casi en solitario el coste de ser la puerta de entrada», afirma, detallando un problema que asola a la sociedad, a familias enteras y que arrasa allí por donde pasa.
La lucha contra un enemigo invisible
Uno de los grandes retos a los que se enfrentan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su lucha contra el narcotráfico es que no existe un único punto o zona que vigilar, sino que la entrada de droga se extiende durante kilómetros y kilómetros en la costa, el paso previo a desplazarse utilizando playas, caños, marismas y caminos secundarios para transportar la droga una vez toca tierra.
«Si tú te centras en un lado, se te va a otro», resume Agustín Domínguez, portavoz de Jucil (Asociación Profesional de Justicia para la Guardia Civil). Es decir, que si la presión policial se concentra en un determinado punto, las organizaciones criminales buscan otro acceso, y si se aumenta la vigilancia marítima en una zona, se desplazan a otra. El territorio supera por mucho la capacidad policial.
«Lo ideal sería tener embarcaciones permanentes en todos los puntos importantes. Si tú tienes una embarcación aquí, sabes que en el Guadalquivir o en Barbate puede no haber ninguna. No hay recursos para cubrirlo todo», lamenta Agustín. «No se trata de poner algo de cara a la galería, un coche de cartón para que parezca que hay presencia policial. Tiene que ser un medio efectivo, con su personal disponible y operativo», resume.
Aunque al resto del mundo, como espectadores, les llegan las noticias cuando se produce una gran operación policial, un golpe, el trabajo de campo dista mucho de parecerse a eso, con largos días investigando lugares a los que no puede llegar ningún vehículo. «Hasta aquí puede llegar un vehículo cargado, pero toda esa zona es imposible recorrerla con un coche normal. Incluso con un todoterreno muchas veces te quedas atrapado porque no es arena de playa, es barro», explica Agustín señalando una zona de playa aparentemente tranquila.
«En la marisma de noche no hay absolutamente nada. La única luz que tienes es la de la luna o el reflejo de las ciudades a lo lejos. No ves nada», resume Agustín, explicando la gran dificultad de las operaciones policiales contra un enemigo que cuenta con el terreno y los recursos a su favor.
En este tipo de escenarios, donde la geografía juega a favor de las organizaciones criminales, los agentes creen que la tecnología puede convertirse en un gran aliado, con recursos como drones con sistemas de visión nocturna y cámaras térmicas. «Si un dron sirve para la guerra, imagínate aquí», argumenta Agustín, que explica que los cuerpos policiales no deberían ir cuerpo a cuerpo contra los narcotraficantes, sino saber de antelación sus movimientos y controlar sus pasos, Hoy en día, sin embargo, la ventaja está en el otro lado. «Ellos tienen recursos prácticamente ilimitados. Nosotros estamos peleando muchas veces con medios locales, a lo cutre, y ellos tienen una estructura económica enorme», denuncia Antonio.
«Tenemos Policía Nacional, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera. Da igual de qué ministerio dependamos, al final todos luchamos contra lo mismo. Lo lógico sería tener una estructura conjunta, con una partida presupuestaria fija, con inteligencia compartida y con medios específicos en el terreno. Tenemos una frontera marítima y está pasando gente y mercancía ilegal delante de nosotros. El Ejército tiene radares, medios y capacidad de vigilancia. Si se puede utilizar para proteger a pescadores españoles frente a los piratas en Somalia, ¿por qué no se puede apoyar aquí, en nuestra propia frontera?», analiza el propio Antonio, reclamando una respuesta coordinada mucho más contundente desde las altas esferas.
El narco, infiltrado en la sociedad
Desde un punto de vista exterior, ajeno a convivir diariamente con el problema, una de las grandes incógnitas es hasta qué punto la sociedad de la zona es consciente de lo que ocurre cada noche cerca de sus casas.
«Cualquier pescador de la zona sabe lo que hay», asegura Agustín. «Cuando hablas con ellos, te cuentan cosas, incluso te enseñan vídeos. Pero cuando les dices que den sus datos o que hagan una declaración, se echan atrás. Tienen miedo».
En su caso, uno de los episodios que más le impresionó fue el relato de un pescador que se encontraba faenando a una o dos millas de la costa cuando una narcolancha se acercó. «Le sacaron una pistola y le dijeron que se fuera de allí. Él tenía todo grabado porque estaba haciendo un vídeo mientras pescaba. Yo vi las imágenes. Pero después no quiso denunciar». Algo que no es un caso aislado.
La situación, por si fuera poco, adquiere una dimensión más preocupante durante el verano, cuando las mismas playas utilizadas como punto de entrada de droga se llenan de turistas, familias y practicantes de deportes acuáticos. «Esto en verano se pone hasta arriba de gente: surf, kayak, pesca, bañistas… y las narcolanchas pasan a toda velocidad sin ningún tipo de miramiento», explica Agustín.
«La droga hay que pararla aquí, porque si entra aquí llegará a toda Europa», insiste Antonio. Agustín comparte la misma preocupación desde una perspectiva más cercana al terreno, afirmando que cada playa sin vigilancia permanente, cada tramo de marisma inaccesible y cada ciudadano que prefiere callar son espacios que los narcotraficantes aprovechan.
«Esto no se arregla con una única medida. Hace falta más personal, más medios, más tecnología y una respuesta de todas las instituciones». «Estamos luchando por mantener un Estado de derecho. No podemos permitir que cuatro bandas organizadas impongan sus reglas», concluye.
El producto audiovisual que mejor ha tratado el negocio de la droga, la serie estadounidense The Wire, lanzó un señuelo al porvenir con una de sus más famosas frases, aquella que decía: «Si sigues a las drogas, encuentras drogadictos y traficantes. Pero si empiezas a seguir el dinero, no tienes ni idea de a dónde te va a llevar». ¿A dónde lleva el dinero del narcotráfico en España?