El arsenal de guerra de los narcos
Viaje al corazón de la lucha contra el narcotráfico (V)
Kalashnikovs, pistolas automáticas y armas de guerra: el arsenal de las mafias del narcotráfico en España
La llegada de la cocaína ha multiplicado los beneficios de las organizaciones criminales y ha cambiado su capacidad de intimidación, con armas de guerra, mercados ilegales internacionales y una superioridad económica que preocupa a los agentes
Hace años, cuando el hachís era el protagonista del narcotráfico en las costas andaluzas, un negocio ilegal y sin escrúpulos, el objetivo principal de los narcotraficantes era escapar. Hoy, sin embargo, quienes llevan años combatiendo a estas organizaciones aseguran que el escenario ha cambiado, que la entrada de la cocaína ha supuesto un salto en los beneficios económicos de las mafias y, con ello, una transformación de su capacidad de actuación.
«Desde que hay más cocaína, esto es cada vez más violento. Hay armas dentro de las organizaciones. Antes no venían armas en las lanchas. No es lo mismo su munición y sus armas de guerra que nuestra munición civil. Ellos siempre llevan mejores medios. Nosotros cada vez somos menos», aseguran fuentes policiales a El Debate desde Sanlúcar de Barrameda, una de las zonas más castigadas por el narcotráfico en la provincia de Cádiz.
Antonio Flores, del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Cádiz, resume esa transformación que ha sufrido el narcotráfico con una frase: «Con Gibraltar teníamos el tabaco, del tabaco se pasó al hachís y ahora se está pasando a la cocaína. El incremento del beneficio es sustancial».
Ese aumento del margen económico ha cambiado las reglas del juego, pues ahora las organizaciones disponen de más recursos para comprar embarcaciones más rápidas, vehículos de alta gama, sistemas de comunicación, colaboradores sobre el terreno y, según alertan los agentes, armamento de gran capacidad. De hecho, los cuerpos policiales advierten de que el dinero procedente de la cocaína permite a estas redes actuar con una capacidad económica que supera con creces la de los delincuentes tradicionales. «Un tío que conduce una barca puede ganar 50.000 euros por un pase y al que vigila la costa le da 1.500 euros. Nosotros no cobramos ni 2.300 euros al mes. A esta gente se le cae el dinero de los bolsillos», explica Antonio.
El mercado negro de las armas
Entre los elementos que más preocupan a los agentes está el acceso a fusiles de asalto, pistolas automáticas y otro tipo de armamento de guerra. «Antes venían de la parte de África las armas. Ahora vienen del mercado negro, de la guerra de Ucrania. Para ellos un arma de guerra de esas es poco dinero», resumen, explicando una simple diferencia que resume un gran problema.
A la izquierda, balas que usan los narcotraficantes; a la derecha, la bala de los agentes policiales
La facilidad con la que estas organizaciones pueden acceder a este tipo de armamento es una consecuencia directa de su enorme capacidad económica, ya que lo que para una persona corriente supone una cantidad inasumible, para una organización que mueve toneladas de droga representa un gasto menor dentro de su estructura criminal. El aumento de la capacidad de fuego de los narcotraficantes se produce, según denuncian los sindicatos policiales, en un momento en el que los cuerpos de seguridad continúan reclamando más efectivos y mejores medios.
«Estamos peleando a lo cutre. Aquí no vale con pequeños parches. Hace falta un plan integral, con Policía Nacional, Guardia Civil, Vigilancia Aduanera, Fiscalía y juzgados especializados», sostienen los agentes, que afirman que la lucha ya no puede plantearse únicamente como una persecución de pequeñas embarcaciones o grupos locales, sino un combate ante organizaciones transnacionales con enormes recursos económicos.
Por eso insisten en que la respuesta no puede limitarse a una operación policial puntual, sino que la batalla contra el narcotráfico se juega también en los recursos destinados a combatirlo y en unas altas esferas que, hasta el momento, no están ofreciendo las cartas necesarias para jugar la partida.