El ático de Ayuso
Unas líneas para ayudar a los buscadores de polémicas inmobiliarias algunas de mayor enjundia que ésta tan hinchada
Me han reprochado los aspirantes a prestar servicios en La Séptima de Caballería, la nueva Telepedro a sumar al resto de Telepedros, que no trate en estas líneas o en Teleayuso, como les gusta llamar a Telemadrid, el caso del ático adquirido por la Comunidad de Madrid, cuya difusión ha gozado en esas pantallas de una amplitud inversamente proporcional a la carencia de todos los escándalos del sanchismo.
Y aunque he hablado de ello en múltiples tertulias, siempre es un placer atender las solicitudes de tan prestigiosos seguidores, incluyendo al erudito Óscar Puente, con un prólogo imprescindible: a ver si es que alguno nos hemos dado cuenta de que la polémica en cuestión es, sobre todo, una manera de tapar o de intentar compensar los múltiples bochornos que acorralan al Señor de la Mareta, similar en volumen a la lista de los Reyes Godos y en indecencia al guion de la muy recomendable serie Gomorra.
A ver si es que ver cómo arde un país con más aviones a disposición del presidente que contra el fuego o vivir en directo una invasión en Ceuta mientras el responsable de ambas cosas se encierra en un palacio con una procesada a pegarse la vida padre es significativamente más relevante.
Y a ver si es que el escandaloso asalto a la democracia de un perdedor sin presupuestos y sin mayoría parlamentaria, acompañado por un imputado por encabezar una organización criminal que solo pudo medrar gracias a su sucesor y que parece haber logrado su prosperidad mercadeando incluso con la posición internacional de España, tiene prioridad para cualquiera que no se dedique a la innoble tarea de escoltar al insurgente Sánchez.
Hechas las presentaciones, vamos al meollo, con un preludio necesario: si tenemos que hablar de polémicas inmobiliarias, esperemos que los buscadores de áticos encuentren el momento para dedicarle unos minutos al que aún mantiene la familia de Begoña Gómez en el centro de Madrid, propiedad pública de Muface y otrora sede de uno de los prostíbulos montados por el bueno de Sabiniano. Y que se pregunten también si tiene un pase que la hija y el yerno del «empresario» en cuestión vivan del lucro logrado con esa actividad nefanda y dispongan de un notable patrimonio con origen en ese negocio. O que le pongan cuarto y mitad de intensidad a los devaneos inmobiliarios del propio Puente en Madrid y en Valladolid, donde goza de coquetas viviendas en un caso pagada por todos ustedes y en el otro adquirida a un precio sorprendentemente ínfimo.
Por lo que sea, hasta ahora en todos esos casos han mirado para otro lado, como si fuera normal tener al frente del país a un señor que se ha beneficiado y se beneficia del comercio sexual de un familiar con hombres, mujeres y jovencitos o que un ministro tenga siempre tanta suerte en el país donde conseguir una humilde habitación ya es una odisea.
Dicho lo cual, vayamos al tema: fue una mala idea hacer algo que sitúa en la misma frase las palabras «Ayuso, ático y Chamberí». Y estuvo mal explicado desde el primer momento, fuera para oficinas al parecer inviables o como residencia oficial del presidente madrileño, fuese quien fuese.
El precio de ese error es haber dado material para que la esforzada guardia pretoriana de Sánchez monte un caso hiperventilado, esparciendo la idea de que los madrileños le han pagado un casoplón a Ayuso, como si fuera suyo, estuviera a su nombre y todo ello se hubiese perpetrado con nocturnidad y alevosía.
Y es ahí donde falla el relato: el inmueble era de propiedad pública y, fuese cual fuese su uso, sería temporal para Ayuso y quedaría para el siguiente. Solo a partir de ahí puede y debe discutirse la oportunidad de la operación, la manera de explicarla y el desenlace decidido, que es su venta, con el oportuno tirón de orejas por la torpeza desplegada y el regalo concedido a sus adversarios de brocha gorda.
Parece mentira que nadie del equipo de Ayuso se diera cuenta de cómo se iba a explotar una chuminada como esta desde las trincheras que la llaman corrupta al toque de pito de un presidente que tiene el desparpajo de calumniar desde el Congreso a una adversaria mientras se hace el ofendido por escuchar la nómina de encausados y condenados en su entorno.
Y ahora que le regalen otro palacete al PNV o pongan un lupanar en un ático público, a ver si los atentos agente de la contrainteligencia inmobiliaria despiertan del sopor y le dedican al menos la mitad de la mitad de la mitad del tiempo que a este resbalón artificialmente inflado al que le falta aún alguna explicación pero le sobran golpes de pecho fingidos de tanto cómplice complaciente de Su Sanchidad.