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Perro come perroAntonio R. Naranjo

DJ Soto del Real

Semblanza musical de un personaje desalmado y cretino

Le he dado vueltas varios días antes de escribir sobre ello, por si algún lector atento cree que llego con retraso o que este es el típico artículo estival enlatado, un táper de letras congeladas en el fondo de la nevera para ir tirando bajo el letargo de agosto.

Me refiero a la estampa de Pedro Sánchez repantigado en un sofá, con la camisa verde arremangada como un gondolero de secano, aconsejando canciones antes de felicitar el verano, que en este caso no ofrece dilemas presentes con la Navidad o la Semana Santa, dos engorros solventados con una apelación genérica a las festividades, las vacaciones o, los más tontos, los solsticios y equinoccios del calendario solar.

Cuando Sánchez decidió que era una buena idea ejercer de prescriptor musical, él ya estaba en bañador en La Mareta, acompañado por su esposa procesada; media España seguía ardiendo y en Ceuta no se había revertido la invasión marroquí, por mucho que los corifeos sanchistas insistieran en el retorno de la práctica totalidad de entre los 50.000 y 70.000 asaltantes: por cierto, han de aclararnos cómo se volvieron, si fue nadando o a pie, porque lo primero sería inhumano en sus estándares y lo segundo demostraría que entraron de la misma manera.

Y otra más, antes de seguir: si Sánchez, para responder a Georgia Meloni, asegura que las entradas irregulares en España son de 234.000, ¿por qué ha regularizado a un millón? O la cifra publicada es falsa, o la regularización de 766.000 inmigrantes es fraudulenta. Pero no podemos estar por debajo de Italia en accesos ilegales y, a la vez, dar papeles a más personas que casi todo el resto de la Unión Europea porque, según la ley, ya estaban aquí.

Pero volvamos a la música. ¿Qué le lleva a un ser humano a creer que es una buena idea presumir de vacaciones y sugerir discos cuando tanta gente sufre? ¿Qué falta de humanidad tiene quien, mientras tanta gente sufre, considera razonable soltar frivolidades y lucir moreno? Solo se me ocurren dos opciones, y no son excluyentes: ser una muy mala persona y, además, ser un perfecto cretino.

Los griegos antiguos, desde Horacio al menos, ya sostenían que la ética y la estética estaban comunicadas, y que lo bueno debía ser bello y lo bello bueno. Es decir, que existía una simbiosis entre ambas que, en el caso de Sánchez, no existe. Quizá alguno de los múltiples asesores de La Moncloa le haya insistido en que la mejor manera de huir del escenario de un crimen es dejar a la vista el arma mortal y que, en consecuencia, comportarse como si nada pasara o nada fuera muy grave es lo oportuno.

Pero ahí es donde debería entrar en juego la fibra moral del personaje, para rebelarse ante el consejo y entender que, para una inmensa mayoría de ciudadanos, es ofensivo verle vacacionando mientras una parte de España sufre el acoso teledirigido por un sátrapa y otra, muy extensa, se enfrenta al fuego con un botijo. Entre ser un desalmado y un perfecto imbécil me quedo con las dos, a la espera de que tal vez algún día pueda tal vez desarrollar su talento de pinchadiscos en una afamada sala de Soto del Real, el sitio de moda entre los suyos.

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