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Perro come perroAntonio R. Naranjo

¿Qué sabe de usted Mohamed VI, señor Sánchez?

A la incompetencia habitual le suma una inquietante sospecha que debe aclarar con urgencia en sede parlamentaria

La inmigración irregular masiva mata. Lo hemos dicho, muchas veces, frente al mantra suicida e infantil que prevalece en los discursos del sanchismo en sus múltiples altavoces, y la realidad siempre lo confirma.

18 muertos van ya en Ceuta más de 100 en la valla hace cinco años y el doble de los habituales en las rutas marítimas, que son el chollo también de las mafias del tráfico de seres humanos, habitualmente en manos del yihadismo.

El efecto llamada es criminal, como punto de partida, y eso es lo primero que deben oír los que presumen de tener mejor corazón que el resto: su buenismo adolescente se lleva vidas por delante, para empezar, y aumenta luego la delincuencia: uno de cada tres presos de las cárceles españolas procede del extranjero, y el 30% de los 400.000 delitos cometidos en España cada año tiene firma foránea, pese a que los nacidos fuera solo representan el 15% de la población: es obvio que esos números se deben más al que llega de cualquier manera que al inmigrante regulado, cuyo esfuerzo y aclimatación legal, social, económica y cultural es intachable.

Ese es el marco general donde debemos ubicar la invasión de Ceuta y Melilla, que luego tiene sus agravantes particularmente graves: para empezar, la masa asaltante cree que puede hacerlo sin problemas porque a eso suena la política migratoria de un Gobierno kamikaze, con eterno acné político juvenil y perversas intenciones demoscópicas: Pedro es un chollo, Pedro te deja entrar, Pedro te da una paga, Pedro te pone cama y comida, Pedro te busca techo, Pedro no mirará tus antecedentes penales, Pedro te dejará votar si votas bien, Pedro es un padre.

Y luego está lo concreto, que es Marruecos, cuyo Rey hace lo que quiere con Pedro Sánchez desde que a él le espiaron su teléfono y, vaya casualidad, sus amigos consultores, a su vez amigos de Zapatero, se encargaron de llevar parte de sus intereses en Bruselas, con resultados tan gloriosos como la mayor venta de tomates con turbante que españoles en Europa.

En estos años, Sánchez ha pasado de recibir clandestinamente al líder del Frente Polisario (para Rabat como para nosotros el jefe de ETA) para curarlo en un hospital riojano a renunciar al Sáhara, sin ninguna recompensa, a partir de la intervención de la información que guardaba en su celular, achacada a la Inteligencia alauita.

Y todo ello sin ninguna compensación, sin que a cambio al menos Mohamed VI renuncie a sus delirantes aspiraciones territoriales en Ceuta, Melilla y Canarias. Y con el deplorable mensaje de la diplomacia sanchista con Gibraltar, que alimenta las aspiraciones marroquíes hacia las ciudades españolas en el norte de África.

Y con el añadido de que Marruecos es más fiable para Estados Unidos, Israel y de algún modo la Unión Europea que la España de Sánchez, alineada con el chavismo, Hamás o China, especialmente desde el momento en que el siniestro Zapatero hacía negocios en las peores latitudes del mundo.

Da igual que Mohamed VI haya instigado o no esta invasión: se va a aprovechar de ella por la debilidad de un presidente espiado y cobarde, que lleva años humillándose ante Rabat como ante Waterloo, que desprecia las alertas emitidas por los Cuerpos de Seguridad y que, una vez más, ante una catástrofe abandona a los españoles y se niega a tomar el mando, como siempre, ignorando que la Seguridad Nacional incluye la custodia de las fronteras y que no puede delegar esa competencia ni dejar de aplicarla: mandar a dos pelotones, con apenas 40 hombres, solo sirve para convertir a los soldados en socorristas y miembros de alguna de esas ONG que, por cierto, están haciendo caja como nunca con este perverso negocio. Por eso, una vez más, hay que repetirle la pregunta a Sánchez las veces que haga falta: ¿Qué sabe de usted Marruecos, señor presidente?

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