Arancha González Laya, exministra de Asunstos Exteriores de Pedro Sánchez y autora de 'Solos en el mundo'
Arancha González Laya, exministra de Asuntos Exteriores de Pedro Sánchez
Arancha González Laya: «En estos últimos años he visto una judicialización de la política y una politización de la justicia»
Su ensayo geopolítico ha sido una de las recomendaciones en TikTok del presidente del Gobierno, a quien González Laya le brinda un argumentario ante sus socios de coalición de por qué invertir en defensa no es elegir la guerra
Desde el verano de 2025, que buceó en las aguas claras y heladas de Silfra, en Islandia, rozando entre sus manos las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia, Arancha González Laya, abogada que ha dedicado su carrera a la política exterior, empezó a escribir Solos en el mundo para navegar a contracorriente en esta nueva fase del orden internacional, donde EE.UU. ya no es un aliado, China se expande, Rusia es una amenaza y Europa está sola. Si no reacciona, si se deja llevar, el panorama distópico que imagina González Laya, exministra de Asuntos Exteriores (enero 2020-julio 2021) en el Gobierno de Pedro Sánchez, en su primer capítulo de cómo se jodió Europa, es un futuro de ciencia ficción que transita por un territorio apocalíptico, que tuvo que «reescribir tres veces porque la distopía se iba cumpliendo».
La actual decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po, que ha negociado con Xi Jinping y Putin, «una persona fría, dura, difícil, que defiende lo suyo con uñas y dientes», da las claves para que Europa empiece la travesía y decida su destino rearmándose para disuadir a sus adversarios. El ensayo geopolítico publicado por Arpa Editores ha sido una de las recomendaciones en TikTok del presidente del Gobierno, a quien González Laya le brinda un argumentario ante sus socios de coalición de por qué invertir en defensa no es elegir la guerra, sino defender la paz, y que en política exterior «es a menudo inevitable caer en contradicciones».
– Afirma que Europa necesita construir su propia capacidad de disuasión y rearmarse después de la invasión rusa de Ucrania, ¿cree que es factible un ejército común europeo?
– Creo que de todas las dificultades a las que nos enfrentamos en esa construcción de capacidad de disuasión europea, el ejército sería lo menos complicado. Las dos grandes cuestiones serían la capacidad industrial a escala europea, no solo nacional, y definir una doctrina militar que responda a las necesidades europeas, porque los distintos estados lo entienden de distinta manera. Francia lo entiende de manera distinta a Alemania o a España, donde miramos al sur, a un Sahel que también es una fuente de inestabilidad para Europa.
– ¿Cómo se coordinarían los 27 estados? ¿En otro organismo?
– Hemos optado por otra vía, europeizar más la OTAN, hacernos con más cuota de poder, entre comillas, dentro de este organismo construido para la defensa del espacio euro atlántico. Es más eficiente utilizar las estructuras de la OTAN que inventar una nueva organización alternativa. No tenemos tiempo, porque las amenazas están sobre la mesa. Nos gustaría contar con un Estados Unidos más confiable, pero quizás lo más prudente y responsable es invertir en la defensa del continente europeo.
– Defiende una Europa más integrada e incluso que el 2% del PIB en gasto en Defensa ya no es suficiente y habría que incrementarlo, ¿no parece que sea la estrategia del Gobierno de España que no quiere comprometerse a aumentar la inversión?
– Cuestiono que el gasto en defensa venga definido por lo que quiere el presidente de los Estados Unidos. Llegar a una cantidad que es aleatoria, el 5 %, que ni siquiera Estados Unidos está cumpliendo. Parto de la necesidad de definir qué necesitamos en Europa, cuáles son las capacidades de las que no disponemos —satélites, abastecimiento en aire, inteligencia sobre el terreno—. Pongámosle una cifra y decidamos cuánto invertir para alcanzarlas, pero hagámoslo de una manera racional, no simplemente para satisfacer a un presidente que además pone en duda el compromiso de Estados Unidos con la Alianza. También quiero poner en valor el esfuerzo que ha realizado nuestro país en un espacio corto de tiempo, que ha pasado de gastar el 0,7 % de la riqueza nacional a un poco más del 2 % en defensa. Es importante que lo haya hecho porque una de las principales tareas de un gobierno y de las fuerzas políticas en un país es garantizar la seguridad a todos sus ciudadanos.
– Los socios del Gobierno de coalición están más en el dilema de «¿cañones o mantequilla?», donde usted argumenta que por los datos de inversión no se está en ningún momento desmantelando el Estado de bienestar.
– Es difícil mantener un Estado de bienestar si uno no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos frente a ataques del exterior, que hoy no son del orden del campo de batalla, como sí ocurre en Ucrania, pero sí se atacan las infraestructuras europeas. Se ataca a Europa a través de ataques cibernéticos o por injerencias extranjeras. Si queremos garantizar el Estado de bienestar es importante que invirtamos en nuestra seguridad. Igualmente, no puede haber una seguridad sólida, una seguridad con cohesión social, si no se invierte en bienestar. Las dos son importantes y la magnitud de la inversión en ambas es muy distinta. En defensa estamos gastando en España del orden del 2%. En bienestar, del 50 al 60% y es fundamental que se mantengan las dos.
– Aunque a los socios les parece excesivo ese 2% y usan el falso dilema de que no se invierte en sanidad o educación, porque se gasta en defensa, en una línea totalmente contraria a la que usted plantea.
– Sin embargo, España ha realizado este esfuerzo de pasar del 0,7 al 2%. Una modesta ambición que busco con este libro, Solos en el mundo, es que tengamos un debate público sobre la importancia de invertir en la capacidad de disuasión europea, en defensa, y seguir gastando en bienestar e invirtiendo en cohesión social. Pero hagámoslo con un debate ciudadano, que es como se hace en las democracias, porque si el gasto es aceptado por nuestra ciudadanía, nos dará más solidez.
– Habla de un debate público, cuando no ha habido un debate en el Parlamento, y se desconoce de qué partidas ha sustraído ese 2% el Gobierno de Pedro Sánchez para gastarlo en defensa, si ni siquiera tenemos Presupuestos Generales en toda la legislatura.
– Un debate ciudadano necesariamente necesita un debate parlamentario. Y sí me gustaría que hubiera un debate parlamentario, que los partidos políticos en el ámbito de nuestro Parlamento nacional o en los autonómicos dedicasen más espacio a discutir y a debatir de cuestiones europeas. La verdad es que no veo mucho interés por ahora en ese debate. Creo que tiene que estar muy presente en nuestro espacio político y no lo está.
Arancha González Laya en la entrevista para El Debate
– Incluso se ha hurtado al Parlamento cuáles han sido las inversiones hasta ahora en defensa.
– Bueno, hay un compromiso adoptado por el Partido Popular cuando estaba en el Gobierno en el marco de la cumbre de la OTAN, donde se tomó esa decisión. Y es verdad que vivimos un periodo donde invertir durante la crisis financiera era difícil y solo en un momento más reciente ha sido nuestro país capaz de alcanzar ese objetivo fijado con un Gobierno de otro color, y está bien que así sea. También es verdad que preferiría que hubiera un nuevo presupuesto.
– Las palabras de Trump antes y después de la cumbre de la OTAN en Ankara, de «España es un caso perdido… Corten todo el comercio con España… Son mala gente» al «España se redimió por completo. Respondió para realizar un pago muy importante», ¿se ha salido con la suya presionando al presidente Sánchez para que apueste por la multinacional norteamericana Palantir como sistema operativo de la Alianza?
– Esto es un modo operativo clásico del presidente de los Estados Unidos con todos los políticos con los que se relaciona. Con la primera ministra italiana, con el presidente francés, con el primer ministro británico, con el canciller alemán. Primero, palabras gruesas, insultos, y luego un cambio de opinión muy rápido después de haber tenido una reunión con ellos. Busca mostrar cómo puede torcer el brazo a sus homólogos.
– «La pistola cargada sobre la mesa de negociación», como menciona en su ensayo.
– Es un líder que entiende el lenguaje de la fuerza y está bien establecer una relación de fuerza con él. Sin insultar, sin menoscabar, porque en estas latitudes no se estila, pero sin hacernos más pequeños. El caso de la primera ministra italiana ha sido muy interesante. Ella no se ha achicado cuando le insultó. Dijo que ella buscaba una foto con él. Y ella le respondió con un video muy claro diciendo: «No me insultes, no juegues conmigo». Desde la fortaleza, con la pistola cargada sobre la mesa. Y creo que el presidente del Gobierno también ha jugado bien ese juego.
– Dice sobre China, «que es el imperio invisible que actúa de forma sibilina a través de la diplomacia blanda», ¿ha caído el Gobierno de España en brazos del Gobierno chino?
– No, porque el Gobierno de España en los asuntos fundamentales no puede ir de por libre. El comercio internacional no es España y China, es la Unión Europea y China. Al igual que el tema de la regularización de las inversiones. España ha normalizado un diálogo con China con reuniones regulares como las que tiene el canciller alemán o el presidente francés. Es normal que esa relación exista y sea lo más fluida posible. Otra cosa es cuál es la política a seguir. La Unión Europea en estos momentos está redefiniendo su política con respecto a China para buscar el equilibrio en dos puntos fundamentales: Uno sobre el apoyo que China ofrece a Rusia con la tecnología de doble uso que a la postre le sirve a Rusia para seguir atacando a Ucrania. Y otro es el desequilibrio estructural de la economía china, que representa un tercio de la capacidad de producción industrial en el mundo, pero solo el 13% del consumo. Esa disparidad hace que el comercio internacional sea la vía de ajuste de la economía china. Teniendo en cuenta que el mercado estadounidense se ha cerrado a sus importaciones, esas acaban en el mercado europeo.
Arancha González Laya, exministra de Asuntos Exteriores de Pedro Sánchez
– En España se ha cerrado contratos de gestión y almacenamiento de las escuchas telefónicas judiciales con Huawei en contra del criterio de la Comisión Europea, por eso decía si estaba abrazándose a esa diplomacia china blanda.
– No creo que España esté incumpliendo con las directrices europeas en materia de seguridad de las redes, pero hay un margen, la Unión Europea no lo ha prohibido. Hay una serie de espacios donde los europeos han decidido protegerse de cualquier tecnología que venga de países terceros, incluido China, y, por supuesto, Huawei. España no incumple esas directrices. Pero luego hay otros espacios donde hay una libertad de acción y España, como otros estados miembros de la Unión Europea, ejerce esa libertad. Me consta que en los espacios que son sensibles para la seguridad europea y donde hay una reglamentación europea, España cumple.
– Si Rusia está usando el gas como arma geopolítica, ¿no debería España plantearse el desmantelamiento de las centrales nucleares, y así no depender tanto del gas ruso?
– Es interesante la postura española en clave energética y sobre todo a la luz de lo que ha ocurrido estos últimos meses con el cierre del estrecho de Ormuz. Porque es Rusia, pero también es el Golfo, y es Irán. Una pregunta que me hacen mucho fuera de España, cuando se mira a nuestro país es el modelo de éxito en la construcción de una descarbonización del sistema energético, en la electrificación de nuestra economía, y en reducir las dependencias de fuentes energéticas fósiles. De hecho, cuando uno mira las estadísticas, el precio de la energía en España está muy por debajo de la media en la Unión Europea. Nos miran como un país que ha tomado las decisiones de dotarse de más resiliencia en este sector energético. Y creo que los próximos pasos tienen que ser en esta dirección.
– ¿Desmantelar las centrales nucleares cuando en Europa no se está haciendo?
– No, yo no he dicho eso, sino que es muy importante dotarse de resiliencia y luego cada país decide cómo. Vivo en Francia, y allí han decidido apostar en gran medida por la energía nuclear, que no comparte Alemania, que ha apostado por exactamente lo opuesto. Nuestro caso está entre los dos, porque no nos hemos salido completamente de la energía nuclear y hay un debate sobre si seguir utilizándola. Cada país en la Unión Europea construye su resiliencia con el mix energético que quiere, aunque estamos de acuerdo en la importancia de las interconexiones para dotarnos de mayor estabilidad energética y en realizar mayores inversiones en las redes eléctricas.
– ¿Y qué han pensado del apagón? ¿Eso de irnos a negro durante tanto tiempo por un mix energético que no era estable? Se nos cayó el sistema y tenemos que pagar doble factura sin que nadie haya asumido ninguna responsabilidad.
– Los apagones tienen poco que ver si un país tiene o no energía nuclear. Francia tiene un gran parque energético nuclear y ha sufrido enormes apagones en su sistema eléctrico. Un país sin energía nuclear como Alemania también ha sufrido enormes apagones. La cuestión de las redes eléctricas y su solidez depende de las inversiones que se hagan en la red eléctrica. Esto significa que necesitamos una infraestructura que sea lo más sólida posible.
– Se involucró en la salida del opositor Leopoldo López de Venezuela, ¿cuál fue realmente su papel?
– Buscar siempre que hubiera una transición democrática en Venezuela a través de la celebración de elecciones libres, transparentes y democráticas. Y no porque no se haya conseguido, debe uno dejar de intentarlo. Dentro del marco de la Unión Europea, en el que España tiene una relación privilegiada con América Latina y una responsabilidad particular con Venezuela, construí una alianza de países de América Latina de todos los colores políticos, porque esto no va de colores, sino de democracia. Algunos gobernados por la derecha, otros por la izquierda, que estuvieran dispuestos a construir un espacio de diálogo con el régimen venezolano para que pudieran celebrarse esas elecciones libres, evidentemente con luz y taquígrafos. Es cierto que no se han celebrado y que tras la intervención estadounidense en Venezuela, no tengo muy claro que estemos acercándonos a ese punto y sea una prioridad.
– ¿Se intuía el papel que tenía José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela, que no era solamente de mediación, vista ahora su imputación en una supuesta organización criminal por tráfico de influencias?
– No lo intuí, pero en todo caso yo representaba a la política exterior de nuestro país. Sí observaba los esfuerzos que desplegaba el presidente Zapatero para mediar por la liberación de personas que estaban presas en Venezuela y eso es público y notorio. La vía oficial diplomática va por un lado y otros esfuerzos que pueda haber de otro tipo, incluidos los del presidente Zapatero, van por su propio lado.
– ¿Tenía la misma influencia el presidente Zapatero que tuvo a partir de la legislatura de 2023 en el Gobierno de Pedro Sánchez cuando estaba usted como ministra de Asuntos Exteriores?
– No me consta.
– Durante su mandato se aprobó en el Consejo de Ministros el rescate de Plus Ultra y fue también cuando Delcy Rodríguez aterrizó en Barajas a pesar de las sanciones que tenía de la Unión Europea.
– Separaría ambos asuntos. Durante la crisis del COVID, la crisis económica golpeó de una manera muy particular a un sector que es importante para nuestro país, que es el turismo y afectó a todo el ecosistema, desde las instalaciones hoteleras hasta las líneas aéreas, que se vieron varadas de la noche a la mañana. Hubo una serie de paquetes europeos con escrutinio europeo, unas directrices europeas de cómo se podía ayudar y a qué sectores. Y ahí pondría el asunto de Plus Ultra.
Durante la entrada de Delcy, no estaba en esos momentos en España, estaba en Bruselas en un Consejo de Asuntos Exteriores, pero creo que las personas que lo gestionaron dieron las explicaciones correspondientes sobre cómo gestionaron su llegada a Barajas, su paso por España, y las circunstancias.
– Todo fue bastante turbio. Fue recibida en el aeropuerto por José Luis Ábalos y Víctor de Aldama, y no hubo luz ni taquígrafos.
– Insisto, no puedo comentar algo en lo que no participé, pero sí creo que ha habido muchas explicaciones que han sido dadas en distintas sedes, pero acepto que usted me diga que le parece que debería haber más transparencia.
– Mientras usted se involucraba en gestiones sanitarias durante la pandemia de covid-19 presentando una Estrategia de Respuesta Conjunta de Cooperación Española, desde el Ministerio de Fomento Ábalos organizaba una red de tráfico de influencias para beneficiarse de la compra de mascarillas, ¿se podía imaginar que estuviera ocurriendo esa actuación delictiva dentro del Gobierno en lo peor de la pandemia?
– En absoluto. Y además es que no tenía absolutamente nada que ver con la política de cooperación al desarrollo del Ministerio, que seguía su propio cauce. Éramos parte del mismo Gobierno. Nos sentábamos alrededor de la misma mesa, pero cada uno gestionaba sus asuntos. Y en todo caso, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, que era el que yo gestionaba, lo gestionábamos desde el Ministerio con las políticas del Ministerio, con la financiación del Ministerio, y con el presupuesto del Ministerio.
– «En política exterior es a menudo inevitable caer en contradicciones, pero cuando esto ocurre, es mejor asumirlas y explicarlas», apunta. Siguiendo este razonamiento, ¿nos debe el Gobierno una explicación por el cambio de política en el Sáhara después de decidir de forma unilateral su entrega a Marruecos?
– En el libro explico algo que ha estado muy presente en los últimos meses en el debate europeo de cómo se conjugan intereses y valores, porque una política exterior es la suma de ambas. No solo intereses, y empujar por mayores beneficios económicos o mayores contratos comerciales o acuerdos con países terceros, sino con unos valores. Y no es tampoco solo valores. A veces uno tiene que comprar materias primas o gas de países que no respetan los derechos humanos. Es verdad que me parece más sensato explicarlo que ocultarlo, porque hemos visto cómo los ciudadanos detectan una disonancia. Y cuando hay una disonancia es mejor ponerla sobre la mesa que tratar de hacer como si no existiera.
Arancha González Laya durante la entrevista
– En el caso del Sáhara, el Gobierno también ha hurtado ese debate en el Parlamento, de porqué se tomó esa decisión.
– Sí, me parece que es más saludable explicar la política exterior cuando las decisiones son difíciles, porque a la postre eso va a solidificar la posición de nuestro país.
– ¿Qué cree que ha influido para ese cambio?
– No lo sé. Y como responsable política que he sido de política exterior de mi país en un tema tan sensible como ese procuro no especular porque no ayudaría a la solidez de la política exterior de España. Por encima de todo, quiero contribuir modestamente a que sea lo más sólida posible.
– Llama la atención la influencia de Marruecos en la política exterior, que incluso parece que se va a llevar la final del próximo Mundial a su territorio.
– Eso lo veremos. Eso lo veremos.
– Después de que España les hubiera invitado a sumarse a una candidatura conjunta.
– Creo que está bien que se la haya invitado. Es bueno tener buenas relaciones con nuestros vecinos. También creo que las relaciones tienen que ser desde la defensa de los intereses de nuestro país. Reivindico por encima de todo las relaciones de buena vecindad, teniendo en cuenta además el vecindario de nuestros vecinos, de Marruecos, Mauritania o Argelia, que es un vecindario muy complicado, es el Sahel. Luego, si nuestros vecinos van bien, a nosotros nos irá mejor. Y quiero pensar que también es viceversa.
– ¿Cómo se sintió cuando la Audiencia de Zaragoza le exculpó de la acogida del líder del Frente Polisario que provocó una crisis con Marruecos?
– Cerrar un capítulo que nunca tendría que haberse abierto. Eso es lo que dije entonces y es lo que repito ahora. Nunca se debió abrir, pero visto que se abrió, reivindicó que está muy bien cerrado.
– Incide en que «el declive de la democracia es visible en Estados Unidos por una concentración de poder sin precedentes, que gobierna por decreto, a espaldas del Congreso». ¿Tiene paralelismo con España donde se gobierna a base de decretos, a espaldas del Parlamento, y sin presupuestos?
– No creo que sea correcto comparar lo que ocurre en España, donde hay una mayoría parlamentaria compuesta, diversa, donde cuesta tejer acuerdos, con Estados Unidos, donde el presidente no pasa por el Parlamento. Son dos cosas distintas. En España no hay una mayoría para construir un nuevo presupuesto, pero hay una previsión legal de utilizar el presupuesto prorrogado para seguir administrando la economía de nuestro país. No es lo mismo que hace el presidente de los Estados Unidos, que toma numerosas decisiones que han sido declaradas ilegales por su Tribunal Supremo, y lo hace hurtando el debate de la oposición demócrata y a su propio partido en el Congreso. La lección que tenemos que sacar es preocuparnos por proteger nuestra democracia, proteger cómo funciona y evitar el declive y la degradación que estamos viendo en Estados Unidos.
– Y ese declive también está en los «hechos alternativos» que se intentan imponer, y decir que todo son bulos cuando muchas informaciones se terminan probando.
– Me preocupa mucho la manera en la que se construye nuestro debate público, que hoy está intermediado por unos algoritmos que no controlamos, pero marcan los términos del debate, y polarizan no simplemente en dos bloques que tengan posiciones distintas, sino en dos bloques que parten de hechos distintos. Cuando dos bloques tienen una realidad factual distinta, el suelo común sobre el que se asienta la democracia desaparece. Por eso creo que en el debate sobre si regular los algoritmos, es importante regular la tecnología y dotarnos de más transparencia.
– Dice que un hecho se cuenta de dos formas distintas. Lo estamos viendo con lo que ha ocurrido este mediodía (el martes 14 de julio). Hay una sentencia que condena al hermano del presidente del Gobierno a una inhabilitación de nueve años para empleo público por cooperación en un delito de prevaricación, e inmediatamente han salido ministros del Gobierno a decir que los jueces están intentando dar una especie de golpe de Estado.
– Me pilla sin preparar, porque no he tenido tiempo de ver la prensa, y por tanto no sé de qué caso estamos hablando. Seré prudente en lo que diga hasta que no lea por lo menos la sentencia, si hay una sentencia.
– 377 páginas tiene la sentencia y ha sido una decisión unánime de los tres magistrados de la Audiencia Provincial de Badajoz, y ya se está descalificando a esos jueces. Tampoco es la primera vez que pasa.
– Me cuesta mucho generalizar. Si le diría que en estos últimos años he visto una judicialización de la política y una politización de la justicia. Y dicho esto, no me gusta generalizar, porque creo que es incorrecto, porque pagan justos por pecadores. Pero sí creo que se está instalando en nuestro país un sentimiento y ha habido recientemente dos sondeos de opinión sobre el funcionamiento de la justicia en nuestro país.
– Sí, salieron justo a la vez en El País y en La Vanguardia…
– Y me resultan preocupantes porque entiendo que la Justicia para un ciudadano es muy importante, es la garantía última de que no va a haber arbitrariedad. Y tenemos que tener mucho cuidado todos los poderes del Estado, todos los jueces, y todos los tribunales en nuestro país en ser extremadamente escrupulosos para que no se instale esta percepción en el ciudadano.
– Creo que también es fundamental dejar a los jueces hacer su trabajo. Sigo sumarios y sentencias, y los indicios están ahí. Al igual que más de una década ha estado la Gürtel todos los días en los medios…
– La judicialización de la política no significa que no haya casos de corrupción y que los traten los juzgados y la Justicia. Eso es lo que esperamos de la Justicia en nuestro país, que cuando haya un presunto ilícito que se trate en sede judicial. Por eso evito entrar en casos particulares, porque eso opaca la labor de la Justicia en la que creo, y que además es fundamental en una democracia.
– Pero, por ejemplo, cuando hay indicios, como es el caso de José Luis Rodríguez Zapatero, en el que vemos como tenía escondidas unas joyas…
– Por eso no quiero entrar en ese debate de casos individuales, porque me parece que no es el caso. No quiero hacer un juicio de intenciones a nadie, pero sí creo que hay un malestar y hay que entender de dónde viene este malestar y hay que tratarlo.
– El malestar quizá viene porque automáticamente que sale la noticia con la sentencia, ya están ministros del Gobierno cargando contra los jueces. Me parece que eso puede incrementar ese malestar…
– Sí, pero me voy a resistir, y lo voy a hacer con uñas y dientes, a los casos individuales y a poner el cursor en un caso individual, cuando en nuestro país tenemos casos individuales de todos los colores políticos, y casos de corrupción de todos los colores. Quiero ir a la raíz del problema más que a los casos individuales, que están desgraciadamente en muchos espacios políticos, y no quiero reducir esta discusión, que me parece muy importante porque es una discusión sobre la democracia, a un caso concreto.