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Imagen tomada este sábado de una pescadería con apenas género en el Mercado Central de Abastos de CeutaCarlos Latorre

El «drama» económico en Ceuta por la invasión: «He perdido 14.000 euros y los bares apenas me compran ya»

Las pescaderías del Mercado Central de Abastos de la ciudad autónoma combinan persianas bajadas y negocios con apenas género a la venta

Los sábados son los días fuertes en cualquier mercado, independientemente de la ciudad de la que se hable o la época del año de la que se trate. Con la llegada del fin de semana y que la mayoría de gente no trabaja, los puestos se llenan y facturan como ninguna otra jornada a lo largo de la semana.

Sin embargo, ese panorama que se repite a lo largo y ancho de la geografía nacional no se está dando en Ceuta, que continúa viviendo una situación del todo excepcional como consecuencia de la invasión de inmigrantes ilegales del pasado 30 de julio.

No hace falta estar demasiado tiempo en el Mercado Central de Abastos de la ciudad autónoma para comprobar lo desalentador del problema. Entrando por uno de los laterales se baja directamente a la zona de las pescaderías, que tiene forma de letra ele.

La imagen ni mucho menos da pie al optimismo y aleja de sopetón las intentonas retóricas del Gobierno de Pedro Sánchez de que la inestabilidad es ya cosa del pasado y que se vive con plena normalidad. Nada más lejos de la realidad. En cuestión de pocos metros, las pescaderías que tienen sus persianas metálicas bajadas ascienden a ocho, en torno a la mitad de los establecimientos de este ámbito. Y todavía son las 13 horas.

Imagen tomada este sábado de varias pescaderías cerradas en el Mercado Central de Abastos de CeutaCarlos Latorre

Para colmo, en las que siguen abiertas tienen un común denominador, como es que tienen un género cuantitativamente escaso, evidenciando así otra de las derivadas de entrada masiva de irregulares desde Marruecos. Aunar, un trabajador de Pescadería Younes, habla para El Debate:

«Esto es un drama. No hay otra palabra. Un drama», lamenta, al mismo tiempo que explica las razones por las que su puesto tiene poco pescado a la venta y buena parte de él es el hielo que se utiliza para conservar el producto: «Los dos primeros días desde que entraron tuvimos que tirar casi todo el pescado que teníamos». Preguntado por si ha estimado cuánto dinero ha perdido, no tiene problema en decirlo: «Sobre 14.000 euros. Por eso te digo que esto es un drama».

«Con la Feria teníamos muchos encargos, pero como se suspendió todo se fue a la basura», relata el pescadero a este periódico. A todo ello suma que la gente sigue teniendo «miedo», por lo que tanto él como sus compañeros de puesto se han visto obligar a comprar «lo justo» de género, de ahí que a dos horas de cerrar apenas le queden unas tarrinas envasadas, tres patas de pulpo y seis recipientes con pescado, uno de ellos con ostras.

«No podemos perder ni un euro más», apunta, agregando que, para colmo, la hostelería también de está viendo afectada, lo que le repercute directamente: «Los bares apenas nos compran ya, también han reducido sus pedidos», asevera.

En otra pescadería, bastante más pequeña que el puesto número 28 en el que trabaja Aunar, otro pescadero, si bien desea expresamente no decir su nombre, coincide en lo que está sucediendo en Ceuta. Está abierto, pero de aquella manera, puesto que tiene la luz apagada y el mostrador no es sino una acumulación de cajas de corcho con pescado dentro.

Imagen tomada este sábado de un pescadero en el Mercado Central de Abastos de CeutaCarlos Latorre

El hielo que cubre el género predomina, pero en una de ellas se ven perfectamente los boquerones que ya no se venderán. A la par, el trabajador lava y agolpa una montaña de gambas blancas que, salvo giro inesperado de última hora, compartirán destino con los boquerones.

«Claro que el miedo nos ha afectado. Mucho. Hemos cerrado y la gente tiene miedo, aunque poco a poco está viniendo a comprar». Aun con todo, el responsable del negocio, que solo permite que se le haga una foto estando de espaldas, matiza: «Pero no como antes de todo lo que nos ha pasado». Para finalizar una conversación en la que está visiblemente incómodo, zanja con un pesimista augurio: «Creo que volver a estar como antes va a costar mucho tiempo. Esta vez ha sido peor».