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Ilustración de Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma de Ceuta

Ilustración de Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma de CeutaEl Debate (asistido por IA)

El Perfil

Vivas, un funambulista entre Rabat, Sánchez, PP y Vox

Se trata del presidente que más años lleva al frente de una Autonomía (ciudad autónoma en el caso de Ceuta y Melilla) y se ha forjado un carácter templado y conciliador

Suena el teléfono en el Palacio de La Moncloa. Es lunes, 27 de julio. Quien marca el número de Presidencia del Gobierno es Juan Jesús Vivas Lara (Ceuta, 73 años), presidente de esa ciudad autónoma, adonde están llegando del orden de 200 inmigrantes al día procedentes de Castillejos. Quien atiende el auricular es el jefe de gabinete del Ejecutivo, Diego Rubio, que se limita a pedirle al responsable ceutí que «no se preocupe». Pedro Sánchez no se pone. Apenas tres días después, Rabat manda hasta 70.000 de sus ciudadanos, una suerte de proyectiles humanos en chancletas para invadir una de las dos plazas españolas en el continente africano y mostrar ante el mundo la debilidad del Gobierno español que no mueve un dedo para defender su territorio y arrastra los pies durante diez largas horas del jueves 30 de julio. Marlaska, al que el dirigente ceutí defendió en la anterior crisis migratoria de 2021, llega a desmentirle en esta sosteniendo que no tuvo ninguna información -«nada parecido a lo que sucedió»-, de parte de nadie. Ni del CNI, ni de Vivas.

El atribulado dirigente ceutí seguro que recordó la factura política que tuvo que pagar por haberse puesto del lado de Sánchez y Marlaska en la andana de Mohamed VI en 2021. En aquel ensayo de hace cinco años, cuando el régimen ya asaltó nuestras fronteras con más de ocho mil personas, la mitad de ellos menores, el barón popular no puso un pero a Moncloa, a pesar de que un auto judicial afeó las decisiones de Marlaska. Como un funambulista caminando sobre el alambre, trató de mantener el equilibrio entre «el sentido de Estado» de colaborar con la Administración del Estado y las críticas que vertía su partido, entonces dirigido por Pablo Casado. En cuestión de horas, y gracias al criterio de Vivas, Génova pasó de pedir la dimisión del ministro del Interior a cerrar filas con su gestión.

Con su retórica apaciguadora, aplacó los ataques de su partido al Gobierno central, pero es sabedor de que ese discurso alimentó a un Vox que tiene en Ceuta un importante nicho electoral y que ya entonces criticó que Vivas se alineara con Sánchez, sobre todo en el asunto de los menores no acompañados. Pero la relación con esta formación a su derecha terminó de achicharrarse cuando el PP se abstuvo en la votación para que se declarara persona non grata a Santiago Abascal, tras los incidentes durante su visita a Ceuta en 2021, coincidiendo con la entrada irregular de miles de jóvenes. Cinco años después, Vivas y Vox siguen tan enfrentados que esta última formación ha calificado la solicitud de solidaridad al Gobierno o a las instituciones europeas por parte del presidente ceutí como «lloriqueos permanentes».

Lo cierto es que Vivas es el presidente que más años lleva al frente de una Autonomía (ciudad autónoma en el caso de Ceuta y Melilla) y se ha forjado un perfil templado y conciliador. Una de sus obsesiones es defender la españolidad de su ciudad: «Ceuta -sostiene- es España porque lo dice la historia, el derecho y porque lo quiere el corazón de todos los ceutíes; cristianos, musulmanes, judíos e hindúes». Conoce esa tierra como la palma de su mano. Este «caballa» nacido en la calle Jáudenes ha cohabitado nada menos que con cuatro presidentes en Madrid. Llegó al poder unos meses antes del 11-S, tras la moción de censura contra el GIL firmada por PP, PSOE, Partido Democrático y Social de Ceuta y cuatro tránsfugas de las siglas del expresidente del Atlético de Madrid. Dos años después, en 2003, el PP hacía historia de la mamo de Vivas logrando mayoría absoluta, que repitió en 2007, 2011 y 2015. Desde 2019 ha sufrido caídas importantes de voto por lo que ha tenido que gobernar en minoría, con Vox pisándole los talones.

Su dilatada carrera le ha hecho tener que negociar la defensa de ese pequeño territorio español de 18,5 kilómetros cuadrados y 83.595 ciudadanos con Aznar, Zapatero, Rajoy y ahora con Sánchez. Sabe bien de los delicados equilibrios con el vecino del sur. En febrero de 2006 recibió a Zapatero en visita oficial -la primera de un presidente desde Adolfo Suárez- y un año después, sería el anfitrión del Rey Don Juan Carlos, que pisaría con Doña Sofía esa ciudad española, además de Melilla. Cuando le fue adelantada la buena nueva, Vivas declaró: «Me han dado la noticia que llevábamos 80 años esperando». Ahora espera la de Felipe VI, que acaba de recibirle en Marivent y anunciarle que está en sus planes recorrer esas calles tan españolas -Sánchez, mediante. Precisamente al actual presidente socialista lo más cerca que lo ha tenido de Ceuta es cuando se fue de vacaciones con su mujer a Marruecos, tras haber cambiado nuestra posición en el conflicto del Sahara sin consenso y sin transparencia alguna.

El joven Juan Jesús estudió en el Colegio San Agustín de Ceuta y posteriormente se fue a Málaga para licenciarse en Ciencias Económicas. Trabajó en la empresa privada hasta que, con 23 años, obtuvo una plaza por oposición en el Ayuntamiento de la ciudad, puesto que mantiene. Casado con Loli Puya y padre de dos hijos, debutó en política con 43 años como diputado en la Asamblea y consejero de Economía y Hacienda con el Gobierno presidido por Jesús Cayetano Fortes Ramos, del PP. Cuenta que una de sus etapas más felices fue cuando ejerció como profesor tutor en el Centro Asociado de la UNED en la ciudad autónoma. Aunque su esposa, con la que lleva casado casi medio siglo, mantiene un perfil muy discreto, hace unos años Vivas le agradeció «no hacerme ningún reproche», acompañarme «en las noches de insomnio» y «de cualquier forma, querida Loli, como esto sigue, ya sabes, lo mejor está por venir». Aunque su futuro político sigue en el aire: si se presenta dentro de un año y consigue revalidar sería su séptimo mandato. No es poca cosa para alguien que fue considerado un «candidato de transición» en la moción de censura de 2001. El presidente por accidente lleva un cuarto de siglo defendiendo su tierra natal.

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