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De lunes a lunesFrancisco Rosell

…Y si España se deja mejor invadir por Italia que por Marruecos

Pocas cosas suceden, empero, con quienes no pecharán por su alto delito de traición tipificado en la Constitución al no activarlo un Parlamento en el que a las minorías que sustentan a Sánchez les importa un bledo que un país vecino se apodere de España al estar más interesados en desocupar a ésta de los territoritos donde poseen representación

Cientos de inmigrantes ilegales reciben atención sanitaria en la playa del Trampolín de Ceuta,Europa Press

Como la tragedia española nunca es tragedia, sino esperpento, como refiere uno de los personajes de Luces de bohemia, hay que convenir con Valle-Inclán, creador del neologismo, en que hay que «buscar el lado cómico en lo trágico de la vida». Quizá es lo que cabe hacer cuando, tras dejar invadir Ceuta por Marruecos y darle las gracias al invasor, Pedro Sánchez desata, como maniobra de distracción, una guerra de pasaportes con Italia porque su primera ministra Giorgia Meloni adopta medidas contra esa política migratoria que pone en riesgo «la seguridad de todos» al regularizar a todo ilegal que entra.

Ante esa parodia nacional, como en la película Un golpe de gracia, de Peter Sellers, en la que un empobrecido ducado europeo declara la guerra a EE.UU. con la esperanza de perderla, ser conquistado y ello le reporte la prosperidad, mejor recobrar la dependencia de los hijos de Roma que de los bereberes. En este sentido, cabría mandar a la Armada española a poner cerco a la bahía de Nápoles, dado que no comparece en el Estrecho para no enfadar al sultán alauita, y dejarse derrotar debido a la clamorosa deserción de Sánchez a la hora de preservar la integridad territorial.

Bromas aparte, lo cierto es que, si desde que Marruecos dejó de ser un protectorado franco-español en 1956 hasta la masacre yihadista del 11-M de 2011 que cambió la historia nacional, España limitaba tanto al norte por geografía como al sur por geoestrategia con Francia, ahora lo hace por ambos lados con Marruecos. En efecto, a raíz del macroatentado que posibilitó que José Luis Rodríguez Zapatero fuera «presidente por accidente» al hacer saltar también por los aires los vaticinios demoscópicos favorables al PP, España pasó a delimitar al norte y al sur con Marruecos al atenazar el reino alauita a Francia con su poderosa diplomacia y sus persuasivos lobbies, así como su quintacolumnismo de millones de emigrantes y su espionaje a los inquilinos del Elíseo.

Tras la cadena de atentados de 2003 en Casablanca contra objetivos occidentales como la Casa de España –con sus más de cuarenta muertos y cientos de heridos– y la posterior masacre islamista de Madrid, Mohamed VI imprimió un giro copernicano a las relaciones con Zapatero como peón que favoreció el expansionismo marroquí y el blanqueamiento de ETA mutando su derrota en victoria política. Desde el viaje de Zapatero como líder de la oposición, en plena crisis diplomática a cuenta de la toma del islote de Perejil en el verano de 2002, España hipotecó su política exterior con Marruecos y la interior con el separatismo, sin atender la advertencia de Rousseau: «Si Esparta y Roma perecieron, ¿qué Estado puede tener esperanza de pervivir siempre?».

De hecho, España se convirtió en paso franco para el expansionismo de Rabat tras recibir Mohamed VI a Zapatero bajo un mapa del Gran Magreb engrosado con Ceuta, Melilla y Canarias, así como el Sahara español, sin esperar a la capitulación de Sánchez tras el hackeo de su móvil y retratarlo su colega marroquí, Aziz Akhannouch, delante de una escultura de Tariq ibn Ziyad, el general beréber que venció en la batalla de Guadalete en el 711, inicio a ocho siglos de dominación musulmana. Ante tal avasallamiento, Sánchez responde como Woody Allen sobre la conducta de sus progenitores con él: «Siempre he tenido buenas relaciones con mis padres. Me parece que sólo me pegaron una vez en toda mi infancia. Empezaron el 23 de diciembre de 1942 y acabaron en la primavera de 1944».

Adquiere caracteres de anatomía de un instante la foto divulgada por los servicios de propaganda de La Moncloa en la que, al cabo de ocho días de la «marcha azul» sobre Ceuta de esos 72.000 hijos de Mohamed V

Así, desde la traición del conde ceutí Don Julián, al que reivindicó el escritor Juan Goytisolo en la novela de este título que publicó en 1970 para luego terminar viviendo en Marruecos como quien quiso vengar el presunto abuso sexual de una de sus hijas por el último rey visigodo, toda intromisión marroquí en España se ha visto favorecida por un conde don Julián o un secretario real como Antonio Pérez que se vengó de Felipe II asesorando a reinos enemigos, o por un partido lobby como el PSOE que trata de usar al Rey don Felipe como algunos gerifaltes franquistas instrumentalizaron a su padre en la «Marcha Verde».

En la actual encrucijada con Marruecos, adquiere caracteres de anatomía de un instante la foto divulgada por los servicios de propaganda de La Moncloa en la que, al cabo de ocho días de la «marcha azul» sobre Ceuta de esos 72.000 hijos de Mohamed VI, se observa a Sánchez en una reunión telemática con cinco ministros y algunos fontaneros no para darle respuesta al vecino del Sur, sino para emprender la guerra de los pasaportes contra Italia. En ella, Sánchez aparece sentado en una mesa de despacho en La Marea posando sin piernas en modo trabajo para sofocar las críticas sobre sus vacaciones a cuerpo de rey con más escoltas que Ceuta tuvo para su defensa la jornada en la que Mohamed VI quiso celebrar su Fiesta del Trono dándose el gusto que Aznar le negó en Perejil por sus desposorios. Esa imagen es la traducción de un ejercicio constante de manipulación de la opinión pública, pero también de una política sin pies («stricto sensu») y sin cabeza atendiendo a sus nefandas secuelas.

Las minorías que sustentan a Sánchez les importa un bledo que un país vecino se apodere de España

En medio de ese atolladero, Sánchez recurre a la cortina de humo que tan bien retrata la película de ese título en la que un asesor presidencial con los servicios de un excéntrico productor hollywoodiense, pero que hoy desempeñan el jefe de gabinete de Sánchez, Diego Rubio, y el presidente de RTVE, José Pablo López, inventa una guerra con Albania y la televisan para apartar a la opinión pública del escándalo que involucra al inquilino del Despacho Oval. En su relación ciclotímica con la primera ministra Meloni, deambulando de aquel «querida Giorgia estoy encantado de estar aquí» con la que la saludó en Roma en 2023 a transfigurarla en chivo expiatorio, acredita que no está dispuesto a asumir sus responsabilidades dado que, como manifiesta el réprobo y reprobado Marlaska, «hay muchas cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad».

Pocas cosas suceden, empero, con quienes no pecharán por su alto delito de traición tipificado en la Constitución al no activarlo un Parlamento en el que a las minorías que sustentan a Sánchez les importa un bledo que un país vecino se apodere de España al estar más interesados en desocupar a ésta de los territoritos donde poseen representación. Aunque le amenacen de vez en cuando, pensarán lo que aquel otro chiste de Woody Allen. «Tengo un hermano que se cree que es una gallina», le dice uno a otro, y su interlocutor le pregunta; «¿Por qué no lo llevas a un psiquiátrico?», respondiéndole: «Es que necesito los huevos».

Todo con el abstencionismo añadido de una presidenta de la Comisión Europea como Von der Leyen que privilegia como Sánchez el puesto que ocupa a los deberes que entraña el cargo. Menos mal que aún quedan adultos en la Secretaria de Estado norteamericana que han respaldado «sin ambigüedad la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla» lamentando -eso sí, como otros gobiernos europeos- la incapacidad del Ejecutivo monclovita para «defender su soberanía, asegurar sus fronteras y proteger a su pueblo». Pero qué mejor para el aspirante a sátrapa de este lado del Estrecho, tras dejar entrar a tantos ilegales como población tiene la ciudad española, que exigirles el pasaporte a los italianos, mientras dedica más agentes policiales y militares a sus vacaciones y a su zona de baño. Valiente petimetre quien hace vicio del uso espurio de las instituciones del Estado como si fuera la moto de gran cilindrada de su suegro Sabiniano, el de las saunas, con la que fardaba ante los amigos a los que no dejaba ni aproximarse.

Pero, qué más le da quien cultiva su cuerpo y elabora listas de canciones de verano, mientras miles de invasores campan a sus anchas atemorizando a las gentes de Ceuta con los cadáveres de los ahogados amontonándose en su morgue del antiguo hospital militar y sucediéndose las violaciones de niñas entre las reyertas y asaltos que colapsan una ciudad a merced de un rey que utiliza a los suyos como carne de cañón. Consolidar el caos al que se resisten los caballas que ayer salieron en manifestación es propiciar la salida de los españoles con esta marcha azul que va camino de operar los efectos de la verde 1975 tras tomar Mohamed VI el testigo de la política de su padre para transmitírsela a su heredero.