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Un grupo de inmigrantes intentado cruzar a nado la frontera para llegar a Ceuta

Un grupo de inmigrantes intentado cruzar a nado la frontera para llegar a CeutaEuropa Press

El milagro del 15 de agosto

El foco no es el 15 de agosto: es lo que pasó en julio, lo que se sabía antes de que pasara y lo que no se hizo para evitarlo. Quién sabía qué, cuándo lo supo y por qué calló sin hacer lo que juró o prometió hacer

El 15 de agosto, día de la Asunción, no habrá apocalipsis en Ceuta. Por más que parezca que lo anuncian los servicios de inteligencia, lo amplifiquen las redes y lo repitan los boletines de noticias como si contaran las horas para el fin del mundo. No habrá nuevo asalto a la frontera. No lo habrá. Todo está pactado a un lado y otro de la valla, como estuvo consentido lo anterior.

Porque a alguien se le fue la mano. Casi 80.000 personas irrumpieron por la fuerza en territorio español sin que nadie moviera un músculo. Y un centenar de muertos, que pudieron haber sido muchos más. Escríbanlo despacio, que duele: un centenar de muertos. Esas son las cifras que deberían quitarnos el sueño, no una fecha del calendario. Pero el poder ha decidido que este agosto la conversación nacional gire en torno al asalto que no va a producirse, y no en torno al que ya se produjo.

La ministra de Defensa ha proclamado que Ceuta y Melilla son «españolísimas». Loable convicción. También lo eran el 30 de julio, y aquella españolidad superlativa no impidió lo que sucedió. La retórica de superlativos es el recurso de los gobiernos cuando faltan las decisiones: cuanto más se adjetiva la soberanía, menos se ejerce. Quevedo lo habría despachado en un verso; a nosotros nos toca despacharlo en comisión. En cualquier democracia seria, una quiebra de la frontera de esta magnitud habría abierto una crisis de Estado, y alguna dimisión. Aquí abrió, de momento, un paréntesis de agosto.

Y dentro del paréntesis, un detalle que retrata todo lo demás: la titular de Defensa no acudirá al Senado este mes, después de haberlo anunciado. Al parecer no le da tiempo a preparar su asistencia en comisión. Hace tres días sí, ahora ya no. El calendario de la señora ministra es tan flexible como su relato: se estira o se encoge según convenga al guion.

Porque el guion de septiembre está escrito

A la vuelta de las vacaciones comparecerá el Gobierno en pleno para explicarnos lo bien que actuó el día 15, ese día en que —oh, sorpresa— no ocurrió nada. La convocatoria del asalto que nunca llegará habrá cumplido entonces su función: fabricar un éxito de gestión que tape la tragedia de julio. Es la vieja técnica del prestidigitador, tan vieja como el poder mismo: mirad mi mano derecha, la del 15 de agosto, para que nadie mire la izquierda, la de los cien muertos. Tácito ya lo dejó dicho de los emperadores que celebraban victorias sobre enemigos que ellos mismos habían inventado.

A algunos no nos la dan. El foco no es el 15 de agosto: es lo que pasó en julio, lo que se sabía antes de que pasara y lo que no se hizo para evitarlo. Quién sabía qué, cuándo lo supo y por qué calló sin hacer lo que juró o prometió hacer. Eso es lo que exigiremos explicar, con documentos y comparecencias, cuando se levante el telón parlamentario. Con papeles, no con adjetivos. Las fronteras no se defienden con superlativos: se defienden con decisiones, y las decisiones dejan rastro escrito.

Guarden este artículo. Y reléanlo en septiembre, cuando el Gobierno celebre el milagro de la Asunción: el asalto que se desvaneció en el aire, hasta la próxima vez que convenga. Porque este análisis no se lo da a ustedes ni ChatGPT, ni Claude… Gracias a Dios.

  • José A. Monago Terraza es portavoz adjunto del Grupo Popular en el Senado, miembro de la Comisión Mixta de Seguridad Nacional, Defensa y portavoz de la Comisión Exteriores.
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