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Cartel de búsqueda de Juan Pedro

Cartel de búsqueda de Juan Pedro

Los grandes enigmas criminales de España (VIII): El niño de Somosierra, el misterio que comenzó con un accidente

El Debate reconstruye este verano los casos que más desconcertaron a la Policía y a la Guardia Civil y que, años después, siguen dejando preguntas sin respuesta

La madrugada del 25 de junio de 1986 comenzó como un viaje familiar y terminó convirtiéndose en uno de los mayores misterios criminales de la España reciente. Andrés Martínez, camionero de profesión, había salido la tarde anterior de Los Cánovas, en Fuente Álamo (Murcia), acompañado por su mujer, Carmen, y por su hijo Juan Pedro, de diez años, con destino a Bilbao, donde debía entregar una carga de unas 24 toneladas de ácido sulfúrico fumante. El viaje tenía también un componente familiar, ya que los padres habían decidido llevar consigo al niño como recompensa por sus buenas notas y después tenían previsto continuar hasta el País Vasco para pasar unos días allí. Sin embargo, cuando el camión descendía por el puerto de Somosierra, en la antigua carretera N-I, el vehículo se salió de la carretera y volcó, los dos adultos murieron y el cuerpo de Juan Pedro desapareció sin dejar rastro.

El accidente se produjo alrededor de las 6.30 de la mañana, en una zona de curvas cerradas en la que el camión circulaba a una velocidad muy elevada. El vehículo, un Volvo F12, había recorrido durante la noche buena parte del trayecto desde Murcia y, según los registros del tacógrafo, había realizado numerosas paradas en los últimos kilómetros antes del siniestro. En apenas unos 18 kilómetros llegó a detenerse doce veces, algunas durante unos pocos segundos, una circunstancia que adquirió una importancia extraordinaria cuando los investigadores trataron de reconstruir lo sucedido aquella madrugada. Poco después de esas paradas, el camión inició el descenso a gran velocidad, hasta superar ampliamente los límites de la carretera, y terminó volcando en una de las curvas del puerto.

Cartel de búsqueda de Juan Pedro

Cartel de búsqueda de Juan Pedro

Por si fuera poco, el ácido sulfúrico que transportaba la cisterna se derramó sobre la carretera y alcanzó parte de los cuerpos de los ocupantes. Cuando los equipos de rescate pudieron trabajar en el lugar encontraron los cadáveres de Andrés y Carmen, pero no el de su hijo. Tampoco apareció inicialmente una explicación que permitiera entender cómo un niño de diez años podía haber desaparecido de un camión siniestrado en el que, según habían confirmado familiares y testigos, viajaba junto a sus padres. Entre los restos del vehículo sí aparecieron prendas de Juan Pedro e incluso una de sus zapatillas, lo que permitió confirmar que había estado dentro del camión, pero de él no había ninguna otra señal.

La primera explicación que se llegó a plantear es que el ácido podía haber destruido el cuerpo del niño, una posibilidad que, pese a la espectacularidad con la que fue difundida, terminó siendo descartada por los investigadores al comprobarse que la actuación de los servicios de emergencia había sido suficientemente rápida como para impedir que los cadáveres quedaran completamente disueltos. La ausencia del cuerpo, por tanto, continuó sin explicación.

Doce paradas en 18 kilómetros

Uno de los elementos que más llamó la atención de los investigadores fue precisamente el comportamiento del camión antes del accidente. El tacógrafo registró doce paradas en el tramo final del recorrido, algunas de ellas extraordinariamente breves y sin que existiera una causa aparente que justificara tantas interrupciones. La más larga apenas alcanzó los 22 segundos. No había un atasco que pudiera explicar aquella sucesión de frenadas y arranques, y el dato adquirió todavía más relevancia cuando se comprobó que el vehículo, que había sido revisado antes de emprender el viaje, no presentaba problemas mecánicos ni fallos en los frenos que pudieran explicar el accidente.

Durante mucho tiempo, aquellas paradas fueron uno de los grandes interrogantes del caso. Una de las teorías que posteriormente cobró fuerza sostenía que el camión podía estar siendo seguido por otro vehículo y que, en alguna de esas detenciones, Juan Pedro habría sido obligado a abandonar el vehículo. La hipótesis llegó a relacionarse con el descubrimiento, aproximadamente un año después del accidente, de restos de heroína ocultos en la cisterna cuando esta fue desguazada.

La familia había sostenido además que Andrés había recibido presiones y amenazas para transportar aquella mercancía, aunque ni él ni su mujer tenían antecedentes relacionados con el consumo o la distribución de drogas. A partir de entonces comenzó a cobrar forma la posibilidad de que el viaje no hubiera sido únicamente un transporte de mercancía y que Juan Pedro pudiera haber sido utilizado como rehén para garantizar que la carga llegara a su destino. De acuerdo con esta teoría, varias personas podrían haber seguido al camión para asegurarse de que el transporte se realizaba correctamente y habrían aprovechado una de aquellas paradas para llevarse al niño.

Un bombero con mascarilla para respirar observa los restos del camión cisterna que colisionó con varios vehículos.

Un bombero con mascarilla para respirar observa los restos del camión cisterna que colisionó con varios vehículos.EFE

No existe, sin embargo, ninguna prueba que permita afirmar que eso fue lo que ocurrió. La teoría del secuestro vinculado al narcotráfico ha sobrevivido durante décadas precisamente porque permite encajar algunos de los elementos más extraños del caso, pero nunca llegó a transformarse en una explicación judicialmente acreditada. Tampoco pudo determinarse quién habría intervenido en la supuesta operación, qué ocurrió exactamente con el menor después de abandonar el camión ni dónde podría haber sido llevado.

A las dudas sobre el tacógrafo se añadió otro testimonio que alimentó todavía más el misterio, y es que varias personas aseguraron haber visto poco después del accidente una furgoneta blanca en las proximidades del lugar, de la que habrían bajado dos personas, una de ellas una mujer de edad avanzada que dijo ser enfermera. Según los testimonios recogidos entonces, aquellos individuos se acercaron al camión, manipularon algunos de los restos y abandonaron rápidamente el lugar después de sacar un bulto del vehículo. La posibilidad de que aquel bulto fuera Juan Pedro convirtió a la furgoneta en una de las principales pistas de la investigación.

La Policía llegó a investigar miles de vehículos que podían coincidir con las características descritas por los testigos, pero tampoco aquella línea condujo hasta una respuesta definitiva. El problema, como en tantos otros casos de desapariciones ocurridas hace décadas, fue que una parte esencial de la investigación dependía de testimonios tomados después de un accidente caótico, en unas circunstancias excepcionales y sin medios tecnológicos que hoy permitirían comprobar muchas de las afirmaciones realizadas entonces.

Mientras las distintas hipótesis se sucedían, la familia de Juan Pedro nunca aceptó que el caso pudiera darse por cerrado sin conocer qué había ocurrido con el niño. Uno de sus tíos emprendió incluso una investigación paralela que acabaría convirtiéndose en una búsqueda personal durante décadas. Recorrió carreteras y cunetas entre Madrid y Burgos tratando de encontrar cualquier indicio que pudiera explicar dónde había terminado el pequeño, convencido de que, si alguien lo había sacado con vida del lugar del accidente, podía haber ocurrido después cualquier cosa.

Con el paso del tiempo aparecieron nuevas teorías, algunas relacionadas con el tráfico de drogas y otras con la posibilidad de que Juan Pedro hubiera sobrevivido al accidente y hubiera sido trasladado a otro lugar. También se ha investigado la posibilidad de que alguna persona hubiera recogido al niño después del siniestro y de que hubiera muerto posteriormente, sin que su cuerpo fuera localizado. Ninguna de estas hipótesis ha podido ser demostrada.

Cuarenta años después, la familia continúa reclamando que quienes pudieran conocer la verdad hablen antes de que sea demasiado tarde. Juan García Legaz, portavoz de los familiares e investigador del caso, ha insistido recientemente en que la única posibilidad real de esclarecer la desaparición pasa por que alguna de las personas que pudiera haber participado o conocido lo ocurrido decida romper su silencio. La familia también ha intentado obtener nuevas muestras genéticas de los padres de Juan Pedro, cuyos restos sí fueron recuperados, con el objetivo de disponer de un perfil que pudiera facilitar futuras comparaciones, aunque esa petición de exhumación no llegó a prosperar judicialmente.

Interpol llegó a incluirlo entre las desapariciones más extrañas de Europa de las últimas décadas del siglo XX, pero quizá lo más extraordinario no sea que existan tantas teorías, sino que ninguna haya conseguido cerrar el círculo. Juan Pedro subió a aquel camión en Murcia la tarde del 24 de junio de 1986 y, en algún momento entre aquella noche y el accidente de la mañana siguiente, dejó de existir para el mundo. Desde entonces, nadie ha podido decir con certeza dónde estuvo por última vez ni qué fue de él.

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