Miles de inmigrantes continúan instalados en las calles de Ceuta sin que se vea una solución cercana
La mirada y el corazón siguen en Ceuta
La invasión estaba orquestada desde hacía tiempo y, lógicamente, era conocida por ambos sátrapas, Mohamed y PS, y que los informes de inteligencia la detectaron días antes así lo confirma. Y la fecha tampoco fue casual
Día 27 del pasado mes de julio. Como todos los años, ese día inicio mis vacaciones en Ceuta, mi ciudad. Sí, soy de Ceuta, ceutí, caballa. Allí nací, me crie, me eduqué y solo por designios de mi profesión debí marcharme, pero nunca he dejado de venir, al menos una vez al año, y de seguir familiar y sentimentalmente firmemente unido a mi pueblo. Ya antes de ese día habían comenzado los numerosos desembarcos de nadadores en las costas de la ciudad. Pude verlo en directo durante las primeras horas de la mañana del 28. Por su aspecto, parecían nadadores profesionales: algunos con buen estilo, trajes de neopreno, aletas, fundas de plástico para el móvil y dinero en efectico. En fin, parecía que los asaltos desde la mar eran premeditados y quien podía imaginar, referido a nosotros los ceutíes de a pie, que eran los preparativos del asalto final.
Este aluvión de nadadores ya había sido comunicado al Gobierno central desde el de la ciudad, pero desde allá, desde Madrid, respondieron que era lo habitual en estas fechas veraniegas. Una vez más quedaba reflejado, como en la mayoría de las esferas de la vida, que la distancia entre dirigentes y los españolitos de a pie es una brecha enorme, casi insalvable en demasiadas ocasiones. Y como decíamos antes, todo esto no fue más que el preámbulo de la gran tormenta que se desató el día 30 y continuó a lo largo del 31 de julio. Ante la mayor permisividad e incluso apoyo de la policía fronteriza marroquí, y de la incapacidad de la española, miles de personas invadieron la ciudad en un número que desde el primer momento supuso una inútil guerra de cifras. Que si 60 mil, que si 70 mil. Lo cierto es que no se tenía ni idea. Si se sabe, pues se recuperarían sus cuerpos, que 140 personas murieron ahogadas. Esta cifra permanece en un lado de los informes, orillada, olvidada.
Se dice que al día siguiente regresaron unos 50 mil y que unos 10 mil permanecen desde entonces en Ceuta. Lo cierto es que no se sabe con exactitud ninguna cifra, al menos, públicamente. Y los que permanecen deambulan por las calles y diferentes barrios, están escondidos en los montes u ocultos en casas de la Barriada de El Príncipe o ahora confinados en los centros ¿temporales? que el Gobierno central ha tenido a bien en implantar en la ciudad. Desde el primer día pretendieron hacernos creer que los que se marcharon al día siguiente fue fruto de la excelente gestión española con la extraordinaria colaboración del Gobierno de Marruecos. Pero es mucho más grave. Es fácil saber que esos eran la cortina enviada para cubrir a aquellos con instrucciones de quedarse. Estos sabían dónde tenían que ir, a quién acudir, qué hacer una vez ya en Ceuta. Muchos de ellos pronto aparecieron con ropas nuevas, con teléfonos, con comida comprada con sus fondos o donada por parte de la población. Y así siguieron los mensajes y visitas triunfalistas desde el Gobierno central: «Ya se han ido 70 mil»; «la colaboración con Marruecos es ejemplar». En fin.
A partir de aquí desearía compartir con ustedes algunas reflexiones personales basadas, no ya solo en lo ocurrido en esos días y que así continúa a día de hoy, sino también en mis observaciones de estos últimos años por el interés que tengo por mi ciudad. La invasión estaba orquestada desde hacía tiempo y, lógicamente, era conocida por ambos sátrapas, Mohamed y PS, –no merece que el nombre de un presidente del Gobierno traidor a su país sea escrito en su totalidad– y que los informes de inteligencia la detectaron días antes así lo confirma. Y la fecha tampoco fue casual. Nótese que en el momento del inicio del asalto a nuestra frontera el rey moro celebraba la fiesta del trono en El Rincón, pueblo en línea visual directa de Ceuta a solo 20 kilómetros, y donde posee uno de sus múltiples palacios y que es uno de sus favoritos.
No es descartable, pues, que el sátrapa marroquí permaneciese observando con elementos ópticos de precisión los resultados del maquiavélico plan riendo y pleno de satisfacción. ¿Les suena esto? Pretender hacernos creer que nadie supo nada a ambos lados de la frontera de lo que iba a ocurrir y de sus dimensiones es realmente mucho pedir, es un imposible. Pudiera ser que ambos personajes hayan querido evaluar las reacciones que a nivel nacional e internacional tendría la invasión tratada de convertir hábilmente ya desde el principio en crisis humanitaria por la maquinaria mediática gubernamental –ministros, radios, televisiones y periódicos–. Pero el pueblo español, el de Ceuta al frente de todos, saben lo que ha ocurrido y las consecuencias que está teniendo y tendrá si no se soluciona en un plazo breve. Y ambos la han contemplado plácidamente desde sus largos y dorados, nunca mejor dicho, retiros veraniegos.
Y lo de renombrar la invasión como una crisis humanitaria constituye un relato también ya preparado de antemano y que con cuentagotas fueron dejando caer los ministros que como penosas gotas de agua empezaron a aparecer por la ciudad de Ceuta en una procesión lenta y lamentable. Triste, cada cual peor. Así, nótese que ya el 1 de agosto el periódico pro-gubernamental El País, falto de toda sensibilidad e impúdicamente, como el Gobierno al que defiende, cantaba a los cuatro vientos que realmente el problema de Ceuta era que no tenía sitio suficiente para acoger a tal número de «inmigrantes». ¿Les suena? Un mes después el Gobierno ordenaba crear alojamiento para 4 mil personas más. A lo largo de esos primeros días de la invasión también se desarrollaron tensas reuniones en torno al delegado del Gobierno, siniestro personaje, a las que asisten todas las autoridades de la ciudad tales como el Presidente, el bravísimo señor Vivas, y el excelente Comandante General, general de división Herrero entre otros. Sobre la actuación de algunas instituciones volveremos más adelante.
En estas reuniones ya se detecta desde el principio el cerril apoyo del delegado a la política y relato gubernamental y sus reticencias a iniciar la resolución de la crisis. En la ciudad, y como ya hemos apuntado, los invasores van campando a sus anchas, con nuevas indumentarias, todos con móviles de alta gama y en continuas teleconferencias con personas del hoy mal avenido país vecino. Ojo, cuentan con el apoyo de gran parte de la población por razones que pudieran ir más allá de razones humanitarias. Comienzan a molestar en las terrazas de bares y cafeterías, supermercados, playas, y a las gentes de las barriadas de la periferia en actitud desafiante. Todo bien orquestado, los cabecillas están dentro, claro. Los ataques bien preparados de baja intensidad a patrullas militares así lo corroboran.
Todos signos de insurgencia, por el momento de baja intensidad, pero insurgencia. Y que tras más de un mes no se haya iniciado una expulsión masiva de invasores escudándose en no vulnerar la legalidad (¿?) pudiera ser una señal más del deseo concertado entre ambos sátrapas de inyectar una nueva y notable cantidad de marroquís a la ciudad; ¿les suena esto también? Regularización masiva con el presidente González en 1986. En clave nacional, PS necesita seguir alentando el fantasma de «que viene la ultraderecha». Y así, un ministro tras otro, y ministras para que no crean que olvidamos la cuota de género, fueron acusando al señor Vivas y al Partido Popular de abrazar el discurso de Vox ¿algo más demencial en plena crisis? Pero es que el relato, insistimos, ya llevaba meses preparado. El delegado del Gobierno en Ceuta, triste personajillo que dice ser de Ceuta, apoyó esta versión desde los primeros días. Y dice ser de Ceuta porque ha nacido allá, pero para ser ciudadano de cualquier lugar del mundo no es condición necesaria haber nacido en ese pueblo, sino vivir con intensidad, amor, lealtad, y luchar y trabajar por sus intereses, que son los de sus conciudadanos. En definitiva, todo lo contrario de este apesebrado sanchista que dice ser amigo de PS desconociendo que PS no tiene amigos, sino lacayos mientras le sirven. Allá él.
Como decía anteriormente, no puedo dejar de referirme al papel de algunas instituciones, en particular la Corona y las Fuerzas Armadas, de las pocas que quedan prácticamente vírgenes en el lodazal que se va convirtiendo nuestro país y con los poderes legislativo y ejecutivo, bien uno ya anulado, bien uno ya aleccionado, están desarrollando en esta crisis nacional provocada por la violación de nuestra integridad territorial. La mañana del 1 de agosto, S.M. el Rey Felipe VI emitía una dura nota expresando su indignación por los graves acontecimientos de Ceuta y pedía medidas para que no se repitiesen. Pocos días después recibía al presidente Vivas en Palma de Mallorca y le prometía visitar Ceuta en el futuro en palabras de Vivas. A partir de ahí, la figura del monarca ha aparecido, pero solo en comentarios siempre muy poco oportunos, de miembros del Gobierno llegando a los más inverosímiles de todos tales como «la Casa Real es dueña de su propia agenda» o «el Rey no ha ido a Ceuta en 20 años». Sabemos por fuentes cercanas a Su persona que solo un PS amenazante se lo impide. Pero el prudente silencio de Su Majestad es señal de que sigue toda la crisis, y la consiguiente actuación del Gobierno, con dolor, desasosiego y con extremo deseo de intervenir directa y personalmente. Así, la Casa Real emitió un breve pero profundo y sentido comunicado en redes sociales para felicitar el día de la ciudad, el 2 de septiembre.
Qué decir del papel de las Fuerzas Armadas (FAS), del Ejército de Tierra en concreto. En el plano táctico ahí están sus continuas patrullas en la ciudad atados de pies y manos para hacer presencia más allá de empujar a la frontera a los invasores durante los primeros días hacia la frontera de El Tarajal. No es de extrañar la impotencia del general Herrero frente al inoperante delegado del Gobierno a lo largo de las primeras horas y días de la invasión. No podemos más que felicitar esta actuación, que aún continúa, sin desmayo, de las unidades de la Comandancia General de Ceuta y de las que han ido llegando en su apoyo. También unidades de la Armada hicieron presencia con carácter disuasorio durante los días inmediatamente posteriores a la invasión.
Pero veamos qué ocurre en el plano político – estratégico. Todos los españoles conocen la misión primordial de las FAS recogida en el artículo 8, apartado 1º, de nuestra Constitución: «Las FAS (…) tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional», integridad territorial violada flagrantemente los días 30 y 31 de julio. Como corresponde, ninguna voz ha salido del seno de las FAS en ningún sentido, pero permítanme una breve reflexión. Del brillantísimo almirante general López Calderón, actual Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), cuyas cualidades humanas y profesionales están fuera de toda duda, quizás pudiéramos haber esperado unas palabras a la altura de su figura, serenas, leales, prudentes, que hubiesen trasladado la tranquilidad que ahora no se refleja desde ningún rincón del estado hacia los ceutíes. Duele imaginar su figura circunspecta en las reuniones que ha mantenido el Consejo de Seguridad Nacional. Su voz firme, sabia, recta, coherente, ante un foro de ministros y políticos que rodean, protegen y alientan a PS, supone sin lugar a dudas un triste canto al sol, una luz en la oscuridad. Finalmente, el 4 de septiembre el JEMAD visitaba la ciudad y contactaba con las unidades sobre el terreno.
Qué decir del Ministerio de Defensa, con su ministra de dos caras al frente, rodeada de una pléyade de leales entre ellos el Secretario General de Política de Defensa, señor Martínez Nuñez, quien ya se alineó desde el principio con las tesis del Gobierno con relación a la lamentable solución de Gibraltar. Qué esperar entonces del departamento que debe dirigir la política militar del país. A la vista está: en el plano táctico patrullas indefensas por las calles de Ceuta y sin autorización para actuar y unidades de la Armada navegando en aguas territoriales de la ciudad. En el momento de escribir estas líneas se autoriza un arma de fuego por patrulla. Seguimos para bingo; el enemigo sigue tomando nota de esta endiablada debilidad. Qué gran razón llevan aquellos que claman con los enormes despliegues de unidades españolas perfectamente equipadas en el marco de la OTAN para proteger por tierra, mar y aire las fronteras del este de Europa frente a la amenaza rusa, pero se les impide actuar cuando del territorio nacional se trata. ¿Algo más grave e incoherente? Me duele Ceuta, mi pueblo, pero más me duele España en manos de un gobierno capaz de provocar este caos y más división entre los españoles. Solo queda que los españoles de bien, que somos muchísimos y entre los que sin falsa humildad me incluyo, permanezcamos unidos frente a la ignominia y la mentira. Y estoy plenamente convencido de que nuestra ciudad saldrá más fuerte de este desastre pues para empezar todos los españoles, y muchos europeos, le han puesto rostro y lugar a este maravilloso rincón que descansa entre el Mediterráneo y el Atlántico: Ceuta.