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La vicepresidenta Yolanda Díaz y el ministro Ernest UrtasunEFE

De mal en peor

El grupo parlamentario de Sumar se convierte en el camarote de los hermanos Marx

La votación del real decreto ley de lobbies, el miércoles, sacó a flote todos los males que arrastra el socio minoritario: ausencia de liderazgo, seguidismo del PSOE y falta de un proyecto común

El grupo parlamentario de Sumar en el Congreso parecía el camarote de los hermanos Marx el miércoles, en el Pleno. De todo hubo en el real decreto ley de lobbies: unos diputados de Sumar votaron a favor, otros se abstuvieron, una diputada votó en contra telemáticamente y las dos jefas del grupo ni se molestaron en votar.

La convalidación de la norma, que no salió adelante por la incapacidad del Gobierno de alcanzar una mayoría simple, sacó a flote todos los males que arrastra el socio minoritario en este momento, canibalizado por Pedro Sánchez en las encuestas: ausencia de liderazgo, seguidismo del PSOE y falta de un proyecto común.

Y, además, agrandó la brecha entre Yolanda Díaz y su grupo parlamentario, donde escoció que la vicepresidenta y ministra de Trabajo ni siquiera fuera a votar para no perjudicar su campaña para dirigir la Organización Internacional del Trabajo, que es en lo que está volcada ahora mismo. Y cada vez con menos disimulo, porque las elecciones son en noviembre y tiene enfrente al actual director y candidato a repetir, Gilbert Houngbo.

El real decreto ley había sido aprobado por el Consejo de Ministros que comparten el PSOE y Sumar, a propuesta del Ministerio para la Transformación Digital, que dirige Óscar López. Pero enseguida provocó fricciones entre los socios de Gobierno, porque incluía a la patronal y a los sindicatos entre los grupos de interés. Eso no gustó lo más mínimo a los agentes sociales ni tampoco a Sumar, por solidaridad con Comisiones Obreras y UGT (que no con la CEOE).

Sumar mantuvo un debate interno antes del Pleno y decidió votar en contra. Hasta llegó a anunciarlo horas antes de la votación, lo que habría provocado una situación kafkiana: uno de los dos miembros del Gobierno votando en contra de un real decreto ley… del Gobierno. Pero Sumar quería dar un escarmiento a Óscar López por su nulo diálogo, o eso decían el miércoles por la mañana los de Yolanda Díaz por los pasillos del Congreso.

Sin embargo, el arranque de amor propio no les duró demasiado. El ministro logró convencerlos con la promesa de que, en unas semanas, el Ejecutivo podría aprobar otro real decreto ley matizando la consideración de los agentes sociales. Para entonces ya era demasiado tarde para la diputada de Sumar Aina Vidal, que como había votado telemáticamente había votado ‘no’, siguiendo las indicaciones iniciales.

Los demás hicieron de su capa un sayo. Los diputados Agustín Santos, Vicenç Vidal y Gerardo Pisarello se abstuvieron para no dar su brazo a torcer al PSOE, o al menos no del todo. Yolanda Díaz no acudió al hemiciclo a votar, como tampoco la portavoz del grupo, Verónica Martínez. Y el resto de los diputados del grupo volvieron al redil del PSOE y votaron a favor. Aunque, en realidad, de poco les sirvió a los socialistas, puesto que su real decreto ley cayó igualmente fulminado, con los votos en contra del PP, Vox, Junts y UPN y las abstenciones del PNV y Podemos.

Lo que podría parecer una anécdota es, en realidad, el fiel reflejo de la situación interna en Sumar, la coalición que más veces se ha refundado en menos tiempo. La marcha en diferido de Yolanda Díaz, el cúmulo de malos resultados electorales, las tensiones internas, los escarceos de Gabriel Rufián… y, para colmo, el pasado sábado Irene Montero lanzó una oferta envenenada a toda la extrema izquierda: la eurodiputada de Podemos propuso unas primarias abiertas para elegir un único candidato y una única lista a la izquierda del PSOE.

A la vista está que Montero ha agitado el avispero, porque hasta su oferta nadie en Sumar quería dar un paso al frente. Y, después de ella, el jueves por primera vez Ernest Urtasun se abrió a la posibilidad de liderar lo que quiera que acabe siendo ese espacio: «Estaré donde mis compañeros decidan», señaló el ministro de Cultura.