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Los ministros José Manuel Albares y Félix Bolaños ayer en el Congreso de los DiputadosChema Moya/EFE

El plan con el que Sánchez llegó a La Moncloa para conquistar el voto exterior

El PSOE ya había puesto cifras al potencial electoral de los españoles en el extranjero cuando Pedro Sánchez recuperó el partido: más de 1,9 millones de mayores de edad, «una población más nutrida que la de algunas CC. AA.»

Pedro Sánchez llegó a La Moncloa con el borrador del mapa del voto exterior hecho. El PSOE había contado a sus potenciales electores fuera de España, había constatado que constituían una población mayor que la de algunas comunidades autónomas, había identificado que la mayoría de los españoles residentes en el extranjero ya había nacido fuera del país y había puesto sobre la mesa las medidas para actuar sobre aquella nueva realidad: más participación electoral, desaparición del voto rogado, una posible circunscripción exterior, jóvenes y generaciones nacidas fuera de España, Embajadas y Consulados, Administración electrónica, nacionalidad de descendientes y fortalecimiento de las agrupaciones socialistas.

Todo estaba en su proyecto político aprobado por el 39.º Congreso Federal del PSOE de junio de 2017, un año antes de que Sánchez llegara a la Presidencia del Gobierno. Aunque el núcleo de las propuestas sobre ciudadanía exterior ya figuraba en la Ponencia Marco ratificada por el Comité Federal el 1 de abril de 2017, cuando el PSOE estaba dirigido todavía por la Gestora. Cuando Sánchez reconquistó el partido en las primarias el 21 de mayo y el Congreso que consolidó su regreso aprobó definitivamente el proyecto político el 18 de junio ahí dejo negro sobre blanco donde actuar de manera inmediata. Sánchez vio en el proyecto tradicional socialista una oportunidad única para recuperar el voto exterior.

Más de 1,9 millones de potenciales electores

La Resolución Política definitiva del 39.º Congreso resulta especialmente reveladora. El PSOE aborda allí el voto de los españoles residentes en el extranjero y propone derogar el voto rogado y facilitar el voto en urna. Pero va mucho más lejos. Plantea incluso abrir el debate sobre: «la circunscripción electoral del exterior y la asignación de parlamentarios». Para ello, explica la dimensión del universo sobre el que está hablando. En aquel momento había: «más de 1,9 millones de españoles mayores de 18 años en el exterior». Añade una comparación que demuestra hasta qué punto para Ferraz se ha convertido en algo más que el disputado voto del Sr. Cayo: «una población más nutrida que la de algunas CC. AA.». No eran, naturalmente, 1,9 millones de votos socialistas. Tampoco 1,9 millones de votos efectivos. Eran más de 1,9 millones de españoles en edad electoral, y el propio PSOE destacaba su tamaño comparándolo con el de comunidades autónomas enteras.

Resoluciones del 39 Congreso Federal del PSOE

El PSOE contabilizaba algo más de 2,3 millones de españoles residentes en el extranjero, pero advertía de que apenas alrededor de medio millón podían considerarse emigrantes en sentido estricto por haber nacido en España. Su conclusión era que la población española residente en el exterior: «ya es mayoritariamente nacida fuera de España». El futuro de la ciudadanía exterior, por tanto, estaba cada vez menos en el emigrante que había salido de España y cada vez más en sus hijos y en las generaciones nacidas en otros países.

Su acción pretende a actuar sobre esa realidad lo antes posible. La resolución analiza las asociaciones de españoles residentes fuera, recuerda los programas de subvenciones desarrollados por anteriores gobiernos socialistas y señala que se habían ampliado a jóvenes y mujeres. Pero detecta un problema: salvo en Iberoamérica, buena parte de aquellas asociaciones continuaban alimentándose fundamentalmente de emigrantes de primera generación. Si no conseguían renovarse: «su supervivencia también tiene fecha de caducidad». La solución consistía en buscar fórmulas de participación atractivas: «para las generaciones nacidas en el exterior». Estamos en 2017, cinco años antes de la Ley de Memoria Democrática.

Consulados, digitalización y nacionalidad

Ante aquella población mayoritariamente nacida fuera, el PSOE propone elaborar un: «Plan Especial de Acción Exterior» para mejorar la atención prestada por Embajadas y Consulados. Y plantea, además: «impulsar la mejora de la Administración electrónica» para facilitar telemáticamente los trámites administrativos de la ciudadanía española exterior. El documento demuestra que población nacida fuera, Consulados y digitalización administrativa estaban ya integrados en el proyecto socialista sobre ciudadanía exterior. Y acto seguido aparece la nacionalidad: «Además, debemos apostar por una Ley de Nacionalidad». El objetivo declarado era resolver determinados problemas de descendientes de españoles que no habían podido acceder a la nacionalidad por razones de género o edad y otros supuestos derivados de la mayoría de edad. El voto exterior y nacionalidad de descendientes aparecen ya unidos en el proyecto político.

Faltaba la otra mitad del plan: el PSOE. Dentro de las propuestas organizativas, la Resolución establece: «Se reforzará el papel de las Agrupaciones del Exterior». Y añade: «el Partido potenciará la militancia en el Exterior». Para ello contempla nuevos modelos de militancia, mayor representación de los afiliados residentes fuera dentro de los órganos del PSOE, federaciones internacionales y una mayor coordinación con Ferraz. Más adelante vuelve a conectar directamente la organización socialista exterior con la reforma electoral. Las agrupaciones debían ser fortalecidas y apoyadas: «en su lucha para lograr que el voto rogado sea efectivamente abolido».

Por tanto, el proyecto aprobado en junio de 2017 reunía dos planos diferentes pero simultáneos. Uno de política pública: facilitar el sufragio, estudiar una circunscripción exterior, mejorar Consulados, digitalizar trámites y abordar la nacionalidad de determinados descendientes. Otro estrictamente partidista: fortalecer las agrupaciones y potenciar la militancia socialista exterior.

Cancela, Albares y Bolaños

Sánchez situó a Pilar Cancela al frente de Políticas Migratorias y PSOE Exterior en la Ejecutiva nacida del 39.º Congreso. En paralelo, echó mano de quien años después se convertiría en su ministro de Exteriores. José Manuel Albares conocía bien ese terreno: había trabajado como vocal asesor de la Dirección General de Españoles en el Exterior y de Asuntos Consulares y Migratorios y participado en los trabajos de la Ponencia Política del congreso. Inmediatamente después de poner un pie en La Moncloa, incorporó a Albares muy cerca suyo, en la Presidencia como secretario general de Asuntos Internacionales, Unión Europea, G20 y Seguridad Global. Faltaba una tercera pieza en la reconstrucción del nuevo PSOE de Sánchez: Félix Bolaños. Había sido elegido secretario de la Comisión Federal de Ética y Garantías en 2014 y fue reelegido en el 39.º Congreso. Ese mismo 2017, la nueva Ejecutiva Federal le encargó coordinar la elaboración del Reglamento Federal que debía desarrollar los Estatutos recién aprobados. Unas reformas que convirtieron la formación en un fortín del sanchismo.

Sus tres peones en el partido, Cancela en PSOE Exterior, Albares en la arquitectura internacional que Sánchez y Bolaños en el diseño jurídico, acabarían siendo los ejecutores en el Gobierno de la ley con la que pretendía transformar el censo electoral español para siempre.