Vista de las tiendas de campaña y construcciones improvisadas por los inmigrantes asentados en la playa del Trampolín
Ropa, comida, peluquerías y hasta chabolas en alquiler: los invasores convierten las playas de Ceuta en su mercado
Fuentes militares consultadas por El Debate señalan que este tipo de actividades no están protagonizadas exclusivamente por los inmigrantes que permanecen en los asentamientos, sino que españoles y, especialmente, marroquíes residentes en Ceuta también participan en algunos de los negocios
En la playa de El Trampolín, donde todavía permanecen numerosos inmigrantes tras la entrada masiva de finales de julio, ya se vende prácticamente de todo, desde ropa y comida hasta productos básicos para el día a día. Otros inmigrantes también ofrecen servicios como cortes de pelo o hacen negocio con las propias chabolas levantadas sobre la arena, que se alquilan o incluso se venden por unas decenas de euros. Como una ciudad entera, con su economía y clases sociales, levantada sobre la arena de la playa.
Durante el día, los inmigrantes acuden a supermercados y otros establecimientos de Ceuta para comprar productos que después revenden en la playa a quienes, sin apenas posibilidad de desplazarse, necesitan adquirir alimentos y otros artículos sin abandonar el asentamiento. Barras de pan, café, yogures, zumos, ropa o productos para protegerse de las condiciones meteorológicas forman parte de este particular comercio, en el que los precios varían en función del producto y de la necesidad de quien lo compra.
Además, la falta de establecimientos no ha impedido que aparezcan tampoco servicios que hasta hace poco resultaban impensables en un asentamiento de estas características, desde peluquerías improvisadas, donde algunos inmigrantes aprovechan sus conocimientos para ganarse unos euros cortando el pelo a sus compañeros, hasta remedios contra la meteorología, con bolsas de plástico por alrededor de 1,50 euros para protegerse de la lluvia y el frío.
A su vez, algunas de las chabolas, levantadas con plásticos, maderas y otros materiales, se ofrecen en alquiler por unos 30 o 40 euros, mientras que otras son objeto de compraventa. Se trata de refugios precarios que fueron construidos para pasar la noche y protegerse de la intemperie, pero que, con el paso de las semanas, han acabado convirtiéndose también en un bien que puede cambiar de manos a cambio de dinero.
Fuentes militares consultadas por El Debate señalan que este tipo de actividades no están protagonizadas exclusivamente por los inmigrantes que permanecen en los asentamientos, sino que españoles y, especialmente, marroquíes residentes en Ceuta también participan en algunos de los negocios que han aparecido alrededor de la población llegada durante la crisis migratoria, aprovechando la demanda de productos, alojamiento y servicios generada desde finales de julio.
Y es que, a medida que miles de inmigrantes han ido quedando en la ciudad a la espera de ser trasladados a la Península, también han aparecido personas dispuestas a cobrar grandes cantidades de dinero por proporcionarles un lugar donde dormir. La Policía Nacional ha descubierto alojamientos improvisados en garajes y otros espacios que se utilizaban para hacinar a inmigrantes en condiciones precarias, llegando a cobrarse hasta 900 euros mensuales por una plaza. En uno de estos casos, los investigadores constataron que los ocupantes pagaban alrededor de 30 euros diarios por dormir en un garaje comunitario y que incluso tenían que abonar cantidades adicionales por disponer de colchones y mantas. La misma red ofrecía otros servicios, como la carga de teléfonos móviles, por entre cinco y diez euros, y llegaba a exigir hasta 6.000 euros a quienes querían abandonar Ceuta y trasladarse irregularmente a la Península.
La Guardia Civil ha localizado además a inmigrantes hacinados en espacios que difícilmente pueden considerarse viviendas. En una de las actuaciones recientes fueron encontrados 25 inmigrantes, entre ellos seis menores, en un sótano de apenas 15 metros cuadrados. Los propietarios cobraban hasta 300 euros mensuales por persona, convirtiendo un espacio sin condiciones adecuadas de habitabilidad en otra fuente de ingresos a costa de quienes no tenían alternativas.