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La diputada Ana Belén Vázquez se dirige a Francina Armengol al abandonar el hemiciclo

La diputada Ana Belén Vázquez se dirige a Francina Armengol al abandonar el hemicicloEFE

Un arbitraje casero

Armengol rescata a los ministros de una sesión de control que tenían muy difícil

La presidenta del Congreso expulsó a una diputada del PP, llamó al orden a otro, permitió a Cuerpo no responder una pregunta, abroncó a Tellado e interrumpió a varios diputados de la oposición

La crisis de Ceuta y el intento de extorsión a la jueza Beatriz Biedma convirtieron la sesión de control en el Congreso de este miércoles en una olla a presión contra el Gobierno. Pero la presidenta de la Cámara Baja intervino para salvar la papeleta a los ministros.

Francina Armengol expulsó a la diputada Ana Belén Vázquez por exhibir un espray de gas pimienta y llamó al orden al diputado Agustín Conde, ambos del PP. Interrumpió las intervenciones de varios parlamentarios de la oposición. Abroncó al popular Miguel Tellado por mostrar una foto durante la intervención del ministro Fernando Grande-Marlaska. Y permitió al vicepresidente Carlos Cuerpo no contestar a una pregunta del diputado de Vox José María Figaredo porque no era la que había registrado por escrito la semana pasada.

Todo eso ocurrió en una sesión de control incandescente, a pesar de que faltaba el «One», como se refería a él Leire Díez. Faltaba Pedro Sánchez, que sigue en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lo que nadie imaginaba es que, en ausencia de la segunda autoridad del Estado, la tercera autoridad se iba a convertir en protagonista, para indignación de las bancadas del PP y Vox. Porque la oposición denuncia constantemente el partidismo y el doble rasero de Armengol a la hora de juzgar el comportamiento de un lado y otro del hemiciclo.

En esta ocasión, el suceso más grave fue la expulsión de la diputada Vázquez por, textualmente, «haber enseñado un arma en el Congreso», según la presidenta del Congreso. Aunque lo que en realidad mostró fue uno de los espráis que las ceutíes se han acostumbrado a llevar en el bolso, mientras denunciaba ante el ministro del Interior la «falta de libertades» de las mujeres y los niños de la ciudad autónoma.

Tan controvertida fue su expulsión que el equipo de Armengol difundió después entre los periodistas el artículo que había invocado para hacerlo, el 5.i del Reglamento de Armas. «El Reglamento de Armas recoge claramente qué se considera armas, independientemente de que luego se especifique que algunas puedan ser de venta sin licencia, ya sean cuchillos o espráis. Aquí el tema es que una diputada ha exhibido un arma, esté o no autorizada para su venta en armerías sin licencia», según ellos.

Ana Belén Vázquez muestra a los periodistas el bote de gas pimienta

Ana Belén Vázquez muestra a los periodistas el bote de gas pimientaEFE

El arbitraje de la sesión de control fue, desde el principio, casero. La mañana empezó con el diputado Figaredo preguntando a Cuerpo: «¿Le parece a usted normal que el PSOE contratase a unos narcotraficantes para amedrentar a la juez que investigaba al hermano de Pedro Sánchez?». El vicepresidente se zafó: «Quisiera apelar a la Cámara en cuanto al funcionamiento de este tipo de sesiones de control. La pregunta original era ‘como íbamos a revertir el empobrecimiento de los españoles’. Creo que deberíamos ceñirnos a esa pregunta». Y la presidenta le permitió no responder.

Después llegó el cara a cara entre la portavoz del PP y el ministro Félix Bolaños. «Las cloacas de su partido contactaron con el clan de Badajoz. Hemos visto a mafias y grupos de delincuentes intentando corromper a gobiernos. Lo que no habíamos visto hasta ahora es a partidos de gobierno intentando corromper a mafias», le espetó Ester Muñoz.

Tocó el turno de Tellado y Armengol volvió a hacerse notar. «¿El ministro del Interior estaba al tanto de esas operaciones de la cloaca?», preguntó el secretario general del PP. «Usted no es más que un sicario de otro clan. Los rochos han tenido más dignidad que el clan del que usted forma parte», añadió.

La presidenta del Congreso reprendió al diputado popular dos veces. Primero le dijo: «Ustedes creen que esta mala educación les dignifica. Les pido que por favor respeten esta Cámara y a la ciudadanía». Y después: «Señor Tellado, no puede tener exhibidas pancartas mientras está hablando el ministro para despistar. Eso va en contra de todas las normas democráticas de la casa». Cuando, en realidad, es habitual que los diputados de un lado y otro exhiban fotos, gráficos o recortes de periódicos cuando otro habla.

La expulsión de Vázquez fue el punto de no retorno. No se produjo recién acabado su turno de intervención, sino después de otro cara a cara entre el ministro del Interior y el diputado de UPN, Alberto Catalán. Por lo que los populares dedujeron que alguien había ordenado a Armengol que lo hiciese. Sospechan que el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, que seguía la sesión de control desde su escaño -como todas- y escribió en X:

El siguiente en tomar la palabra por parte del PP fue el diputado Borja Sémper, que salió en defensa de su compañera. «Un gas pimienta no es un arma, señora presidenta, es su seguridad». Siguió Jaime de Olano, que se dirigió directamente a Armengol: «¿Ustedes contactando con la mafia para eliminar jueces pero el peligro son las niñas y las mujeres de Ceuta que llevan gas pimienta en sus estuches, o una diputada con un bote vacío, señora Armengol? Es usted la vergüenza de esta institución», le recriminó.

La aludida se revolvió: «No hay nada más cobarde que dirigirse a la única persona que no puede entrar en el debate», respondió, entre protestas de los diputados del PP. Olano insistió en su segundo turno: «Señora Armengol, la cobardía la suya, que no le dio la palabra a mi compañera (a Vázquez). Usted sí puede bajar, sentarse en su grupo parlamentario y pedir la palabra», le recordó. Y la llamó «activista del sanchismo».

Pero Armengol consiguió que la gestión del Gobierno en Ceuta y las actividades de la cloaca socialista quedaran en un segundo plano.

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