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Elizabeth Duval durante una entrevista para El DebateJuan González

Entrevista | Exsecretaria de Comunicación de Sumar

Elizabeth Duval: «Hay una orfandad en el espacio de la izquierda, y Yolanda Díaz no hubiera sido una buena candidata para este ciclo»

Licenciada en Filosofía y Letras Modernas por la Sorbona, vivió durante cinco años en el distrito 20 cerca de los suburbios de Saint Denis, en París, donde se concentra la mayor población inmigrante de distintos orígenes

Elizabeth Duval (2000) entró en el Movimiento Sumar «con reticencias» y con su independencia a cuestas de la mano de Yolanda Díaz antes de las elecciones generales de julio de 2023 creyendo que sería una aventura pasajera y que después de la campaña volvería a sus ensayos (Después de lo trans, Melancolía) y novelas (Reina, Madrid será la tumba). Para su sorpresa, se revalidó el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez y continuó en los órganos de dirección y como secretaria de Comunicación de Sumar.

Licenciada en Filosofía y Letras Modernas por la Sorbona, vivió durante cinco años en el distrito 20 cerca de los suburbios de Saint Denis, en París, donde se concentra la mayor población inmigrante de distintos orígenes, y la convivencia se basa en las fronteras que no se cruzan. Dos mundos divididos por un simple paso de cebra que nunca interactúan, que le hace meditar sobre la «situación de sufrimiento e inseguridad» en Ceuta y el evidente «fallo del Estado en la gestión de los recursos».

En marzo de 2025, «tras una profunda reflexión», antes de cumplir dos años, Duval terminó su breve periplo en política. Más que activista, categoría que rehúye, su compromiso es con la palabra y el pensamiento. Sin melancolía, escribe sobre el declive de Sumar, «con una hoja de ruta inexplicable», y habla con pausa para El Debate, antes de los dos decretos sobre la vivienda del Consejo de Ministros y el revival del 15M en Sol con la bandera del desahucio de Maricarmen, sopesando sus palabras sin rehuir la crítica, pero «plenamente convencida de la necesidad de una izquierda del siglo XXI».

Elizabeth Duval

–Ha pasado un año y medio desde que dejara sus cargos en Sumar tras comprobar las «limitaciones de la política institucional y partidista». Desde esa distancia, ¿cómo ve ahora al que fue su partido?

–No existe un liderazgo claro desde que, en febrero de 2026, Yolanda Díaz anunciara que no se iba a presentar a las siguientes elecciones generales. Cuando Sumar surge en el escenario político, inicialmente ni siquiera lo hace bajo la forma de un partido. No son militantes, sino gente de diversos lugares de la izquierda uniéndose de cara a las generales de 2023, después de que las autonómicas de mayo hubieran dejado a la izquierda a nivel de poder territorial en una posición nefasta. La preparación de la candidatura funcionó porque un espacio que estaba todavía en estado de shock logra junto al Partido Socialista, que une fuerzas con otras formaciones, algunas progresistas, otras no, para constituir un Gobierno que era un escenario que meses antes nadie daba como posible. Yolanda Díaz como candidata, con todo el capital político que había acumulado después de la reforma laboral y de los ERTE durante la pandemia, logra visibilizar una candidatura fuerte para la izquierda y los errores en el camino llegan un poco más tarde.

–¿Le ha decepcionado Yolanda Díaz?

–Cuando da ese paso atrás, preserva su legado como ministra de Trabajo, aunque parte de ese capital político también se fue quemando con el paso del tiempo. De hecho, hay una orfandad en el espacio de la izquierda, y Yolanda Díaz no necesariamente hubiera sido una buena candidata para este ciclo. Ella misma reconoció que había que dar ese relevo y ha sabido irse y retirarse elegantemente en un espacio en el cual la gente tiende a aferrarse al puesto.

Elizabeth Duval

–No lidera Sumar, pero sí su espacio dentro del Gobierno de coalición, ¿así quién va a sustituirla?

–Si uno analiza desde fuera cuáles son las portavocías públicas del espacio, Yolanda Díaz aparece mucho menos en comparación con otros ministros, como Pablo Bustinduy o Ernest Urtasun, y su rol se reduce a esa interlocución gubernamental. La negociación del decreto Ley de Vivienda u otras cuestiones relacionadas con hechos sociales las ha llevado adelante Bustinduy. El problema de liderazgo no es tanto ese, sino que hay una suerte de mala costumbre de hacer las cosas mal y tarde. No se puede llegar a unas elecciones sin tener una candidatura bien rodada y no se puede resolver en el último momento.

–¿Pero va camino de que así sea?

–Sí, es lo que va a pasar. Estamos en el tramo final de la legislatura y todavía esos deberes no están hechos. Me preocupa una frase que emergía en un reportaje en Infolibre donde alguien decía sobre Sumar que antes nos peleábamos por liderar y ahora nos peleamos por no hacerlo. Hay un sentimiento grave con un diagnóstico de que todo está perdido, y que de cara al próximo ciclo solamente queda la resistencia. Por tanto, nadie de los que quedan ahí dentro se postula o tiene demasiada ambición de liderazgo.

Gabriel Rufián juega en el mal sentido con la ilusión de mucha gente que está mirando la carencia de un liderazgo en la izquierda

–¿Se creyó a Gabriel Rufián cuando se ofreció a liderar un nuevo frente de izquierdas?

–Gabriel Rufián es el mejor candidato que ese espacio podría llegar a tener, lo cual no es incompatible que sea inmensamente complicado que pase de ser una fantasía a una realidad. La pregunta más bien tendría que ser si Gabriel Rufián llegó a creérselo. Cuando planteas ese órdago tienes que llegar hasta el final y con todas sus consecuencias. También con cierta responsabilidad. No se puede plantear que uno se va a tirar a la piscina si no planea hacerlo. Y, a día de hoy, parece que la respuesta es que no tiene planes de hacerlo.

Elizabeth Duval

–Creo que ya lo ha descartado.

–En política también sabemos cómo funcionan los descartes y cómo funciona el dónde dije digo, digo Diego, pero parece ser que es eso, y sería decepcionante.

–¿Piensa que quizá fue un órdago a su propio partido?

–Creo que lo máximo a lo que aspira sea a liderar la candidatura de Esquerra en Barcelona y que haya amagado con otra cosa. Juega en el mal sentido con la ilusión de mucha gente que en realidad está mirando la carencia de un liderazgo público. Es un drama este momento de vacío en el que nos encontramos en la izquierda política.

La pérdida de valor de figuras que han supuesto tanto para la izquierda como José Luis Rodríguez Zapatero, evidentemente es un lastre

–Si recuerda el discurso de Yolanda Díaz cuando anunció su candidatura para levantar un proyecto de país para cambiar la vida a la gente, ¿le provoca melancolía ver que sus palabras, «quiero ser la primera presidenta de España», se han quedado en nada?

–Esta Legislatura nació con una dificultad inicial que era su mayoría parlamentaria, y para cualquier tema la izquierda tiene que concordar con Junts y con PNV, que no son precisamente partidos progresistas. Se ha convertido en una Legislatura endiablada, muy difícil de gestionar, donde no se ha conseguido dar muchos pasos y encima están los casos de corrupción del Partido Socialista, y el desgaste de la imagen del Gobierno por su vinculación con esa corrupción, que no es de ninguno de los partidos de Sumar. Si la conversación pública se acaba reduciendo a un relato de juicios, tribunales, y la pérdida de valor de figuras que han supuesto tanto para la izquierda como José Luis Rodríguez Zapatero, evidentemente es un lastre, y contribuye a la sensación de cierta desafección.

Elizabeth Duval

–¿Cree que Pedro Sánchez ha comprado el silencio de Yolanda Díaz por un puesto bien renumerado en la OIT y al final Sumar se ha convertido en su plataforma personal?

–Cuando estalla todo el caso Ábalos, me acuerdo de muchas declaraciones de Yolanda Díaz en las que comentaba lo indignada que estaba ante el hecho de que, durante la pandemia, mientras ella estaba trabajando en los ERTE y desplegaba mecanismos de protección social, en el edificio de al lado, dentro del complejo de Nuevos Ministerios, se estuviera dedicando ese dinero a la prostitución, a Jésicas. No creo que haya ningún tipo de pacto de silencio, la postura que ha tenido Sumar a la corrupción dentro del Gobierno siempre ha sido la misma.

El distanciamiento con el Partido Socialista tendría que haber venido de otras cuestiones que no es solamente la corrupción. Todos los socios han marcado una línea roja con la financiación irregular del Partido Socialista, como algo completamente insostenible, porque de hecho lo es. La izquierda no puede permitirse que se transmita su imagen pública como algo sucio, que esté involucrado en la corrupción o el enriquecimiento personal. Unas joyas que da un rey de Arabia Saudí, como es el caso de Zapatero, es menos justificable que un puesto en la OIT. Recibir esas joyas cuando tu propio Gobierno ha aprobado unos códigos de buena conducta y callarte, es un comportamiento que no tiene ninguna justificación de alguien que presumía ser moralmente intachable. Irse a la OIT a defender derechos de trabajadores de todo el mundo me parece otra cosa que no tiene que ver con ese enriquecimiento.

Todo lo que ha salido con Leire Díez y con las informaciones sobre las cloacas del PSOE me parecen de una asquerosidad profunda

–Se marca como línea roja la financiación ilegal, pero, ¿no debería ser otra línea roja que las cloacas del PSOE organicen darle un susto a una magistrada porque instruía el caso del hermano del presidente del Gobierno?

–Todo lo que ha salido con Leire Díez y con las informaciones sobre las cloacas del PSOE me parecen de una asquerosidad profunda. Estoy completamente de acuerdo que igual de repulsivo es la financiación irregular, como que un partido construya de esta forma Mortadelo-Filemonesca una especie de tropa, presuntamente, para extorsionar a magistrados que están instruyendo causas. Me parece muy grave.

Elizabeth Duval

–¿Por qué hay desafección? ¿Por qué no hay líneas rojas y parece que da igual todo? Cuando hay indicios como la declaración de la líder del clan de los Rocho, que ha confirmado que las cloacas del PSOE contactaron para «eliminar» a la magistrada…

–Ante el Partido Socialista, incluso estando en Gobiernos de coalición, siempre hay que tener una actitud de extrema cautela. En redes sociales muchas veces se emplea el meme de tener cuidado para no ser psoeizados por el nivel de triquiñuelas o engaños. Pensemos en Ceuta y Marruecos, y el cambio de postura que tuvo el PSOE cuando quitó a Arancha González Laya como ministra de Exteriores y entró José Manuel Albares.

–Habría que recalcar esa dejación de la izquierda en el Gobierno cuando se entregó el Sahara de forma unilateral sin pasar por el Parlamento y no se puso ninguna objeción.

–Hubo mucha crítica en relación con la postura del Sáhara, lo que sucede es que no basta solamente con la crítica. Hay una dinámica que siempre me ha frustrado con el espacio político de la izquierda alternativa. Su respuesta se reducía a esbozar algún tipo de tímida crítica, y podía seguir repitiéndose una y otra vez sin que hubiera consecuencias. Es una lógica que entiendo de gente que justifica con una manga muy ancha la permanencia dentro del Gobierno porque hay otra izquierda que no es la del PSOE que está presionando para que sucedan reformas de derechos sociales, que no habrían sucedido si solamente estuviera el Partido Socialista.

Elizabeth Duval

–Eso suena a consuelo.

–Digo que lo entiendo, no que lo comparta. Creo que también se ha visto en gobiernos autonómicos, en las negociaciones entre el Partido Popular y Vox, cuando el Partido Popular se ha tenido que dejar unos cuantos pelos en la gatera y tragarse sus palabras con la prioridad nacional. Entiendo esa argumentación, porque en el fondo, aunque haya pasado por la política, no soy política, y no la comparto. La cuestión del Sahara o de la vivienda, ahora que hemos vivido el desahucio de Maricarmen con esas imágenes realmente horrorosas de una mujer de 87 años siendo sacada en una camilla del Samur del edificio donde ha vivido durante 70 años. Eso sí que me parecen líneas rojas. Cuando he asistido a esas manifestaciones se coreaban proclamas como «Gobierno progresista, cómplice rentista», y se hacía desde una profunda frustración. Tiene que existir una izquierda que no sea, por acción o por omisión, cómplice de cada una de esas acciones.

Isabel Rodríguez no debería ser ministra de Vivienda porque en el ejercicio de sus competencias ha resultado completamente inútil

–Convierten a Maricarmen en un símbolo cuando en ocho años de Gobierno lo máximo que pusieron en marcha fue un portal de vivienda llamado Casa 47, ¿es una burla que ahora la culpa sea de la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Madrid como si el Gobierno de coalición no tuviera ninguna?

–Isabel Rodríguez no debería ser ministra de Vivienda porque en el ejercicio de sus competencias ha resultado completamente inútil. Cada minuto que sigue dentro del Gobierno es un minuto en el que esa presencia lastra también al Gobierno.

Hace unos dos años, como secretaria de Comunicación de Sumar, supervisaba y coordinaba a los distintos equipos e hicimos en redes sociales una campaña crítica con Isabel Rodríguez. Recuerdo recibir por teléfono llamadas de atención del PSOE: «¡Os estáis pasando en la crítica a una ministra!». Siempre defendí internamente una actitud crítica a este tipo de formas de chotearse de la gente como es el teléfono para que llames si tienes problemas de alquiler y te consuelen. La línea de la esperanza para los inquilinos. Con la cuestión de la vivienda, para la parte de Sumar del Gobierno, cabe plantearse si vale la pena estar o dar un puñetazo encima de la mesa y salirse del Gobierno. En esa dinámica, Vox fue bastante hábil, y el resultado electoral le fue posteriormente bien, cuando decidió irse de todos los gobiernos autonómicos al mismo tiempo.

Elizabeth Duval

–Tomó una postura y se mantuvo en ella.

–Hizo un corte, fue consecuente, y de alguna manera fue premiado. Hay momentos en los que la izquierda tenía que plantearse ese tipo de gestos si realmente nos va la vida en la vivienda, que también lo han planteado distintas voces como Ada Colau o Emilio Delgado. La excusa perfecta para que el Partido Socialista no se mueva de los lugares donde no quiere moverse es decir que todo es responsabilidad de Junts o del PNV. Una semana antes de que Sánchez dijera eso, hizo unas declaraciones injustificables, o igual en Nueva York diciendo que ha acabado con los desahucios, el mismo día que se desahució a Maricarmen.

–Entonces, ¿cuál es la línea roja para dejar un Gobierno de coalición?

–Tendrá que decidir Sumar, pero la vivienda sería una buena línea roja.

–¿Y las cloacas?

–También podrían serlo.

–¿Se puede denunciar la situación de los menores inmigrantes en Ceuta, de los procedimientos abiertos por agresión sexual, pero también reclamar el control de la frontera, mayor seguridad y no dejar abandonada a su suerte a la población ceutí?

–Es una situación extremadamente difícil. Voy a variar la respuesta con otra cuestión. En el discurso de Mamdani, alcalde de Nueva York, hablaba de que hay ciertos términos que siempre están asociados con la derecha que la izquierda tendría que saber cómo utilizar. Eficiencia parece una palabra de derechas, pero un Gobierno de izquierdas también tiene que ocuparse de la eficiencia. La seguridad parece una cuestión de derechas, pero la izquierda tiene que tener un programa de seguridad. Esto también ocurre con la inmigración. El problema que ha tenido es una total exclusión social, cultural y económica que repercute en los momentos de inseguridad. Llevándolo al caso de Ceuta, para cualquier Gobierno es una crisis durísima de gestionar.

Es evidente que hay un fallo del Estado y en la gestión de los recursos en Ceuta

–Y más si empiezas un mes tarde, y dejas que el problema se enquiste y no buscas ninguna solución. El mando único llegó 26 días después.

–No tiene ninguna justificación que llegue un mes tarde. Comete un error el presidente del Gobierno cuando le dice a Aimar Bretos en la Cadena SER: «Yo como cualquiera tengo derecho a vacaciones». Está fuera de lugar, porque, aunque estuviera en La Mareta, sabemos que un presidente puede atender y coordinar en remoto. Se llega tarde porque hay imágenes que se deseaban evitar, como la de un campamento montado para filiar y censar a la gente en un puerto. Y tiene que ver con un motivo raíz muy perverso: no querer que parezca que haya mucha asistencia porque se cree que eso penaliza electoralmente.

–Uno de los problemas es que ni se ha querido saber la cantidad de inmigrantes que se han quedado en Ceuta. Primero hablaron de unos 3000 y ya van por 15.000, y todavía el Gobierno no ha puesto los medios suficientes para agilizar los expedientes.

–Es evidente que hay un fallo del Estado y en la gestión de los recursos en Ceuta. No estoy segura de que el Estado tenga recursos suficientes para ver atajada esta cuestión en muy poco tiempo. Se tiene que intentar que no se eternice. Y con el ritmo que lleva podría tardarse cuatro años en resolver el problema y hay que evitarlo a toda costa por los propios ceutíes que están en una situación de sufrimiento y de inseguridad.

–Usted que ha sido portavoz de Feminismos, Igualdad y Libertades LGTBIQ+, ¿cómo se defiende a una chica ceutí que denuncia que sale con su pareja por la calle como si fueran amigas por temor a que la insulten? Y se pregunta: «¿Dónde están las feministas que apoyaban tanto a las mujeres?».

–Cualquier denuncia de cualquier chica que diga que no puede ir con su pareja por la calle sin que le lancen un insulto, o cualquier mujer que experimente sensación de inseguridad me parece una barbaridad. Me pongo en la piel de ellas y me solidarizo totalmente con su situación. Un problema y una virtud de los movimientos políticos como el feminismo es que no tienen una portavocía, sino mucha diversidad y muchas más discrepancias. De hecho, parecía que el feminismo era una cosa institucional, por la institucionalización del Ministerio de Igualdad con Irene Montero al frente, que tuvo cierto efecto rebote, porque se ve al feminismo como un ministerio, y en absoluto es así.

–También están esas mujeres ceutíes que quieren volver a casa, solas y borrachas, y ahora ni pueden salir a la calle o van con spray pimienta…

–No puedo más que expresar mi solidaridad y compadecerme de una situación eternizada, que haya pasado tanto tiempo desde que comenzó esa crisis en Ceuta, es inimaginable.

Es muy grave la sensación de repulsión hacía la clase política

–Sánchez dijo: «Begoña Gómez, no mi mujer, sino Begoña Gómez». ¿No radica ahí el problema? ¿Iría el rector de la Universidad Complutense a la casa de un particular en lugar de ir a Moncloa para debatir una cátedra con una persona que no tiene título universitario si no fuera la mujer del presidente?

–El caso de Begoña Gómez, dentro de la diversidad de investigaciones en el entorno del presidente del Gobierno, se ha visto lastrado por la instrucción del juez Peinado, que incluso compañeros de judicatura han señalado una actitud temeraria como en el tema del pasaporte que era difícil justificar que existiera ese presunto riesgo de fuga. Otra cosa es lo poco regulado que tenemos en España el estatuto que deben tener las parejas de los presidentes del Gobierno, y dónde radican los límites de la moralidad y de la legalidad, porque realmente no estamos hablando de un beneficio económico.

–En principio es un beneficio reputacional si no tiene siquiera una licenciatura.

–Hay una cuestión que tiene que ver también con límites éticos y de responsabilidad, más allá del caso concreto de la mujer del presidente, donde espero ver cómo se resuelve ese juicio, que vaya embrollo tremendo el jurado popular que tenga que juzgar a Begoña Gómez sin aparentemente conocer demasiado sobre el caso, una cuestión prácticamente imposible.

–Si se tiene en cuenta que usted sabe lo difícil que es llegar. Se licenció en Filosofía y Letras Modernas en la Sorbona de París. Un logro mayor si se considera sus palabras en Melancolía, donde cuenta el esfuerzo de su madre toda su vida trabajando de camarera de pisos, ¿no es esa la ética que hay que remarcar y no vender que no pasa nada porque no esté licenciada?

–Es muy grave la sensación de repulsión hacia la clase política, que se parece al de hace poco más de una década, y es un sentimiento más que legítimo. Sea en los casos del PSOE o con todo el lío del ático de Ayuso. Recuerdo después de salirme de la política como había gente que me acusaba: «¡Qué lista! ¡Cómo trepaste!». En realidad, tuve que renunciar a ingresos al perder oportunidades laborales. Para mí la política suponía un sacrificio personal, de imagen y de tiempo. Parece que si no te has beneficiado de la política eres un poco idiota. En ese sentido estoy bastante orgullosa de haber sido tonta y haber guardado la dignidad.

El Partido Socialista en Madrid tiene vocación de autodestruir sus expectativas una y otra vez

–¿Cómo sentó que escribiera que «la izquierda tendría que pedir perdón a sus votantes y simpatizantes por los espectáculos bochornosos a los que estos se ven sometidos, una y otra vez»?

Aquella columna en Artículo 14, mucha gente en el espacio político me agradeció esas palabras. En política, trabajando como militantes, muchas veces sin ver ni un euro, hay muchísima gente decente. Mi mayor problema es con los cínicos. Creo que para estar en política tienes que creértelo. Cuando me voy de Sumar llegó un punto que ya no creía lo que estaba haciendo.

–Habla de la «militancia antigua» de los partidos, que no deja que entre gente joven. ¿Es lo que ha ocurrido con Emilio Delgado, en Más Madrid, y con Enma López, en el PSOE?

–Enma López en comparación con Reyes Maroto era una candidata mucho más potente, pero el Partido Socialista en Madrid tiene vocación de autodestruir sus expectativas una y otra vez. El problema es esa gente que cree que es una plaza funcionarial. Recuerdo cuando comentaba que estaba pensando en irme, un trabajador dentro del partido me dijo: «Al final acabarás negociando y te ofrecerán algo y te quedarás, porque es así como funciona este mundo».

Óscar Puente me tiene bloqueada en redes sociales por haberle criticado

–Si cualquiera de los mensajes que ha escrito Óscar Puente en X, contra sus propios compañeros, contra periodistas y medios de comunicación, lo escribiera el jefe de la oposición o cualquier otra persona, ¿estaría totalmente cancelado?

–Óscar Puente me tiene bloqueada en redes sociales por haberle criticado. Solamente por esbozar que me parecían criticables sus formas, el señalamiento, su actitud en general, y que tenga el gatillo tan fácil a la hora de bloquear no solamente a ciudadanos anónimos, sino a periodistas, me parece grave. Perdemos mucho si la política se convierte en una pelea en el barro de ver quién dice la barbaridad más gorda o quién ataca al otro de forma más cruel.

–¿La resistencia de Pedro Sánchez ha reducido las posibilidades de Sumar y Podemos al dejarles sin espacio?

–Hay un intento de quedarse con todo el voto a su izquierda por parte del PSOE desde hace mucho tiempo. No creo que sea una cosa irremediable. El suelo de la izquierda en el ciclo actual, que no del Partido Socialista, es en el que estamos, y basta con intentar hacer unas cuantas cosas bien.

–¿De todas las que ya están hechas mal?

–Somos un país católico y, por tanto, tenemos una gran capacidad para el perdón.