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Cayetana Álvarez de Toledo, número dos en la lista de Feijóo por Madrid para el 29-N

El perfil

Cayetana, la indomable futura ministra de Feijóo

No cree que la violencia tenga género, ni que los hombres sean violentos por naturaleza, ni que ser mujer la defina, ni que a la izquierda le ampare ninguna superioridad moral

Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos (Madrid, recién cumplidos 52 años) militó primero bajo Rajoy, después bajo Casado y, ahora, bajo Feijóo, que la ha nombrado su número dos por Madrid para las elecciones del 29 de noviembre. Habrá de ser esta la definitiva para una persona a la que le cuesta militar en la sinrazón partidista, empeñada siempre en razonar, en defender sus propias ideas a veces no alineadas, en expresar su creencia en la libertad de los ciudadanos, en confrontar a cara de perro con la falsa superioridad moral de la izquierda. CAT es historiadora, periodista y política; también española, argentina y francesa; y para la izquierda, a la que desquicia, es, sobre todo, marquesa. Y con título: XIV marquesa de Casa Fuerte, título que heredó de su padre, el aristócrata galo Jean-Claude Álvarez de Toledo.

Compañera y amiga de la Reina Máxima de los Países Bajos, con la que compartió estudios en Buenos Aires, esta doctora en Historia ya fue recuperada por Feijóo en 2023, tras la salida de Pablo Casado, y apadrinada por Miguel Tellado, con el que ha formado un buen equipo en el Congreso, donde su desempeño ha sido impecable, sobre todo en su marcaje al ministro Félix Bolaños, cuyos pedazos han tenido que ser recogidos cada semana de la lona del banco azul. En una de sus más memorables intervenciones parlamentarias, y en cinco puntos, la compañera de ticket de Feijóo destrozó a Bolaños por la inmoralidad del Ejecutivo del que forma parte: lo tildó de burócrata reincidente, termita voraz en las instituciones, pasando por profanador de la independencia judicial; el caso es que la mano derecha de Sánchez no supo dónde meterse. Cayetana llegó a vaticinar que el titular de Justicia podría tener problemas en los tribunales; poco después, Juan Carlos Peinado pedía al Supremo que lo investigara por la contratación de la asesora personal de Begoña Gómez, pero finalmente el alto tribunal anuló la imputación. Esa osadía desacomplejada la catapultó al Comité Ejecutivo Nacional hace tres años, el segundo anillo de poder de Génova tras el comité de dirección. Entonces Álvarez de Toledo recuperaba un protagonismo perdido tras la crisis que la enfrentó a Casado y que motivó su cese como portavoz parlamentaria.

Siempre ha defendido que el PP no puede ser una alianza de barones, sino un partido con sustrato ideológico

CAT, tras doctorarse en Historia en Oxford y vivir en Buenos Aires, aterrizó en Madrid en 2000 e ingresó como redactora en El Mundo, primero como editorialista y luego como especialista económica. De ahí saltó a las tertulias de Jiménez Losantos en la COPE hasta que recaló en Génova como jefa de gabinete del entonces titular de Interior, Ángel Acebes. Fue elegida diputada por Barcelona, con un pírrico resultado, y empezó a significarse por su rechazo al independentismo catalán con un estilo incisivo hasta que en 2015 anunció que abandonaba la política por desacuerdos con Mariano Rajoy; fue su primer portazo a los populares.

Después de otra etapa periodística que volvió a ejercer en El Mundo, decidió aceptar la oferta de Casado de situarla el 28 de abril de 2019 en las listas del PP. Álvarez de Toledo tropezó dos veces con la misma piedra. Fue fulminada como portavoz parlamentaria por Pablo Casado, cuando el virus campaba a sus anchas por nuestros pulmones. Aquel agosto de 2020 el exlíder popular cayó en la trampa de Pedro Sánchez, al que gusta presentar como radical al que no se pliega a sus políticas populistas. Él se autoinstala en la moderación y, a partir de ahí, los que no comulgan con su credo woke son fascistas. Una de las razones que se esgrimió para sustituir a Cayetana por Cuca Gamarra es que a los barones de Génova les rechinaba su discurso sin complejos contra el nacionalismo, algo que a veces se echó en falta en el PP y que explica en parte la llegada de Vox. Por eso, Álvarez de Toledo siempre ha defendido que el PP no puede ser una alianza de barones, sino un partido con sustrato ideológico. Desde esa convicción, terminó enfrentada al entonces todopoderoso Teodoro García Egea, partidario de la política de apaciguamiento. De él, CAT señaló que ostentaba un «mando testosterónico».

Sin morderse la lengua, ha cantado todas las verdades a cuantos barqueros ha colocado la izquierda en su camino. A Carmena le recordó que no le perdonaría jamás que pervirtiera la cabalgata de Reyes para decepción de su hija de seis años (el tuit con su denuncia se convirtió en un fenómeno viral); a Sánchez le espetó que su dignidad personal era irrelevante; a María Jesús Montero le preguntó, a propósito del debate sobre la ley del 'solo sí es sí', «¿ustedes van diciendo sí, sí, sí, hasta el final?», y a la otra Montero, Irene, la afeó que «ha llevado el feminismo a una lucha desquiciada entre hombres y mujeres».

Es más amante del papel de prensa y de los libros, que del cuché, donde Iglesias le quiso recluir por su procedencia aristocrática

Sus controversias con la izquierda han sido mayúsculas, pero su gran logro (según sus propias palabras) fue ganar en los tribunales a Francisco Javier Iglesias Peláez, el padre de Pedro Manuel, que la acusó de intromisión en su honor al llamarle «terrorista». La Audiencia de Zamora ratificó que las palabras que la diputada popular pronunció en una entrevista se encuadraban en la libertad de expresión. En mayo de 2020, Álvarez de Toledo ya le había dicho al podemita en su cara desde la tribuna del Congreso que «es usted el hijo de un terrorista» (por la militancia en el FRAP de su padre, una organización terrorista responsable de seis asesinatos en los años 70). Aquellas palabras en plena pandemia fueron incluso afeadas por Feijóo, entonces presidente gallego, que no las consideró oportunas por el contexto de la crisis sanitaria: «Cometemos un grave error si contestamos a un Gobierno que ha perdido los papeles y la oposición también pierde los papeles», reprochó. El caso es que el vecino de Galapagar quiso vengarse llamándola «señora marquesa» cada vez que intervenía en el hemiciclo, y la madre del podemita también terció para tildarla de «marquesa de pacotilla con lengua bífida».

Cayetana impugna casi todos los paradigmas del populismo y de la izquierda, en clara sintonía con José María Aznar, con el que mantiene amistad: no cree que la violencia tenga género, ni que los hombres sean violentos por naturaleza, ni que ser mujer la defina (dice que tiene mucho más en común con Feijóo o Moreno que con Belarra o Irene Montero), ni que a la izquierda le ampare ninguna superioridad moral. A su favor opera que no se siente condicionada por la búsqueda de poder ni necesita el dinero público para vivir (su historial académico y profesional es indiscutible, donde destaca su magnífica tesis doctoral sobre Juan de Palafox, bajo la dirección del ilustre profesor Elliott), por lo que, sin hipotecas personales, contrapone la batalla de las ideas a las luchas internas de los partidos.

Vuelve a la primera línea ante unos comicios cruciales.: «Estoy aquí para hacer gran política, no para ser espectadora»

Es más amante del papel de prensa y de los libros (su ensayo Políticamente indeseable es un sólido alegato contra las falsedades de la izquierda y su adhesión a los nacionalistas, y un recorrido por sus difíciles años en el PP), que del cuché donde Iglesias le quiso recluir por su procedencia aristocrática. Hasta que el líder actual de la pyme de Podemos tomó de su medicina: «La aristocracia a la que pertenece usted es a la del crimen político», le descerrajó Cayetana.

Gran defensora de Albert Rivera en los albores de la «nueva política» que nos iba a arreglar la vida, CAT vuelve a la primera línea ante unos comicios cruciales. En su última entrevista en El País demostró que sigue siendo un verso suelto: confesó que no lee habitualmente los argumentarios de los partidos, que no ha entendido «lo de Ayuso y el ático» y que le gustaría ser ministra: «Estoy aquí para hacer gran política, no para ser espectadora». Que lo anote Feijóo.