Fiesta de Moros y Cristianos en la localidad gaditana
Cádiz
Moros y cristianos se enfrentan en este pueblo de Cádiz, único de la provincia que conserva esta tradición
La fiesta se remonta a principios del siglo XVI e incluye suelta de vaquillas y el desfile del patrón
Las fiestas de Moros y Cristianos están habitualmente vinculadas al Levante español. La tradición se concentra en especial en la Comunidad Valenciana y Murcia. Las de Alcoy son las más famosas de todas y están declaradas de Interés Turístico Internacional. Este tipo de festejos también se dan en zonas de Andalucía Oriental, pueblos del interior de Almería y Granada, como Vélez de Benaudalla.
Sin embargo, en Andalucía Occidental las Fiestas de Moros y Cristianos han desaparecido, a excepción de un pequeño pueblo —realmente una pedanía— que se sitúa en la Sierra de Cádiz y es a la vez uno de los rincones con más encanto de toda la provincia. Se trata de Benamahoma, a 13 kilómetros de Grazalema, municipio al que pertenece.
En este enclave de casas encaladas, entre las primeras rampas de la sierra y los senderos frondosos del río Majaceite, tiene lugar la única Fiesta de Moros y Cristianos que pervive en Cádiz. Este año se celebra del 1 al 4 de agosto y lo hace en honor al patrón del lugar, San Antonio de Padua, a pesar de que la onomástica cae en junio.
Ecos de la Reconquista
La tradición se remonta presuntamente a principios del siglo XVI, no mucho después del fin completo de la Reconquista. Benamahoma, donde la impronta musulmana sigue muy presente desde el propio nombre de la pedanía («Hijos de Mahoma»), fue tomada por los cristianos en 1485. Las luchas entre musulmanes y cristianos por el territorio se recrean en este evento de carácter festivo.
Durante el fin de semana, los vecinos de este pueblo de apenas 500 habitantes, se caracterizan de moros o cristianos, dependiendo de la tradición familiar. Una vez se ha tomado partido por un bando, la estirpe continúa militando en él. La imagen de San Antonio de Padua articula la lucha. Los moros parten con ventaja y la efigie del santo se mantiene tras sus líneas. Durante los días del evento, los cristianos irán avanzando para recuperarla. Al final, inevitablemente, los cristianos toman las posiciones y se simula una rendición de sus oponentes.
Luces y charangas
Pero además de las vistosas batallas entre las facciones, que tienen lugar en distintos escenarios del pueblo, las fiestas se completan con la suelta de vaquillas y el desfile de San Antonio de Padua, además de conciertos, charangas, gastronomía típica, un alumbrado especial y un tobogán acuático.
Para Carlos Javier García Ramírez, alcalde de Grazalema, esta tradición es un elemento potente de atracción turística en el interior gaditano. «Si en estos días vende muchísimo el turismo de playa, con todo lo que supone, la provincia de Cádiz tiene también la capacidad de encontrar en el interior, en un municipio como el nuestro, una de las fiestas de tradición histórica y cultural probablemente más arraigadas de cuántas tenemos en todo el territorio», asegura.