Imagen aérea de la finca más cara de España, en Puigpunyent
Una finca de 29,5 millones: Mallorca vende la casa más cara de España
Ubicada en Puigpunyent, la finca tiene 130.000 m² de terreno, nueve habitaciones, once baños, helipuerto, cine de casa, gimnasio profesional, huerto y viñedos
España ya tiene nuevo símbolo de su burbuja de alto standing: una finca rústica en Mallorca, a la venta por 29,5 millones de euros, se ha coronado como la vivienda más cara del país. El inmueble en Puigpunyent, a los pies de la sierra de Tramuntana, el paisaje más protegido y codiciado de la isla.
El anuncio no escatima en superlativos. 130.000 metros cuadrados de terreno, 1.500 metros útiles, nueve habitaciones, once baños y un precio por metro cuadrado de 19.932 euros. En la jerarquía inmobiliaria española, la finca se ubica en la cima de la pirámide: un santuario rural reconvertido en templo de diseño con viñedo, olivar, campo de lavanda y helipuerto.
Dentro, la ostentación se disfraza de serenidad mediterránea. La planta baja abre con un patio cubierto de viñas, ahora reconvertido en una «zona chill-out». Le sigue un cine doméstico Bang & Olufsen, una oficina, y un spa interior con piscina de 14 metros, sauna, jacuzzi, baño de hielo y duchas interior y exterior. En la primera planta, el dormitorio principal dispone de dos baños en suite y un vestidor de dimensiones industriales.
El resto de estancias siguen el mismo patrón: seis dormitorios con baño propio, una sala de estar con chimenea y otra oficina convertible en habitación. En el nivel inferior, con salida directa al jardín, se abre una cocina con comedor, desde la que una escalera privada comunica con la suite principal. Todo bañado por la luz suroeste que, según el anuncio, «crea una atmósfera de calidez y serenidad».
Pero el verdadero gancho no está en la piedra ni en el mármol, sino en la autosuficiencia idílica que promete el anuncio: huerto ecológico, vino Sauvignon «de cosecha propia», aceite de oliva y miel. Una especie de retiro sostenible para multimillonarios con gusto por la autenticidad manufacturada.
Fuera, una piscina climatizada de 16 metros, terrazas, una hoguera al aire libre y una pista de tenis reconvertible en campo de fútbol completan el decorado. Además, una casa de invitados independiente y un gimnasio profesional separan los espacios de trabajo, ocio y personal. Todo ello, «recientemente renovado con gran atención al detalle y utilizando los mejores materiales», según la inmobiliaria.
El helipuerto actúa como remate simbólico: la promesa de llegar sin pasar por el resto del mundo. En palabras del anuncio, «para quienes buscan la máxima comodidad, incluso existe la opción de aterrizar un helicóptero en la propiedad».
Más allá de la anécdota del lujo, la operación refuerza una tendencia. Mallorca —donde el suelo es finito y el turismo de alto poder adquisitivo no entiende de ciclos— sigue siendo el epicentro del mercado de lujo nacional. Mientras en la península el debate gira en torno a la vivienda asequible, en la Tramuntana se consolidan las fortunas que pagan el precio de la exclusividad.