De ucronías y ensaimadas
Un ataque contra España para quitar de en medio al dictador y restablecer la legalidad democrática. Winston Churchill, que conocía bien el concepto que tenían -y tienen- los comunistas del término 'democracia' se opuso a la iniciativa
De repente Mallorca entera se nos ha llenado de expertos en Derecho Internacional. También han salido como setas los defensores de los Derechos Humanos. La propia señora Armengol, sin ir más lejos, rompió la calma de su fin de semana para expresar públicamente su grave preocupación por la situación en Venezuela tras el ataque relámpago norteamericano y la «extracción» de Maduro y su esposa del fuerte militar en el que se habían refugiado.
La de Inca manifestó asimismo su temor por la violación de sagrados valores, contenidos, por cierto, en la Declaración de Independencia de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica. Muy loable, la actitud de doña Francina, sólo que me hubiese encantado oír de su boca igual o superior preocupación por la seguridad y los derechos de los ciudadanos israelíes -jóvenes en su gran mayoría, incluso bebés- que el 7 de octubre de 2023 fueron salvajamente atacados por una horda de terroristas, muy amigos, qué casualidad, de Maduro y su régimen tiránico.
Entiendo que eso de irrumpir de madrugada en el territorio de un país soberano para llevarse por los aires a un sanguinario dictador y a su esposa, no se ajusta demasiado a las directrices del Derecho Internacional, pero la unidad de élite enviada por Trump no atacó objetivos civiles, ni violó a mujeres y niños, ni tomó otros rehenes que el ex chófer de autobuses y su dilecta compañera de vida.
Armengol podría situarse en Julio de 1945 y en Postdam, donde los vencedores de la II Guerra Mundial se repartieron el mundo
Dado que hoy es el día de los Reyes Magos me gustaría que a la señora Francina le hubiesen traído un juego de mesa -imposible, porque me lo acabo de inventar- que podría llamarse algo así como Ucronias: retroceda en el tiempo y cambie el curso de la Historia. De haber sido obsequiada con tan fascinante juego, Armengol podría situarse en Julio de 1945 y en Postdam, donde los vencedores de la II Guerra Mundial se repartieron el mundo. En aquella conferencia Joseph Stalin propuso derrocar a Franco a través de una operación militar. Un ataque contra España para quitar de en medio al dictador y restablecer la legalidad democrática.
Winston Churchill, que conocía bien el concepto que tenían -y tienen- los comunistas del término democracia- se opuso a la iniciativa. El cuco general africanista que gobernaba con mano de hierro una empobrecida España seguiría en el poder ante la estupefacción de quienes esperaban la derrota fascista para darle la vuelta a la tortilla española, y nunca mejor dicho.
Estoy seguro, segurísimo, de que a Armengol -no hablo ya de la panda de mindunguis de la izquierda mallorquina, con especial mención a los que tuvieron el coraje de salir a la calle en la tarde de un gélido domingo de enero para pedir la libertad de Maduro- le hubiese encantado la alternativa de -según la propuesta de Stalin- invadir España, tomar Madrid, llegarse hasta el Pardo y sacar a don Francisco y doña Carmen de la cama para llevárselos quién sabe dónde. ¿A que sí, señora mía?
-Pero es que no es lo mismo.
La vocecilla me llega débil, atenuada por la enérgica condena de Sánchez al ataque de los yanquis, expresada conjuntamente con sus socios bolivarianos.
-No, don Miguel, no es lo mismo...
-Ah, ¿no? Y ¿por qué?
Se lo dijo un día mi papá a un pregonero de Sineu, muy dado a señalar la chepa en espaldas ajenas pero nunca en la suya.
-Claro: si pago yo en vez de usted, sí puede comerse dos ensaimadas en vez de una... ¿no?
Pues eso.