¿Verde y negro para ilustrar el cartel del Día del Libro? Lagarto, lagarto
La perspicacia de Prohens ante el declive de los populismos contrasta con la ceguera de una Conselleria de Cultura que se deja engañar por el sibilino adoctrinamiento del cartelismo 'progre'
Observo con satisfacción que Prohens captó al vuelo el cambio que va a suponer la derrota de Orban en Hungría. Su advertencia a la señora Cañadas –ojo con el populismo porque no van a poder estar engañando a todos durante todo el tiempo– demuestra la perspicacia de la presidenta también en materia de política internacional. No es que Vox vaya a diluirse ahora como un azucarillo pero el cambio de tendencia, tal como señalé en mi anterior artículo, parece evidente. El próximo aviso podría ser la mayoría absoluta de Juanma Moreno en Andalucía, aunque tampoco hay que fiarse de las encuestas ni de los pronósticos. En política como en la Champions, –se constató en la noche del martes– hay que ser muy desconfiados.
En la Mallorca de nuestros pecados no abundan actualmente los políticos con pipella, palabra mallorquina que en este caso debería traducirse por «ojo». Es fácil meterles un gol a nuestros actuales servidores públicos, y no hablo de la oposición –que está totalmente en la inopia, aunque sin perder su proverbial mala leche– sino de los que ahora mismo ejercen el poder. Unos más que otros, claro está.
Un ejemplo, y sé que muchos me tildarán de malpensado o de estar llevando constantemente el agua a mi molino: para mí que algún listillo del Gremi de Llibreters o de la Obra Cultural Balear se la ha dado con queso a la Conselleria de Cultura a propósito del cartel anunciador de la Diada de Sant Jordi, también denominada Día del Libro. Ruego a vuesas mercedes que observen atentamente el susodicho cartel fijándose no solo en su diseño sino en la combinación de colores utilizados en el mismo. ¿Lo han mirado? ¿Qué les sugiere? Seguramente poca cosa pero para mí que el diseñador, por inspiración propia o por indicación ajena, tenía una intención subrepticia pero de muy mala uva.
Algún listillo del Gremi de Llibreters o de la Obra Cultural Balear se la ha dado con queso a la conselleria de Cultura con el cartel de la Diada de Sant Jordi
En la línea de lo que hemos visto en los últimos años, por supuesto, pero para nada inocente. ¿A qué viene la combinación del verde y el negro enmarcados en algo que bien pudiera sugerir una bandera para anunciar la gran fiesta anual de la literatura? ¿En qué estaría pensando el autor del póster en el momento de plasmar esas imágenes? Se lo diré yo, aunque acepto de antemano que podría estar equivocado: el artista, quizá enajenado, quizá adoctrinado, se imaginó por un momento que estaba diseñando el cartel anunciador del Día del Libro en Palestina.
No nos engañemos: los poderes públicos habrán corrido con los gastos de la promoción de la fiesta del 23 de abril, pero quienes están detrás del cotarro son personas que en los dos últimos dos años se han hartado de plasmar su obsesión palestina en todo cuanto han hecho, ya fuese una merendola solidaria en el castillo de Bellver, una manifestación en favor de Gaza o un festival de música en beneficio de los pobrecitos palestinos. Los colores verdinegros han sido una constante en todo acto organizado por gente afín a la izquierda. Las consignas antiisraelíes han aparecido por todas partes, pero siempre, lejos o cerca, estaban los autodenominados «progresistas». Unos lo han hecho más a lo bestia -ahí están las pintadas en el escaparate de una librería, creo que en Manacor- mientras que otros han sido más finos.
Creo, estimados conseller y director general de Cultura, que este ha sido el caso. Quizá ustedes no se han apercibido, porque esta gente es muy sibilina, pero a este cronista con los cuartos traseros pelados en el fragor de mil batallas político-culturales, le han dejado con la mosca detrás de la oreja.
Y miren ustedes, todos: casi que me alegro de no poder participar este año en la firma de libros, tal como me propuso mi editor, porque creo que me hubiese presentado con indumentaria blanquiazul.
Y no soy del Atlético Baleares.