Almuerzo de conspiradores con postre de sabor terroso
¿De que servirían dos o tres diputados que no pudiesen conformar una minoría? En cualquier caso, inevitablemente, ahí estará Vox: el agua y el aceite
Mientras Sánchez se enfrenta a su particular «Semana de Pasión» -por cierto, vergonzosa la declaración «en diferido» de la señora Armengol- Mallorca recupera su latido político. El martes estuve en un almuerzo conspiratorio, que no conspiranoico, que se celebró en un lugar cercano a la playa de Muro. Mi papel era el de ver, oír y callar, pero me autorizaron, parcialmente, el comentario escrito posterior. Los comensales era fundamentalmente empresarios aunque algunos juegan, siempre tras bambalinas, sus cartas políticas. En general, todos se mostraron contentos con Prohens, aunque con reticencias. Entre el primer y el segundo plato salió a colación el tema del centro regionalista, y ahí surgieron algunas muecas que, en un principio, no fui capaz de descifrar.
--Eso no puede salir bien. Demasiadas capillitas y escaso peso político.
Sin embargo, un influyente hotelero insistió en el hecho de la existencia de un nicho de unos treinta mil votos que, en determinadas circunstancias, podrían dar algún que otro diputado.
--No lo niego, pero las cuentas no salen. Tendría que producirse una carambola a tres bandas.
Cierto -pensaba yo- en una hipotética, casi milagrosa, recuperación del espacio regionalista, ello no serviría para la configuración de una mayoría estable. Ahí estará Vox. ¿Cómo van a ligar el agua y el aceite?
El análisis no puede ser más acertado: a la derecha del Pecos cualquier pacto de gobernabilidad pasará inevitablemente por el partido de Abascal y su férrea dependencia de las directrices de Madrid.
En una hipotética, casi milagrosa, recuperación del espacio regionalista, ello no serviría para la configuración de una mayoría estable. Ahí estará Vox
--Un año es mucho tiempo, pueden pasar muchas cosas.
A ver: aquí hay diversos aspectos a analizar. Primero: los regionalistas solo tienen alguna posibilidad de rascar escaño si los distintos grupos hoy divididos se unen en una sola opción. Y eso, de momento, está muy verde.
Lo que ocurre -seguía pensando el cronista- es que los escasos alcaldes regionalistas con un poco de peso político no acaban de decidirse a dar el paso. Intuyen que las cuentas no salen y no quieren trabajar para que cuaje una opción que, en el mejor de los casos, quedaría al margen del juego de pactos. ¿De qué servirían dos o tres diputados que no pudiesen conformar una mayoría? De ahí lo de la carambola a tres bandas, pero eso es como pedir a Sánchez que, por una vez, no mienta. Un importante empresario de alquiler de vehículos pareció leerme el pensamiento.
--¿Alguien puede pensar que el PP pacte con los regionalistas y con Vox al mismo tiempo?
El dedo en la llaga. Ciertamente, el posicionamiento actual de «Coalició per Mallorca» son más cercanos a Més que al Partido Popular. Le Senne -porque él y no otro será el cabeza de lista de Vox- ni siquiera accedería a hablar con ellos.
--Recordad a Fraga, compañeros: la política hace extraños compañeros de cama. Sería necesario, desde luego, acercar posiciones antagónicas, pero cosas más raras se han visto...
A la hora de los postres -un pudin de sabor terroso- alguien pronunció un nombre que arrancó escalofríos: el de Silvia Orriols.
--Esa señora es más de derechas que Abascal pero también es independentista. Salvando las distancias con Catalunya, porque aquí no somos así: ¿podría surgir una opción a la derecha del PP pero rabiosamente defensora de aquel eslogan ya olvidado, aquel que proclamaba la necesidad de restaurar el mallorquinismo político de Melià Pericàs o incluso el de Joan March? Os ruego que no descartéis esa posibilidad.
Salí de la comilona -por decir algo- con el estómago revuelto y la mente embotada.