Péssaj y Pascua: por qué no son lo mismo aunque coincidan en el calendario
Ni el pan, ni el cordero, ni el mensaje: las claves para distinguir las dos celebraciones más importantes de la tradición judeocristiana
Cada año por estas mismas fechas algún amigo me pregunta las diferencias existentes entre la «Pascua judía» –en realidad el Péssaj– y el denominado Domingo de Resurrección; y siempre con la misma coletilla:
–Porque creo que ambas son prácticamente lo mismo, ¿no?
En este artículo voy a intentar contestar a esta repetitiva cuestión partiendo de la base de que no soy teólogo ni nada que se le parezca pero con el ánimo de sentar las diferencias existentes entre ambas festividades -que son muchas y esenciales- siempre desde el respeto hacia las creencias de cada uno.
La festividad de Péssaj conmemora la liberación del Pueblo Judío de la esclavitud de Egipto, acaecida hace 3.338 años. Se trata de un acontecimiento decisivo en la historia de la Humanidad ya que del mismo surgió la libertad de los hebreos y la construcción de un pueblo de hombres libres en un mundo entonces regido por el principio de la esclavitud y el sometimiento de los más débiles.
La historia se inicia en el Libro del Éxodo, el segundo de la Tora y parte de la liberación individual de los israelitas esclavos en Egipto, y la constitución de una nueva sociedad basada en la Ley de Moisés. Péssaj tiene, por tanto, una dimensión personal y colectiva. Cada año, en todo el mundo, millones de judíos se reúnen en familia o en comunidad en la anochecida del día 14 del mes hebreo de Nissan para celebrar el Seder Pésaj, una cena conmemorativa en la que se recuerda, paso a paso, todo lo acontecido en aquella efeméride, con especial atención al precepto de transmitir a los hijos la historia del Pueblo Judío. Se les incita a la curiosidad a fin de que hagan preguntas para llegar a la conclusión: «Porque el Altísimo nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido».
Cristianos y judíos celebramos conceptos teológicos distintos: los israelitas en Egipto comieron el cordero en la noche de su liberación, mientras que para los cristianos Jesús es el cordero pascual
Dado que los israelitas -no confundir con los israelíes- salieron del cautiverio de prisa y corriendo –cuando el faraón, agobiado por las plagas, autorizó su marcha– no dispusieron de tiempo para preparar el pan, de manera que se llevaron la masa sin leudar. En memoria de aquel hecho, los judíos no podemos consumir alimentos leudados –es decir, que contengan levadura– durante una semana, la que va del mediodía anterior al Seder hasta transcurridos ocho días. Los sustituimos por la matzá, o pan ácimo, que durante este tiempo constituye la base de nuestra alimentación.
1.300 años después de todo esto, Jesús de Nazaret, que era judío y practicaba el judaísmo, «subió» a Jerusalem en cumplimiento del precepto que así lo ordenaba llegado el tiempo de Pessah. Allí celebró el Seder con sus discípulos –lo que los cristianos conocen como «la Última Cena»– y después fue detenido y crucificado por los romanos.
La coincidencia -no casualidad- de estos hechos en la semana de Péssaj ensambló ambas festividades en el tiempo. Con una diferencia sustancial: cristianos y judíos celebramos conceptos teológicos distintos: los israelitas en Egipto comieron el cordero en la noche de su liberación, mientras que para los cristianos Jesús es el cordero pascual que se inmoló para salvar al mundo. Vemos, pues, una fuerte conexión histórica y simbólica, pero con un significado teológico no solo distinto sino opuesto.
El miércoles pasado un nutrido grupo de judíos residentes en Mallorca, junto a unos pocos judíos mallorquines, celebramos un Seder Péssaj en la sinagoga. Al día siguiente, jueves, esa celebración tuvo lugar en mi casa, junto con los amigos íntimos con los que hemos hecho el camino de regreso a Sión. No comimos, por supuesto, robiols ni crespells. El pan ázimo y las hierbas amargas fueron la base de la cena. Junto a algunos manjares permitidos, por supuesto. Y al final, la frase de rigor: «El año que viene, en Jerusalem».