«La crisis vendrá, eso es seguro, con guerra o sin ella»
Mallorquines de toda la vida te explican que el comer y vivir bajo un techo se les está convirtiendo en misión imposible: un 45% de sus ingresos se les van en atender -malamente- sus necesidades básicas
Pedro Homar, secretario general de UGT-Baleares parece una persona sensata: «Ahora, con la guerra no es el momento de hablar de contención turística». Sabías palabras. El conflicto de Irán ha movido todas las piezas sobre el tablero y aunque, de momento, solo está afectando a las economías familiares más vulnerables, los empresarios empiezan a mirar de reojo sus expectativas de cara a la temporada veraniega. «Si la guerra no acaba en unas pocas semanas -me decía un profesional de la restauración muy importante- a finales de agosto podemos pasarlo mal. Antes, no creo que nos afecte de manera importante». De todas maneras, mi interlocutor no se mostraba excesivamente optimista: «La crisis vendrá, eso es seguro, con guerra o sin ella».
Inestabilidad es la palabra y, en efecto, el conflicto de Oriente Medio no es el causante original de la angustia contenida que captas -como una corriente de aire que no sabes de donde viene- en cuanto pisas un poco la calle y hablas con la gente. Esta Semana Santa ha cumplido con las expectativas: restaurantes a rebosar, carreteras colapsadas, fiestas abarrotadas y, como telón de fondo, el pálpito de una espiritualidad buscada, aunque no siempre encontrada. Pero es obvio que el mundo -y Mallorca forma parte del mismo- está sentado sobre un volcán. Ayer hablé con uno de esos chapucillas que trabajan aquí y allá, que trampean con un sueldo bajo y unas ayudas que llegan o que no llegan. Inmigrante, por supuesto, que va y viene de su lejano país natal siempre a precario. Este año no ha podido encontrar alojamiento y se ha instalado con un amigo okupa.
Grupos y corporaciones que no tienen ideología se han esforzado mucho en que el mundo devenga más injusto. Están tensando la cuerda desde mucho antes de la guerra a la que ahora se adjudican todos los males
Mallorquines de toda la vida te explican que el comer y vivir bajo un techo se les está convirtiendo en misión imposible: un 45% de sus ingresos se les van en atender -malamente- sus necesidades básicas. Alguien -no precisamente los partidos políticos sino aquellos grupos y corporaciones que no tienen ideología- se ha esforzado mucho en que el mundo devenga más injusto. Están tensando y tensando la cuerda desde mucho antes de la guerra a la que ahora se adjudican todos los males. Y estamos llegando a un punto de no retorno. Casa y comida son los componentes de un cóctel nuevo. Nunca hasta ahora nuestra sociedad -aparentemente opulenta- se había enfrentado a algo así. El problema hasta hace poco era que la gente ganaba menos, que necesitaba más ingresos para vivir peor que antes y, por lo que se refiere a los jóvenes, la certeza de que una buena formación -carrera universitaria más algunos masters- no te garantizaba un sueldo digno, al menos en los primeros años. Por mucho que Sánchez presuma de que la economía va como un tiro, todo apunta a que la gente, poco a poco, inexorablemente, irá siendo más pobre. Y ahí sí que la guerra -si es que se prolonga- puede representar la escena taurina de la puntilla y el descabello.
De momento, el común de los mortales prefiere no ver lo que se avecina. Estas vacaciones de primavera han tirado de tarjeta de crédito y han sentido, por unos días, que todo estaba bien. Hoy mismo, sin ir más lejos, mis paisanos celebran un romería de ancestrales orígenes que con el paso del tiempo ha devenido en una epifanía gastronómica. Enormes calderos de arroz serán consumidos por grupos de familias y amigos en el entorno idílico de Crestatx. Comida en abundancia y regueros de alcohol. Algunos empiezan la fiesta a primera hora, todavía en el pueblo, con gran consumo de cerveza. La jornada será larga y los políticos acudirán al evento a estrechar manos, repartir besos y probar los arroces, en un ambiente alegre y despreocupado. La euforia se instalará entre la multitud que cantara y bailará, alegre y confiada. «¿La guerra? Nada podemos hacer al respecto, eso escapa a nuestra comprensión y posibilidades». Razón no les falta. Además, en Mallorca tenemos una frase mágica para estos casos: ja ho veurem. Eso espero, por lo menos.