Ni contigo ni sin ti (por favor, respeten a sus votantes)
Inaceptable que PP y Vox sigan sin formar gobierno en Extremadura, que votó el 21 de diciembre, cuando suman el 60% de los votos; ¿pasará lo mismo en España?
Mal, muy mal. Hay que decírselo claramente: resulta inaceptable que PP y Vox, contrariando el deseo mayoritario de sus votantes, no se pongan de acuerdo de una puñetera vez para constituir los nuevos gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Supone una falta de respeto a los ciudadanos de esas regiones que depositaron en ellos su confianza.
Este circo de rencillas, celos y zancadillas abre además una pregunta inquietante: ¿Será este también el nivel de entendimiento que mostrarán cuando caiga por fin Sánchez y les toque ofrecer una alternativa mejor para España? ¿Van a saber cooperar para dejar atrás la calamitosa página del sanchismo… o van a seguir propinándose puntapiés al dictado cortoplacista de sus calculadoras electorales?
La situación es especialmente lacerante en Extremadura, cuyas elecciones se celebraron ¡el 21 de diciembre del año pasado! El resultado fue clarísimo. María Guardiola logró el 43% de los votos y obtuvo más escaños que la suma de la izquierda, quedándose a cuatro de la mayoría absoluta. PP y Vox consiguieron el 60% de los votos. Es decir, los extremeños hablaron muy claro en las urnas: no querían a la izquierda. Pero el partido de centro y el de derecha no se dan por aludidos.
Es cierto que María Guardiola presenta un perfil atípico, que encaja más en un PSOE templado que en la derecha. Pero aún así, los extremeños han expresado con rotundidad que quieren que ella siga siendo su presidenta, en una región que era de tradicional dominio socialista. Lo normal sería buscar un rápido entendimiento PP-Vox, ofrecer ambas partes un poco de altura de miras y ponerse a trabajar de una vez. Pues no.
Lo de las negociaciones autonómicas de PP y Vox está comenzando a lindar lo ridículo, si es que no lo ha sobrepasado ya. De cuando en vez se divulga la noticia de que los jefes supremos, Feijóo y Abascal, se han telefoneado para desatascar las negociaciones. ¡Albricias! ¡Los adultos han hablado y parece que por fin todo ha quedado resuelto! Pero acto seguido los dos partidos empiezan a zumbarse de nuevo, Vox a espadazo limpio y el PP, con esgrima y florete, pero pinchando también lo suyo.
En un mismo día son capaces de negociar a la hora del desayuno y de ponerse a parir en alto a la de la siesta. Un planteamiento demencial, que provoca irritación y hace que las negociaciones encallen. Ayer mismo, el candidato de Vox en Aragón, Nolasco, anunció que sus conversaciones con el equipo de Azcón iban por «buen camino». Pero dos frases después ya estaba arremetiendo a saco contra Génova mano a mano con Figaredo. Extraña manera de negociar.
No debemos dejarnos distraer por la potente trompetería propagandística del Gobierno. A pesar de su altanería, la verdad es que Sánchez ya está de salida. El promedio de todas las encuestas es tozudo: la suma de PP y Vox se encuentra 20 escaños por encima de la mayoría absoluta. No existe para el PSOE ese supuesto efecto vigorizador del No a la guerra que venden algunos tertulianos del régimen. Sánchez está fuera, a pesar de que se está zampando el voto de la extrema izquierda. Si no media un pucherazo bananero, que dada la acreditada honestidad del personaje resulta impensable -y ustedes ya me entienden-, no tiene tiempo por delante para una remontada.
Feijóo será por tanto el próximo presidente, con una desganada aquiescencia de Vox, que no puede permitirse que siga el PSOE en el poder por una falta de entendimiento del centro y la derecha. Y aquí viene la duda: ¿Sabrán cooperar a partir de ahí para dar la vuelta al sanchismo y poner a España en forma? ¿Acabará Feijóo cayendo en la tentación de buscar apoyos en el PSOE, Junts y el PNV para ir sacando adelante el día a día? ¿Vox cooperará lealmente con el nuevo Gobierno… o se instalará en el cuanto peor mejor, en la esperanza de una caída temprana de Feijóo y unas nuevas elecciones, donde pueda luchar ya por los primeros puestos?
Hemos vivido siete años de socialismo, con una fiscalidad abrasiva, pulsiones autoritarias, cesiones a los separatistas e ingeniería social «progresista» en vena. ¿Vamos a contar con un Gobierno estable que atienda al interés general de España? ¿O vamos a seguir con esta estéril peleíta, que parece sacada de aquella balada setentera?: «Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio / Contigo porque me matas / Sin ti, porque yo me muero / Ni contigo, ni sin ti».