Fundado en 1910
Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Nervios innecesarios

La carta que ha escrito Ignacio Garriga no está a la altura de su categoría

Act. 05 abr. 2026 - 12:42

Albergo buena opinión de Ignacio Garriga, como de todas las personas que se atreven a significarse en Cataluña para defender su indudable españolidad frente a la insufrible presión del separatismo, xenófobo y supremacista. Además, en las ocasiones en que he estado con él encontré a una persona muy educada y razonable.

Garriga, de 39 años y profundo creyente católico, es padre de cinco hijos, que son el centro de su vida. Nacido en una familia catalana de posibles, es dentista de profesión y podía vivir espléndidamente de su consulta sin los quebraderos de cabeza de su lucha política. A los 18 años se metió en el PP y luego se pasó a Vox en sus albores, donde hoy se desempeña como secretario general y vicepresidente.

Pero Garriga se ha dejado llevar por los nervios, o por asesores demasiado dinamiteros, y ante el jaleo con los disidentes de Vox y sus acusaciones ha publicado una carta histriónica e innecesaria, pues en realidad su partido va viento en popa. Los resultados de Castilla y León no se han leído bien. Vox obtuvo allí mayor porcentaje de voto que en Extremadura y Aragón y 6,6 puntos más que Abascal en las generales de 2023. Por lo tanto, no han sufrido retroceso alguno, ni lo padecerán en breve, porque encarnan unos postulados en boga ahora mismo en todo Occidente.

En su carta, Garriga avienta una teoría de la conspiración sin aportar prueba alguna. Según su denuncia, los problemas que está sufriendo Vox con sus militantes enojados y con los expulsados atienden a un «ataque mafioso» orquestado por el PP. En concreto, Garriga nos dice que tienen su origen en un taimado trío galaico, formado por Feijóo, Tellado y «la asesora Mar Sánchez», a los que denomina «clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría».

Como gallego y como español me molesta y sorprende la comparación. Recupera además todo un clásico del nacionalismo catalán para despreciar a los gallegos. Cuando en el cambio de siglo despuntaban el milagro de Zara y el Deportivo, el pujolismo lo achacaba con displicencia altiva «al dinero del narcotráfico». Hay que pensar un poco lo que se escribe, o pulir mejor a los escribientes.

Tampoco acierta demasiado Garriga tachando de «arribistas y despechados» a algunos críticos que en su día se jugaron hasta el físico por defender el proyecto de Vox en las plazas más duras. Son personas que tienen todo el derecho a expresar un punto de vista sobre los responsables de su partido. Cuando todavía era una figura de Vox, Rocío Monasterio me contó alguna vez sus duras experiencias soportando «hasta el lanzamiento de adoquines» por atreverse a defender las ideas del partido en territorio hostil. ¿No vale de nada el esfuerzo de años de toda esa gente solo porque se han permitido discrepar?

Vox no va a perder votos por su problema con los críticos, ni por las acusaciones sobre sus cuentas, porque ante el excesivo giro al centro del PP se ha quedado casi con el monopolio en España del conservadurismo y tiene asegurada una fuerte base electoral.

Por supuesto que en Génova brindan con champán al ver que surgen problemas en Vox, pues ambos se disputan el mismo caladero. Del mismo modo que en Bambú se alegran y aplauden cuando surgen turbulencias en el PP. Pero de ahí a denunciar una conspiración «mafiosa» y «brutal» de los «contrabandistas gallegos» de Génova «sin precedentes en la democracia»… Es de temer que al escribiente le ha sobrado brocha gorda, defecto habitual de su partido, y victimismo. El síndrome del perseguido no se corresponde con la firme consolidación actual de Vox.

Hoy se publica en El Debate la primera gran entrevista de Milei con un medio español, concedida a Bieito Rubido en Buenos Aires. Con la claridad que otorga a veces la distancia, el presidente liberal argentino recomienda a nuestros partidos de la oposición que se centren en echar a la izquierda del poder, y una vez resuelta esa urgencia es cuando llegará el tiempo de que cada cual defienda sus particularidades y se centre en ellas.

Eso es lo que piensan también la mayoría de los votantes de PP y Vox, que desean que se entiendan para echar a Sánchez y para dejar atrás los males endémicos del socialismo y el separatismo.

No harán demasiado caso. Lo cual resulta curioso, pues ambas formaciones se proclaman abanderadas del sentido común. El PSOE acusa al PP de ser como Vox y estar rendido a él. Y Vox acusa al PP de ser «el PSOE azul» y «una estafa». Misterios de la España del siglo XXI. Y mientras tanto, Sánchez se abanica en su tumbona de Las Marismillas viendo a la alternativa a bofetadas. Las elecciones de Extremadura se celebraron el pasado 21 de diciembre y todavía no han formado un Gobierno. Ay, qué tropa.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas