¡Viva Elche!
Por supuesto que sus ediles tienen todo el derecho del mundo a ejercer su libertad y aprobar una moción contraria al aborto
El Tribunal Supremo de Estados Unidos acaba de derogar una ley de Colorado que prohibía las llamadas «terapias de conversión» para menores con tendencias homosexuales. Veinticuatro estados mantienen prohibiciones similares. La decisión ha sido casi unánime, con ocho votos a favor y solo uno en contra, y con apoyo de dos de los tres magistrados designados por presidentes demócratas. Los jueces atendían así a un recurso de una psicóloga cristiana. ¿Y por qué le han dado la razón? Pues porque la terapeuta argumentaba que sus clientes venían a su consulta libremente, sin coacción por su parte de ningún tipo, y que prohibir que les pudiese hablar expresando su punto de vista iba contra la Primera Enmienda de la Constitución, que consagra la libertad de expresión.
Las libertades personales son intocables en la acrisolada democracia estadounidense, empezando por las de expresión, prensa y culto. Pero nuestra impetuosa izquierda todavía no ha asumido tan básico concepto. Es curioso que aquellos a los que se les llena la boca hablando de «libertades» y «derechos» resulten luego los más intransigentes cuando otros los ejercen a fin de defender puntos de vista contrarios al «progresismo» obligatorio.
En Elche gobierna un alcalde del PP, un profesor de secundaria de 42 años y creencias católicas, en coalición con Vox. Ejerciendo su legítima libertad, han aprobado a iniciativa de Vox una moción contra el aborto y que rechaza también la maniobra ilegal que prepara Sánchez para colarlo como «derecho» en la Constitución, sin seguir el cauce previsto para reformar la Carta Magna (no va por la vía legal porque ahí no le salen los números). El Gobierno y su trompetería se han puesto histéricos. Hablan de «escándalo», de la «internacional del odio» y exigen al estupendo alcalde de la ciudad, Pablo Ruz, que pida perdón. «No permitiremos ningún retroceso en los derechos de las mujeres», advierte muy enojada la ministra portavoz.
¿Y qué dice la terrible moción «ultra»? Pues empieza señalando que «la defensa de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural no es una cuestión ideológica, ni política, ni religiosa; se trata de una cuestión de orden natural, y una exigencia de la recta razón y de la ciencia». Un aserto que a millones de españoles, que tenemos los mismos derechos que los que votan al PSOE, nos parece de lo más razonable.
A continuación piden que se deroguen «las leyes que faciliten la muerte de inocentes por vía del aborto». Y están en su perfecto derecho a expresar esa petición, que no imposición. ¡Solo faltaría que no se pudiese emitir en España una opinión y una petición sobre tan trascendental materia!
Por último advierten sobre el plan de Sánchez para introducir el «derecho» al aborto en la Constitución saltándose el apoyo de los dos tercios de la Cámara y el preceptivo referéndum, una amenaza de corte autoritario que expuso el propio alcalde.
Lo que está pidiendo la izquierda con su jaleo es que todos aceptemos sus puntos de vista, incluso cuando fomentan algo tan odioso como la eliminación sistemática del nasciturus (por motivos casi siempre de comodidad, de «ahora no me viene bien un niño», que es la verdad innombrable que subyace como móvil tras la mayoría de los abortos).
Pero algo está cambiando cuando ya se comienzan a cuestionar en alto los cimientos de la ingeniería social del PSOE, una lluvia fina —con brochazos gruesos de Zapatero y Sánchez—, que ha moldeado la mentalidad de la sociedad española y que aspiraba, sin conseguirlo, a descristianizarla.
Por desgracia, un emisario del PP genovés ha acudido presto al magazine de Griso para desautorizar al alcalde de Elche. Ha sido De los Santos, vicesecretario de Igualdad de ese partido (¿qué hace una formación como el PP copiando la jerga del PSOE y de Podemos con secretarías de Igualdad?). Su argumento lindó el absurdo. Vino a decir que el del aborto «es un tema absolutamente cerrado». Será para él, no para los millones y millones de personas de todo el planeta que defienden la causa de la vida y lo ven una aberración. Si Feijóo piensa como su secretario de Igualdad, desde luego muchos preferirán el PP del alcalde de Elche y el de Ayuso, una dirigente que está dando la batalla por el derecho a la objeción de los médicos mientras su partido la deja sola. Despierten: esto no va solo de cuadrar las cuentas, la izquierda quiere imponer su modo de ver el mundo.
Así que ¡viva Elche!, y viva la libertad de expresión.