Atlantic CityLuís Pousa

El Dépor somos todos

Regresar a Primera significa volver a competir entre los grandes, pero también aceptar las obligaciones y las normas de la élite

Después de una larga temporada en el infierno, el Deportivo ha vuelto a Primera y deberíamos estar exultantes. Pero nunca se asciende a gusto de todos. Hay un sector del deportivismo que está inquieto. A estos aficionados les está costando adaptarse al nuevo paisaje e incluso podría parecer que añoran los viejos tiempos, cuando chapoteábamos en el barro, pero nadie prestaba mucha atención a esta esquina del mundo y se podía vivir un poco al margen de las reglas.

Los protestantes se manifestaron este jueves contra el club. Allí estaban los Riazor Blues, los Old Faces y la Federación de Peñas. Recorrieron con sus consignas la calle San Andrés, desde la plaza de Pontevedra hasta la sede de Abanca, para clamar contra la subida de precios de los abonos y, sobre todo, contra las normas para renovar el carné de Marathón Inferior. No les gustan estos cambios y les encantaría que todo continuase como hasta ahora, con ciertas inercias y flexibilidades heredadas de otras épocas.

La nostalgia está muy bien para echarse de vez en cuando unas gotitas encima. Pero si se trasiega en vaso de tubo puede producir daños irreparables en la salud. Porque, si uno se aferra demasiado al pasado, corre el riesgo de convertirse en pura arqueología. Todos preferiríamos mantener los abonos al precio de Segunda. Pero el equipo jugará esta temporada en Primera y no se antoja descabellado que el carné general oscile entre los 320 euros de la renovación en Pabellón Inferior y los 1.060 del alta en Tribuna Superior. Basta con echar un vistazo a las tarifas de otros clubes de la categoría o al coste de los partidos en las plataformas televisivas para comprender que la tabla de precios del Deportivo se mueve en los rangos habituales de la economía futbolera.

Pero más allá del bolsillo, lo que realmente parece haber dolido a esta parte de la afición deportivista es la regla establecida para renovar el carné de Marathón Inferior, que es precisamente donde se concentran —iba a escribir que se sientan, pero nunca se sientan— los Riazor Blues y los Old Faces.

Afición del Deportivo de La Coruña

Afición del Deportivo de La Coruña, durante la manifestaciónEL DEBATE

Mientras el resto de localidades pueden renovarse online, a los cuatro mil socios de la antigua General se les pide que acudan personalmente a la oficina de la avenida de La Habana para hacerse con el carné de la temporada 26/27, de forma que el propietario del abono quede debidamente identificado (algunos pases están a nombre de la correspondiente peña y los comparten varias personas). ¿La razón? La grada está bajo el foco de la Liga, que exige al club aplicar la normativa de seguridad a rajatabla. El Deportivo tiene dos apercibimientos de cierre del estadio —uno total y otro de Marathón Inferior— y afronta un importante coste por las multas ya firmes (90.000 euros) y los expedientes abiertos (340.000 euros) por entonarse en ese fondo proclamas como «esa Coruña cómo la goza viendo quemarse a la puta Zaragoza». Tampoco suena disparatado que, si se repiten esos cánticos, se pueda identificar y sancionar al infractor, y que no sea el colectivo quien pague los excesos de unos pocos.

Es comprensible que haya socios que discrepen de estas decisiones y es perfectamente legítimo que se manifiesten contra ellas. Lo que ya resulta más discutible es considerar esa postura como la única forma válida de entender el deportivismo.

Recuerdo otro ascenso, el de 1991. Al terminar el partido, en el que Stoja le había atizado dos goles al Murcia, un veterano vecino de asiento en Preferencia Superior me miró muy serio y me explicó que ya no volvería al estadio:

Agora, que veñan os listos.

Algo de eso se respira en esta polémica. En el lema «O Dépor somos nós» hay un aroma a «solo nosotros somos los auténticos deportivistas». Yo creo, en cambio, que el equipo no es de sus ultras. Ni siquiera de sus socios. El club es de su inmensa afición, que desborda el perímetro del estadio y hasta de la ciudad. El Dépor somos todos.

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