Atlantic CityLuís Pousa

La final de los gallegos

Toca un duelo España-Argentina y, al otro lado del mar, anda la Galicia emigrada a Buenos Aires con el corazón dividido entre sus dos amores trasatlánticos

Ya está. Empezaron el campeonato 48 plantillas y han sobrevivido los dos únicos equipos. Se acabaron los parloteos de los locutores deportivos y las mojigangas de los streamers —¿a qué demonios se dedica un streamer?—. Solo quedamos en pie los que sabemos jugar al fútbol. Han ido cayendo, uno a uno, los egos cebados con pienso de petrodólares. Creían que podían ganar el Mundial sin bajarse de Instagram y, de pronto, han llegado unos tipos hablando español a desbaratar su sesión de posados de un manotazo.

Ahora a ver cómo le explican a Trump que le han traído a casa un deporte en el que —¡anatema!— no siempre ganan los ricos. Esperemos que este domingo no se lleve el maletín nuclear al palco. Como le toque entregar el trofeo, igual llama a los del ICE para que deporten hasta a los utilleros y luego aprieta el botón rojo contra todo lo que le suene a hispano.

Tenemos la final de finales: España-Argentina. Como diría George Clooney aferrado a su Nespresso: «What else?». Será en Nueva Jersey, que no es exactamente Nueva York (ni siquiera el Nuevayol de Bad Bunny y el Loisaida). Lo explicaba el gran Philip Roth, que vino al mundo en 1933 en Newark: «Cuando yo era niño, más allá de Newark estaba el río Hudson [el límite entre Nueva York y Nueva Jersey], que en aquellos tiempos no era tan fácil de cruzar. Para nosotros, Nueva York estaba tan lejos de Newark como Europa de Nueva York. Por eso, cuando alguien me dice: «Usted es de Nueva York», yo replico: «No, de Newark», y siempre me contestan: «Bueno, es lo mismo». Y yo apostillo: «No, entonces no era lo mismo»».

El Newark de Philip Roth es también el Newark de los emigrantes de Sada que, allá por los años sesenta, levantaron a ese lado del Hudson una de las mayores colonias de la Galicia exterior. Es imposible subir a un avión a Nueva York y no coincidir con algún paisano que regresa a Nueva Jersey cargado de memorias y viandas (siempre la pitanza como ontología). Recuerdo todo esto y pienso que, al otro lado del mar, andarán los gallegos de Buenos Aires con el corazón dividido entre sus dos amores trasatlánticos. ¿Bancarán por Argentina o se partirán el pecho por España?

Imagen de archivo del partido Francia-España de semifinales

Imagen del partido Francia-España de semifinalesEFE

Al pensar en este desgarro identitario del emigrante —¿quieres más a papá o a mamá?—, recuerdo lo que contaba la escritora argentina de origen gallego Claudia Piñeiro. A su padre se lo llevaron a los cuatro años desde Portosín, a ras de mar, a un cuarto piso en Avellaneda. Nunca regresó a España. Toda su vida transcurrió ya en el conurbano de Buenos Aires. Pero jamás quiso la nacionalidad argentina y siempre se declaró gallego y español (algo que allí se toma como una hermosa redundancia). Lo suyo era la fidelidad absoluta, y sin duda es digna de toda admiración, pero hay tantas formas de pertenecer a un lugar que escoger solo una resulta casi imposible. En medio de esa contienda íntima, intuyo que los emigrantes gallegos en Argentina se sienten como si la FIFA les empujase al ring a pelear contra sí mismos.

Será una colisión de galaxias. No se ha visto nada igual desde que los Monty Python organizaron aquel Alemania-Grecia de filósofos. Un choque de civilizaciones. España, vestida de frac, en plan Filarmónica de Berlín. Y, enfrente, los doce del patíbulo, con Messi y Scaloni al mando. ¿Ganarán los elegantes maestros de orquesta o los aguerridos pandilleros? Ojo, porque la selección argentina tiene mucho de Queen: son una banda, pero los lidera el mejor solista de todos los tiempos y, de vez en cuando, su rock muta en ópera.

Quién sabe lo que nos deparará este encuentro. Anda la calva de Infantino por medio, y no olvidemos que esa orilla del Hudson es también el territorio de Tony Soprano. Lo único que está claro es que, suceda lo que suceda, van a ganar los gallegos de Buenos Aires.

comentarios

Más de Luís Pousa

  • El pavés

  • Los helechos arborescentes

  • De la gloria a la glorieta

  • Diversión con banderas

  • La verdadera vocación de Rajoy

  • tracking

    Compartir

    Herramientas