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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Gran oferta: muerte, corrupción y propaganda

Resulta deprimente, incluso hablando de Sánchez, que lo único que tenga que ofrecer tras un Consejo de Ministros sea más aborto

Act. 08 abr. 2026 - 09:28

España vive una situación a medio camino entre el agobiante absurdo de Kafka y el sainete Sopa de Ganso de los hermanos Marx. Aunque nuestro bromazo político es más trágico que cómico. Consiste en que hay un Gobierno que finge que gobierna y unos medios de comunicación que informan muy serios sobre sus actividades como si no pasase nada raro, cuando en realidad la actividad del Ejecutivo consiste en una gran nada, envuelta con un lacito de propaganda.

Un martes en Sanchistán. En el Supremo se sienta el hombre fuerte de Sánchez, la persona que le ayudó a tomar el poder en 2018 con solo 84 escaños e invocando la regeneración de la vida pública. ¿De qué lo acusan? De algo ciertamente aborrecible e inaudito: forrarse desde un ministerio con mordidas del material sanitario en un momento en que miles de españoles morían víctimas de una espantosa pandemia. En la primera sesión del juicio surge ya la primera bomba: el trasiego de dinero negro por la sede principal del PSOE. El hermano de Koldo, imputado, confiesa en el Supremo que «al menos dos veces» acudió a Ferraz para recoger sobre de dinero en metálico. La billetada iba destinada su hermano y su mujer.

Corrupción a caño abierto en el Gobierno de Sánchez y en el PSOE. Pero en el Pravda sanchista nada de esto merece ni un sumario y un audaz cronista, de esa generación de columnistas jóvenes-cincuentones muy pagados de sí mismos, lo da todo hablando de Jésica para escaquearse de lo mollar: el ministro más importante de la carrera de Sánchez ha resultado un mangui que distraía dinero desde el Ministerio con más capacidad de gasto.

¿Cuál va a ser la reacción política del presidente ante los escándalos que ya han empezado a aflorar en el juicio de su amigo Ábalos y de Koldo, al que elogiaba como un «militante ejemplar»? Ninguna. Cero. La estrategia del sanchismo consiste en no dar jamás acuse de recibo. Pase lo que pase aquí nunca pasa nada. Tenemos un presidente que si mañana atracase el Banco de España y lo pillase la policía, con una pistola humeante en una mano y una saca de billetes en la otra, se limitaría a decir que «esto no es mío, me lo han puesto aquí la derecha y la ultraderecha». Y pelillos a la mar, que para eso están sus televisiones (no se a qué esperan para nombrar al esforzado Javier Ruiz como presidente de la Fundación Pablo Iglesias).

Cuando gastas una moral tipo Rinconete y Cortadillo y posees una efigie de granito todo te resbala. Además, un 27% va a seguir votándole aunque condenen a su fiscal, su Ábalos, su Cerdán, su Begoña y su Azagra, porque lo único que importa es que no gobierne jamás la derecha.

La ministra portavoz fue preguntada tres veces en la rueda de prensa del consejo sobre el juicio de Ábalos y las responsabilidades que va a asumir el Gobierno. Las tres veces hizo el avión y se puso a hablar de la Kitchen.

Al tiempo que en el Supremo se aireaban las miserias corruptas del sanchismo, en la Moncloa se celebraba el Consejo de Ministros. Supone un auténtico reto semanal, toda vez que el Gobierno no gobierna. ¿Cómo rellenarlo cuando no hacemos nada? ¿Qué podemos salir a contar? Esta semana se ha salvado la cita ofreciendo a los españoles más muerte: otra taza de aborto. Han vuelto con lo de introducirlo como un «derecho» en la Constitución, cuando saben que no les salen las cuentas parlamentarias, ni siquiera haciendo trampas para retocar la Carta Magna por una vía que no es la recta. PP y Vox lo rechazarán y necesitan una mayoría de tres quintos.

Resulta desolador, incluso hablando de un mandatario de conocida la categoría de Sánchez, que todo lo que se nos ofrece desde el poder sea muerte, propaganda y corrupción. A José Luis Ábalos le piden 24 años de cárcel, y el dirigente que se sirvió de él y le otorgó toda su confianza no arquea ni una ceja. Está muy entretenido encendiendo varitas de incienso zen en su despacho para los vídeos tardoadolescentes en TikTok.

Duele pensar lo bien que podría ir España con un Gobierno que simplemente respetase la seguridad jurídica y las instituciones, bajase los impuestos y pusiese a raya a los separatistas.

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