El líder del partido opositor Tisza, Péter Magyar, y ganador de las elecciones de Hungría
El conservador Magyar logra la «super mayoría» y destrona a Orbán tras 16 años en el poder en Hungría
El partido opositor Tisza, de Péter Magyar, ha ganado las elecciones de este domingo con el 53,74 % de los votos
Hungría ha elegido el cambio y con más del 90 % escrutado, el partido opositor Tisza, de Péter Magyar, ha ganado las elecciones de este domingo con el 53,74 % de los votos, frente al 37,65 % de Fidesz-KDNP, de Viktor Orbán lo que implica una ventaja cercana a los 16 puntos porcentuales. En términos parlamentarios, esa diferencia se traduce en una mayoría que ronda los 138 escaños en un Parlamento de 199, superando con holgura el umbral de dos tercios necesario para reformas estructurales.
Todo indica que Tisza no solo ha dominado en voto total, sino que ha logrado imponerse en numerosos distritos competitivos, incluidos algunos bastiones tradicionales del oficialismo, lo que explica la magnitud de la mayoría.
La jornada ha estado marcada por una movilización sin precedentes. La participación ha superado el 77 % antes del cierre de los colegios y se sitúa en torno al 80 % final, el nivel más alto desde la caída del comunismo. Este dato refuerza la interpretación de que el resultado responde a un voto de castigo amplio y transversal.
El desgaste del Gobierno de Orbán, tras 16 años en el poder,–con críticas por corrupción, deterioro económico y tensiones con la Unión Europea– ha erosionado apoyos incluso en sectores conservadores, facilitando el trasvase hacia Magyar, exintegrante del propio sistema político de Orbán.
El hasta ahora primer ministro húngaro ha admitido la derrota cuando el resultado ya era claro, subrayando que la tendencia era «comprensible» pese a no estar completado el recuento. Su salida marca el final de uno de los liderazgos más duraderos y controvertidos de la Unión Europea.
Magyar, por su parte, ha construido su victoria sobre un mensaje de regeneración institucional y reorientación europea. Durante la campaña, planteó los comicios como una elección entre alinearse con Occidente o mantener los lazos con Rusia.
En Bruselas, la victoria de Magyar se interpreta como una oportunidad para normalizar relaciones y desbloquear fondos europeos congelados por preocupaciones sobre el Estado de derecho.
Pese a la contundencia del resultado, el escenario que se abre no está exento de incógnitas. Magyar contará previsiblemente con margen parlamentario suficiente, de hecho ha logrado lo que se denomina como «super mayoría» al superar los 133 escaños, para impulsar reformas profundas, pero deberá gestionar un aparato institucional moldeado durante más de una década por Fidesz.
Hungría entra así en una nueva fase política. El escrutinio aún no está cerrado, pero el veredicto de las urnas ya ha dibujado un cambio de ciclo de gran alcance, tanto en el país como en el conjunto de la Unión Europea.