Desde la retaguardiaMiquel Segura

Otra flotilla, y esta vez va una especie de guerrero del antifaz que dice ser de Inca

A mí me recordó a un jefe de negociado de un ministerio franquista de esos que eran colocados en cargos preeminentes por sus «sufrimientos por la patria»

Tendremos nueva flotilla solidaria y esta vez a lo grande. Con presencia mallorquina y todo, que no nos falte de ná, como dice mi amigo Diego. No, las flotilleras locas de la otra vez ahora no van: todavía les dura el canguelo de cuando fueron detenidas y sometidas a interrogatorio. Aquella señora, Reyes Rigo, creo que se llamaba, se ha pasado desde entonces al tranquimazin, que va muy bien para los sustos. No habrá mujeres de la isla en la nueva flotilla que zarpará de Barcelona hasta Gaza en una verdadera apoteosis de solidaridad. En cambio, esta vez «enviaremos» a un personaje singular: se llama Ángel Benítez García y dice ser de Inca.

Las informaciones de prensa no detallan el malnom (apodo) y por ello me resulta difícil averiguar su auténtico origen. El susodicho asegura que, ya de pequeñito, su padre le enseñó a ser un solidario emponderado, vamos, que eso de la marcha antisemita le tira mucho. Su aspecto tampoco desmerece en absoluto: puño en alto, barba poblada, con un bigote de los de reglamento, mirada desafiante. A mí me recordó a un jefe de negociado de un ministerio franquista de esos que eran colocados en cargos preeminentes por sus «sufrimientos por la patria».

Señor Benítez: ponga en práctica la solidaridad cercana, despolitizada y para nada agitadora

Ese señor Benítez, me parece, es un agitador profesional -de izquierda de toda la vida, claro- que asegura muy serio que «en Gaza siguen matando gente». Dice que es «paramédico», que para mí son esos señores —y señoras, claro— que corren raudos en sofisticadas ambulancias para estabilizar a pacientes críticos. Lástima —se me ocurre ahora— que el 7 de octubre de 2023 no tuviera el vehículo a punto para plantarse en Israel y tratar de auxiliar a las más de mil víctimas —entre ellos muchos jóvenes e incluso bebés— que fueron violados, masacrados y asesinados por miembros de Hamás armados y financiados por Irán, ese país amiguísimo de España que tan merecedor ha venido siendo del afecto y la atención del presidente Sánchez. ¿Dónde debía andar entonces el de Inca? A lo mejor entonces no era paramédico ni para nada, quizá estuviese haciendo un máster de apoyo internacional selectivo.

O quizá ni si enteró de lo que pasó aquella noche, aquel shabat trágico en el que unos pocos comprendimos que las inocentes personas masacradas, el pueblo de Israel, pasarían en un plis plas de la categoría de víctimas a la de culpables.

Según las palabras del señor Benítez: -«¿Seguro que es de Inca?» A mí no me suena- la nueva flotilla será «la operación solidaria más grande que ha conocido el mundo». Le sugiero –más que nada por entrenarse, no me vaya a ser mal pensado– que antes de poner rumbo a Gaza monte una operación menor para auxiliar, un ejemplo, a los okupas desalojados de las garitas de un cuartel de Palma, que esos sí que deben necesitar ayuda. O vaya usted a los suburbios de nuestra opulenta capital insular en auxilio de personas mayores en estado de extrema pobreza. Ponga en práctica la solidaridad cercana, despolitizada y para nada agitadora. Pero claro, señor paramédico, quizá a usted lo que le interesa es la propaganda antiisraelí, salir en los periódicos con esos ojos inyectados en odio, vender su imagen como la de un «guerrero del antifaz» en auxilio de los pobrecitos palestinos. Será eso.

Lo que no me cabe en la cabeza es que sea de Inca, fíjese usted. Pero nada, que tenga buena travesía. Y no se apure, que los judíos no le harán nada. Puede que le devuelvan a Mallorca, lo cual, bien mirado, tampoco lo veo como una buena idea.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas