La Princesa Irene de Grecia en una imagen tomada en 1985
Casa Real Cuando la Princesa Irene se llevó a la India en avión cien vacas que iban a sacrificar en Alemania
La hermana de Doña Sofía no comprendía que en Europa se eliminaran los excedentes y en Asia los niños se murieran de hambre o estuvieran malnutridos
«De repente, leí en el periódico que en Alemania estaban matando vacas porque había excedente de leche. Viviendo en la India, era muy sensible a las vacas, porque allí las cuidan y las quieren mucho, y la noticia me impresionó». Así relató la Princesa Irene de Grecia, hermana de Doña Sofía, su proyecto de llevarse las vacas a la India a la escritora Eva Celada, autora de la biografía «Irene de Grecia, la Princesa rebelde» (Plaza Janés). El objetivo de la Princesa, que acaba de fallecer, era que la leche de esas vacas aliviara el hambre de cientos de miles de niños indios.
Doña Irene pidió ayuda a Don Juan Carlos, quien a su vez habló con el canciller alemán, Helmut Kohl, y este se comprometió a enviar mil vacas alemanas a la India. Pero Kohl se encontró con la advertencia de los expertos, según los cuales, el envío masivo de vacas podría suponer la muerte de todas ellas y de algunas indias por el choque bacteriológico. Sólo le dejaban enviar 50 y así se lo dijo a Don Juan Carlos, según relata Eva Celada.
La Princesa Irene con Don Juan Carlos y Doña Sofía en 1963
Así que el Rey Juan Carlos puso a la Princesa en contacto con los mejores expertos en proyectos de desarrollo, probablemente para que la disuadieran. Sin embargo, fue Irene la que les convenció de que había que intentarlo. Los expertos se desplazaron a la India y concluyeron que el proyecto de Doña Irene era viable si las vacas se trasladaban en avión -no en barco-, para que no diera tiempo a que incubaran enfermedades, y si al llegar se ponían en cuarentena.
Doña Sofía con su hermana, la Princesa Irene, en Mazarambroz, provincia de Toledo, durante una suelta de linces
La Princesa se puso manos a la obra para enviar las primeras cien vacas a Bangalore, al sur de la India. También hubo que hacer un montón de trámites burocráticos: «Cada vaca tenía su pasaporte con su dibujo, sus manchas características en blanco, su pedigrí... Todas eran frisonas. ¡Tenían más pedigrí que yo!», comentó la Princesa a su biógrafa.
El avión olía a vaca
«Las vacas y yo volamos juntas en el avión» durante 14 horas, añadió la Princesa. Hubo que hacer una escala técnica y el pilotó aterrizó muy suavemente para evitar que las vacas se cayeran. Cuando llegaron a la India, el avión apestaba a vaca, pero la Princesa estaba feliz.
«Cuando comprobaron que todo estaba correcto, las vacas desembarcaron como reinas», añadió la Princesa. «Les pusieron inmediatamente una pintura roja entre los ojos y unos collares de flores». Una vez pasada la cuarentena, los animales fueron vendidos por una cantidad testimonial -la suficiente para que las valoraran y las cuidaran más- a las cooperativas de cada zona.
Ese fue el primer envío de vacas de los muchos que hubo después, tanto a la India como a Bangladesh. Entre otros ejemplares, la Princesa Irene llevó vacas cántabras y asturianas para mejorar la raza de las que había en el país asiático y conseguir que dieran más leche para los niños indios.