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Don Juan de Borbón, durante el entierro de Alfonso XIII en el Monasterio de El Escorial, en 1980

Don Juan de Borbón, durante el entierro de Alfonso XIII en el Monasterio de El Escorial, en 1980GTRES

Casa Real  El regreso a España del último miembro de la Familia Real que murió en el exilio

Durante el reinado de Don Juan Carlos se realizaron decenas de repatriaciones de españoles, monárquicos y republicanos, que habían muerto en el exilio

Durante el reinado de Don Juan Carlos se realizaron decenas de repatriaciones de españoles que habían muerto en el exilio, entre ellos los miembros de la Familia Real. Pero también se trajeron los restos mortales de Francisco Largo Caballero, Niceto Alcalá-Zamora, Diego Martínez Barrio o Francesc Cambó, entre muchos otros. Y el propio Don Juan Carlos ofreció a la viuda de Manuel Azaña, Dolores Rivas Cherif, durante una visita a México, repatriar los restos de su marido, pero ella prefirió que se quedaran en Francia, donde siguen.

Don Juan Carlos sabía desde muy joven lo doloroso que era morir en el exilio, como le ocurrió a su abuelo, el Rey Alfonso XIII, que falleció en una habitación del Gran Hotel de Roma en 1941. Poco antes de expirar, su hijo, Don Juan de Borbón, en quien había abdicado el 15 de enero de 1941, le había jurado en el lecho de muerte que no descansaría hasta que sus restos reposaran para siempre en su patria, en el Monasterio de El Escorial, junto a sus antecesores en el trono.

Entierro de la Infanta Isabel en La Granja en 1991

Entierro de la Infanta Isabel en La Granja en 1991Europa Press

Y, al poco tiempo de restaurarse la Monarquía en España, en enero de 1980, Don Juan fue a buscar a Roma el féretro de su padre y lo trajo a España, al Monasterio de El Escorial, haciendo el mismo camino, pero al revés, que Alfonso XIII había emprendido cuando partió al exilio en 1931. Tras pedir la venia a su hijo, el Rey, Don Juan entregó el féretro al prior del monasterio y le dijo: «Majestad, misión cumplida».

Pero aún quedaban otros miembros de la Familia Real enterrados en el extranjero. En 1985, llegaron los restos mortales de la Reina Victoria Eugenia, que había muerto en Lausana en 1969. En 1991 también se trajeron los de la Infanta Isabel, hermana de Alfonso XII, que había muerto en 1931 en Auteuil, muy cerca de París, pero su féretro no se depositó en el Monasterio de El Escorial, sino que se llevó al Palacio Real de La Granja, al que había estado muy unida durante su vida.

Don Juan también se ocupó de que fueran repatriados los restos de sus hermanos, Don Alfonso, Don Jaime y Don Gonzalo, y en uno de sus ingresos en la Clínica Universitaria de Navarra, donde le trataban el cáncer que acabó con su vida, pidió a Don Juan Carlos que trajera a Don Alfonsito, el hermano menor de Don Juan Carlos, el único que faltaba, para que pudiera morir en paz.

Don Juan Carlos con su hermano, el Infante Alfonso, en 1951

Don Juan Carlos con su hermano, el Infante Alfonso, en 1951Europa Press

El Infante había muerto el Jueves Santo de 1956 con 14 años en Estoril, donde la Familia Real vivía en el exilio, durante un trágico accidente, al escaparse una bala alojada en la recámara mientras los dos hermanos jugaban con una pistola a la que habían retirado el cargador.

Don Alfonsito fue enterrado en el cementerio de Guía en Cascaes entre puñados de tierra española que le llevaron los amigos, y allí siguió durante 36 años hasta el 15 de octubre de 1992, cuando se abrió el nicho para traer al Infante de vuelta a España.

«No lleva más equipaje que la autorización de traslado de la Dirección General de Sanidad portuguesa, número 332/92», relataba Clara Isabel de Bustos, corresponsal de ABC en la Casa Real, que viajó hasta el camposanto portugués para acompañar a Don Alfonsito en su último viaje hasta el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial: «Once horas de viaje por tierras de Extremadura, Toledo y Madrid», decía.

Al cementerio de Cascaes acudieron el embajador de España, José Joaquín Puig de la Bellacasa; el cónsul general, Víctor Ibáñez Martín; el agregado cultural, Juan María Alcina, y el capellán de la comunidad española, monseñor Jesús Rodríguez Otero, que rezó el responso, según relata la periodista.

El embajador hasta la frontera

También cita al duque de Alburquerque, jefe de la Casa del Conde de Barcelona; a Alberto Escudero, jefe de Protocolo de la Casa del Rey, y al teniente coronel Carlos Arteaga, ayudante de campo de Su Majestad, «que lleva bajo el brazo la bandera de España que pronto queda extendida sobre el féretro".

Cuatro hombres cargaron el ataúd en el furgón, que partió rumbo a España, seguido por dos coches en los que viajaba la comitiva y el embajador, que acompañó el féretro hasta la frontera, «algo más de dos horas de viaje hasta pisar tierra española, por la frontera de Elbas».

La Familia Real, en 1956: los Condes de Barcelona con las Infantas Doña Pilar, Doña Margarita, Don Juan Carlos y Don Alfonso

La Familia Real, en 1956: los Condes de Barcelona con las Infantas Doña Pilar, Doña Margarita, Don Juan Carlos y Don AlfonsoEuropa Press

El furgón llevó a Don Alfonso hasta el Palacio de El Pardo, donde pasó la última noche, velado por la Guardia Real, antes de su traslado a El Escorial. Esa misma mañana, contaba Clara Isabel de Bustos, Don Juan había viajado a Madrid en avión desde Pamplona, donde había abandonado su cama de hospital para entregar a los monjes agustinos los restos mortales de su hijo.

Los Reyes, los Condes de Barcelona, las Infantas Doña Elena, Doña Pilar, Doña Margarita y Doña Alicia, los Duques de Calabria, familiares y amigos asistieron a una ceremonia íntima y familiar, de una hora de duración, con la que Don Juan vio cumplido su deseo de ver reunidos en El Escorial a todos los miembros de la Familia Real que habían muerto en el exilio. Menos de seis meses después, la Familia Real regresó al monasterio para entregar al prior los restos de Don Juan de Borbón.

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