Jura de la Constitución por la Reina Regente María Cristina, pintada en 1897 por Francisco Jover Casanova y Joaquín Sorolla
Casa Real Los hechos insólitos que vivió España durante cinco meses hasta que la Reina viuda dio a luz un Rey
Cuando Alfonso XII murió, la Reina viuda anunció que estaba embarazada y el Gobierno decidió aplazar la sucesión hasta el parto porque si nacía un varón tendría prioridad sobre sus dos hermanas mayores
El 17 de mayo de 1886 España asistió al hecho insólito del nacimiento de un Rey. En cuanto se corrió el rumor de que la Reina había empezado con los dolores del parto, la plaza de Oriente se convirtió en un hervidero de gente y los salones del Palacio Real se llenaron de altos dignatarios y de diplomáticos. Pasadas las doce y media del mediodía los veintiún cañonazos anunciaron que había nacido un niño -si hubiera sido niña solo se habrían lanzado quince salvas-, y la alegría desbordó las calles, según las crónicas de la época.
Así terminaban cinco meses de incertidumbre en los que España había sido un Reino sin Rey y hubo que afrontar enormes retos jurídicos y legislativos. Tras la muerte de Alfonso XII a los 27 años, todo el mundo esperaba que su hija mayor, María de las Mercedes, de cinco años, hubiera sido proclamada Reina y que la Reina viuda, María Cristina, hubiera ejercido la regencia hasta su mayoría de edad, mientras que la hija menor, María Teresa, que tenía tres años, se habría convertido en Princesa de Asturias.
Sucesión aplazada hasta el parto
Sin embargo, la Reina viuda anunció que estaba embarazada, y el Gobierno de Cánovas del Castillo decidió aplazar la sucesión a la Corona hasta el momento del nacimiento, porque si venía al mundo un varón tendría prioridad sobre sus dos hermanas mayores, según las leyes de la Monarquía española.
Retrato de la Reina María Cristina de Habsburgo Lorena, madre de Alfonso XIII
Ante esa situación, se revisaron las normas de todos los tiempos, pero no había ninguna ley ni texto jurídico ni precedente que indicara lo que había que hacer porque en España no se había producido ninguna circunstancia similar. Y como las Partidas de Alfonso X el Sabio establecían que al concebido debía tenérsele por nacido en todo aquello que pudiera beneficiarle, se decidió esperar a que la Reina diera a luz por si era un varón.
Las Partidas de Alfonso X el Sabio establecían que al concebido debía tenérsele por nacido en todo aquello que pudiera beneficiarle
También se planteó la posibilidad de proclamar Reina a la niña María de las Mercedes y retirarle la Corona después si nacía un niño, pero los dos grandes partidos políticos, el conservador y el liberal, que se alternaban en el poder desde hacía diez años, acordaron dejar el trono vacante hasta que María Cristina diera a luz.
Una regencia sin Rey
Aquella decisión sin precedentes ocasionó un grave problema jurídico, ya que por primera vez en la historia dentro de la sucesión monárquica se producía una regencia sin Rey. El único precedente parecido fue la regencia que asumió el general Serrano entre 1869, tras la salida al exilio de Isabel II, y 1871, la llegada de Amadeo de Saboya, pero en ese caso se produjo una ruptura y un cambio de dinastía. El problema se debía a que toda regencia se ejerce por representación, y en este caso no se sabía a quién representaba la Reina María Cristina, si al hijo que estaba por nacer o a su hija María de las Mercedes.
El primer obstáculo se planteó en las Cortes cuando María Cristina prestó juramento como regente. La fórmula elegida tenía que ser válida tanto para su hija mayor como para el que diera a luz, en caso de que fuera varón: «Juro por Dios y por los Santos Evangelios ser fiel al Heredero de la Corona en la menor edad, y guardar la Constitución y las Leyes. Así Dios me ayude y sea en mi defensa, y si no, me lo demande».
Aunque se consideraba menor de edad al niño todavía no nacido, no hubo grandes polémicas. La imagen de la Reina viuda prestando juramento ante las Cortes con dos niñas enlutadas y tristes abrazadas a sus faldas desarmó a los sectores republicanos y a otros aspirantes a la Corona. De aquel momento histórico nos queda el cuadro que empezó Francisco Jover Casanova y tras su muerte concluyó Joaquín Sorolla.
Los tres hijos de la Reina María Cristina: María de las Mercedes, María Teresa y el pequeño Alfonso, en La Granja
Como todos los actos del Gobierno debían ser sancionados por la Reina regente en nombre del Rey, hubo que improvisar un decreto que permitiera hacerlo sin mencionar su nombre: «Todos los actos del Gobierno se publicarán en adelante en mi nombre, como regente del reino, durante la menor edad del Príncipe o Princesa que deba, legítimamente, suceder en el trono a mi difunto esposo…».
El nacimiento de un varón, Alfonso XIII, puso fin a cinco meses de incertidumbre y devolvió la esperanza a una España que aceptaba a una mujer como Reina Regente pero prefería a un varón como Rey titular por el mal recuerdo que había dejado Isabel II durante su reinado y por los horrores de las guerras carlistas.
La Reina María Cristina con su hijo, el Rey Alfonso, en brazos, retratados por Fernando Debás
Aún así, María de las Mercedes siguió siendo Princesa de Asturias, a la espera de que su hermano creciera, se casara y garantizara la continuidad de la Dinastía. Contrajo matrimonio con otro Príncipe, Carlos de Borbón-Dos Sicilias, siempre estuvo a disposición del Rey y de la Corona y se esforzó por estar a la altura de las circunstancias hasta que murió a los 24 años de edad tras haber dado a luz a la tercera de sus hijos, Isabel Alfonsa.