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Don Felipe, durante una visita a Doñana

Don Felipe, durante una visita a DoñanaGTRES

Casa Real  El Rey, gran aficionado a la astronomía desde niño, verá el eclipse desde Mallorca

Su abuela materna, la Reina Federica, le regaló su primer telescopio

El Rey verá el eclipse del próximo miércoles desde la isla de Mallorca, donde la ocultación del Sol por la Luna llegará a durar un minuto y medio. Don Felipe es un gran aficionado a la astronomía desde niño y ya se ha puesto en contacto con astrónomos como Javier Luque, premio Princesa de Gerona 2026, que curiosamente también lo verá desde la isla.

El Jefe del Estado regresó el sábado por la tarde de Colombia y asistió anoche al último acto oficial previsto en su agenda, la entrega de los trofeos de la Copa del Rey Mapfre, pero permanecerá en la isla, al menos, hasta el próximo jueves, para ver el eclipse, previsto para las 20:30 horas del miércoles en Mallorca.

A Don Felipe la afición por la astronomía le viene de su infancia, cuando su abuela materna, la Reina Federica, le regaló su primer telescopio. De niño y adolescente, se quedaba despierto hasta muy avanzada la madrugada contemplando el Universo.

Durante muchos años procuró estar al día de los principales descubrimientos, hasta que su exigente formación académica y militar, le impidió dedicar a esta ciencia todo el tiempo que necesitaba. Una renuncia más de las muchas que tuvo que hacer.

Primero como Príncipe de Asturias y después como Rey, Don Felipe ha estado impulsando la astronomía española y ha acudido a las inauguraciones de los principales telescopios. Siendo muy joven, el Instituto de Astrofísica de Canarias le nombró «astrofísico de honor», cuando se comprometió a ayudarles en todo lo que estuviera en su mano.

Noches en vela para ver el Universo

Treinta años después, en 2015, ya como Rey, acudió a Santa Cruz de Tenerife para inaugurar los dos radiotelescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias. Pero Don Felipe no se limitó a presidir el acto oficial, sino que quiso quedarse más tiempo y, una vez terminada la ceremonia, permaneció con los científicos disfrutando de la puesta del sol en la falda del Teide y esperando que la noche les cubriera con su manto para poder contemplar después el cielo e intentar ponerse al día de los descubrimientos más importantes.

También lo hizo en 2007, cuando acudió a la puesta en marcha del telescopio del Roque de los Muchachos que esa noche iba a recibir «su primera luz». Para el astrónomo, dijo entonces, la primera luz que recibe un telescopio «es un momento tan importante como para el marino la botadura de un buque». Una vez terminado el acto, cenó con los astrónomos y compartió con ellos una apasionante noche en vela.

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