Tablas de Daimiel

Tablas de DaimielGetty Images/iStockphoto

Así están hoy Las Tablas de Daimiel: 1.000 hectáreas inundadas y un regreso masivo de aves

El parque nacional encadena el invierno más esperanzador de la última década con el Gigüela, aportando agua y un censo de aves espectacular

Las lluvias encadenadas de este invierno han obrado el pequeño milagro que tantos esperaban en La Mancha. A las puertas de la primavera meteorológica, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel suma ya 1.000 hectáreas cubiertas de agua de las 1.500 potenciales. El paisaje, que durante años ha alternado sequías severas y episodios críticos, presenta ahora una estampa que remite a los ciclos húmedos más generosos.

Desde el pasado 11 de febrero, el río Gigüela vuelve a alimentar el humedal de forma natural. A sus aportes se han sumado arroyos como Casablanca o Cañada del Gato, que han contribuido a consolidar una lámina de agua continua tras el paso de las borrascas. El resultado es visible: tablas encharcadas, vegetación rebrotando y una actividad faunística que ha explotado en cuestión de semanas.

Un febrero con cifras históricas de aves

Las Tablas tienen una capacidad asombrosa para reaccionar cuando el agua regresa. Basta un incremento moderado en los niveles para que la vida se multiplique. El último censo de febrero —todavía previo al grueso de la nidificación— deja datos elocuentes: 900 patos cuchara, 1.750 ánades frisos, 1.600 azulones y 2.000 cercetas comunes.

Entre las especies más sensibles destacan 55 cercetas pardillas y 60 porrones pardos, ambas catalogadas en peligro. A ellas se suman casi 700 porrones europeos, 400 patos colorados y unas 3.500 fochas. Incluso las grullas, con alrededor de 2.200 ejemplares, han encontrado refugio temporal en el parque antes de emprender su viaje hacia el norte.

Patos en Las Tablas de Daimiel

Patos en Las Tablas de DaimielEduardo Estellez

No se registraba un escenario tan favorable en febrero desde 2017, casi diez años después de la última gran recuperación del humedal. Aquel ciclo húmedo, entre 2011 y 2014, quedó empañado por un episodio de contaminación procedente de la depuradora Manzanares-Membrilla, del que el ecosistema tardó años en reponerse.

Tres inviernos consecutivos con el Gigüela vivo

El invierno de 2026 marca el tercer año consecutivo en el que el Gigüela discurre por el interior del parque. La diferencia respecto a 2024 y 2025 es el calendario: entonces el agua llegó en primavera avanzada; ahora lo ha hecho en febrero, adelantando el pulso natural del humedal.

El pasado año el parque fue noticia por alcanzar un récord histórico de aves y por el nivel registrado en el tablazo central, donde la escala marcó 66. Este año, en febrero, ya se sitúa en 55, con la entrada de agua produciéndose semanas antes. La evolución invita al optimismo prudente.

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Tablas de DaimielGetty Images/iStockphoto

Además, este es el invierno con mayor volumen hídrico desde la restauración ambiental de la Isla del Pan, donde se retiraron carrizos y fangos acumulados. La masiega, replantada con ejemplares procedentes de las Lagunas de Ruidera y cultivada en vivero propio, vuelve a colonizar zonas que parecían perdidas.

Un imán para el turismo de naturaleza

El agua no solo transforma el paisaje; también reactiva la economía local. Los fines de semana de febrero han devuelto al parque una imagen casi festiva. Vecinos de Daimiel, visitantes de la comarca y turistas procedentes de otras comunidades —favorecidos por puentes y festivos escolares— han llenado las pasarelas.

Las empresas de rutas guiadas constatan un incremento notable de reservas. El humedal se consolida como uno de los enclaves más demandados de la provincia de Ciudad Real cuando el tiempo se estabiliza y el sol ilumina las láminas de agua recién recuperadas.

A ello contribuye también la ampliación del espacio protegido mediante la adquisición de antiguas fincas agrícolas en la zona prehumedal. Estas compras, impulsadas por el Ministerio para la Transición Ecológica, buscan recuperar derechos de agua, reforzar la conectividad ecológica y blindar el entorno frente a presiones externas.

El reto: mantener el agua más allá del verano

Si la tendencia continúa, el parque podría acercarse a las 1.400 hectáreas inundadas al inicio oficial de la primavera, una cifra contemplada como referencia en su planificación de gestión. El máximo nivel podría alcanzarse en las próximas semanas, incluso aunque no se registren nuevas lluvias, gracias a la inercia hídrica acumulada.

Uno de los hitos más celebrados llegó el 12 de febrero, cuando la entrada natural del Gigüela permitió detener el bombeo de agua subterránea utilizado para prevenir incendios de turberas y asegurar una lámina mínima en periodos secos. Es una señal de que, al menos por ahora, el sistema superficial sostiene al humedal.

Más compleja es la situación del acuífero. Las últimas estimaciones sitúan el nivel freático a unos treinta metros de profundidad, e incluso más abajo en los históricos Ojos del Guadiana. La recuperación subterránea avanza con mayor lentitud que la superficial.

Gansos en las Tablas de Daimiel

Gansos en las Tablas de DaimielGetty Images

También preocupa la calidad del agua entrante, que de momento se considera moderada y similar a la de años anteriores. De ella dependerá el desarrollo de praderas de plantas subacuáticas, esenciales para garantizar alimento y refugio en la próxima temporada de cría.

Un ecosistema único que resiste

Las Tablas de Daimiel representan el último gran ejemplo europeo de las llamadas tablas fluviales, ecosistemas originados por el desbordamiento de ríos en terrenos prácticamente llanos. La confluencia histórica del Guadiana y el Gigüela, junto con las descargas del antiguo acuífero 23 —hoy dividido en Mancha Occidental I, II y Rus-Valdelobos—, dio forma a un paisaje irrepetible en la llanura central.

Declarado parque nacional en 1973, el espacio ha sobrevivido a intentos de desecación en los años sesenta y a crisis hídricas severas en las últimas décadas. Infraestructuras como la presa de Puente Navarro, diseñada para canalizar el Gigüela, siguen formando parte de un sistema que este invierno ha alcanzado 2,68 hm³ de los 4 hm³ de capacidad máxima.

Hoy, con mil hectáreas anegadas y miles de aves sobrevolando el cielo manchego, el humedal ofrece una imagen que muchos no recordaban desde hace años. La incógnita es cuánto durará este equilibrio. Si las lluvias de marzo acompañan y el verano no resulta extremo, 2026 podría consolidarse como una de las primaveras más prometedoras de la última década en Las Tablas.

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