La Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla, encuentro celebrado en Ávila estos días con cerca de 300 delegados procedentes de las diócesis castellanas
La Iglesia en Castilla cierra su primera asamblea apostando por el «empuje hacia los laicos»
En el encuentro celebrado en Ávila participaron cerca de 300 delegados procedentes de las diócesis castellanas
La Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla, encuentro celebrado en Ávila estos días con cerca de 300 delegados procedentes de las diócesis castellanas, llegó a sus conclusiones que marcarán el futuro del trabajo en esta tierra. Entre ellas se encuentra fomentar las sinergias entre parroquias y el trabajo interparroquial y tener un «empuje hacia los laicos».
Tras días de debate en Ávila sobre conversión pastoral, renovación del estilo pastoral y renovación de las estructuras, la hermana Marimar Gómez y el sacerdote Luis Miguel González fueron los encargados de dar a conocer las conclusiones del encuentro bajo la idea de ser miembros de la Iglesia, pero con una visión del trabajo por hacer tras la reflexión.
Con un trabajo dividido en bloques, se vieron qué propuestas son las prioritarias que pasan, según explicaron, por «tomar conciencia de que tenemos que volver otra vez a ese primer anuncio de evangelización» y esto se tiene que hacer «a través de pequeñas comunidades. Lo tenemos que hacer a través de crear encuentros, de crear sinergias entre las diferentes parroquias».
En el análisis de las unidades pastorales y el trabajo entre las diferentes parroquias de una misma zona, la apuesta es «fortalecer este trabajo interparroquial, que haya equipos misioneros», como forma de hacer hincapié en la misión como punto «que ha estado muy presente en todo el trabajo y en todas las decisiones que hemos ido tomando, ese impulso a la nueva evangelización».
Como tercer punto también destaca el «empuje hacia los laicos» para que se sientan corresponsables de la misión de la Iglesia, porque «al final el trabajo que tenemos que hacer en las diócesis no es solamente la decisión que tienen que tomar los sacerdotes o los consagrados, sino que es un trabajo y una decisión que nos corresponde a todos».
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Esta es una forma de fomentar que «el mensaje del Evangelio llegue a todos los rincones de nuestras diócesis», en especial a las pequeñas zonas rurales donde la gente «se siente más apartada o más sola» y se puede «llevar este impulso del Evangelio y que se sientan también acompañados». Esto significa que ahora es el momento de «reflexionar» sobre todo lo hablado en los lugares de origen, pero teniendo en cuenta que son iglesias hermanas, con una misma misión.
Y en todo esto, según se pudo ver en las fichas presentadas en la ponencia final, se encuentra la intención de impulsar la creación de pequeños grupos de vida, a través de una propuesta diocesana y de la preparación de personas que puedan ser acompañantes en sus inicios. Esto supone formar a los agentes pastorales en dinámicas para trabajar y pensar en equipo (en las unidades pastorales, sacerdotes, seminaristas, consagrados…) para que planifiquen y desarrollen conjuntamente la acción pastoral superando el clericalismo.
Además, se quiere reforzar la dimensión social de la evangelización a través de iniciativas de caridad, justicia y compromiso social que hagan visible el Evangelio en la vida cotidiana y apostar decididamente por la catequesis familiar y de adultos en la diócesis.
Esto supone replantear las unidades pastorales, formando las que pueden serlo realmente y aplicando criterios geográficos, históricos y religiosos propuestos desde el arciprestazgo, dotándolas de medios materiales y humanos.
Se habló de formar equipos misioneros interparroquiales en los arciprestazgos, con una formación continuada, creando además un fondo común de recursos y buenas prácticas al servicio de todas las comunidades. En encuentro de la Iglesia en Castilla terminó con una eucaristía con el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello.